La economía de Venezuela parecía renacer. Entonces golpearon los terremotos

Reportajes Especiales - Business

Guardar
Google icon
Imagen CVEHJH3BFBHU3GLKRSPQLFACHU

El gobierno venezolano, falto de liquidez y que ya luchaba por controlar la tasa de inflación más alta del mundo, ahora debe encontrar la manera de organizar una enorme respuesta ante el desastre.

Los golpes no dejan de llegar.

La economía de Venezuela empezó a desmoronarse hace más de una década, hasta tal punto que los hospitales quedaron sin casi nada, los apagones se hicieron constantes e incluso los productos más básicos desaparecieron de las estanterías de las tiendas.

PUBLICIDAD

Pronto, millones de venezolanos huyeron del país, a menudo a pie, y se dispersaron por todo el hemisferio y más allá. Ante el vertiginoso declive de la nación, el ya de por sí represivo gobierno de Venezuela endureció aún más su mano, y robó unas elecciones y las esperanzas de cambio de la gente.

Luego vinieron los ataques militares estadounidenses contra embarcaciones frente a las costas del país, un bloqueo parcial de su petróleo y una intervención inaudita: el gobierno de Donald Trump irrumpió en la capital, detuvo al líder autoritario de Venezuela y declaró que Estados Unidos gobernaría el país, convirtiéndolo de hecho en un Estado vasallo.

PUBLICIDAD

Luego de todas esas crisis vertiginosas, Venezuela parecía por fin estar al borde de un renacimiento económico este año. El petróleo volvía a fluir, sus dirigentes estaban restableciendo los lazos con los prestamistas internacionales y los ejecutivos del sector energético acudían en masa a Caracas, la capital, para explorar posibles acuerdos.

Pero entonces, los dos terremotos de esta semana lo han trastocado todo.

El gobierno venezolano, falto de liquidez y que ya luchaba por controlar la tasa de inflación más alta del mundo, ahora debe encontrar la manera de organizar una enorme respuesta ante el desastre: retirar grandes cantidades de escombros, localizar y atender a innumerables supervivientes que se han quedado sin hogar y restablecer los servicios básicos en un país en crisis.

"Este es un país que ya tenía enormes necesidades de reconstrucción", dijo Francisco Rodríguez, un destacado economista venezolano. "Ahora, además de eso, tienen que reconstruir sin disponer de acceso inmediato a los recursos".

Es probable que la tragedia aumente las expectativas puestas en Estados Unidos, sobre todo porque el gobierno de Trump tomó el control de la industria petrolera venezolana tras destituir en enero al líder de Venezuela, Nicolás Maduro.

El presidente Trump ha presentado la transformación de Venezuela en un Estado cliente rico en recursos, liderado por Delcy Rodríguez --la sucesora de Maduro elegida por Washington--, como un éxito tremendo. Pero incluso antes de que se produjeran los terremotos, la frustración iba en aumento en el país por la falta de mejoras en las condiciones de vida bajo el nuevo régimen estadounidense.

Trump dice que Estados Unidos está "listo, dispuesto y capacitado para ayudar" al país tras los terremotos. Pero los venezolanos ya están criticando la respuesta de su gobierno ante la catástrofe, y han señalado que han sido los civiles quienes han liderado muchas de las labores de rescate en las zonas más afectadas.

"Esto incrementa la presión sobre el gobierno de Delcy Rodríguez y sobre su tutor, el gobierno de los Estados Unidos, para que esto empiece a dar más resultados", dijo Omar Zambrano, economista de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.

Mientras los venezolanos rebuscan entre los escombros, la conmoción causada por los terremotos es abrumadora. La cifra oficial de muertos ya ronda los mil y seguro que seguirá subiendo. Según el gobierno venezolano, unos 1400 edificios han sufrido daños, incluidos 13 hospitales, y como cientos de réplicas han sacudido lo que queda de los apartamentos, tiendas y oficinas, mucha gente está durmiendo a la intemperie. Las pérdidas económicas podrían oscilar entre menos de 10 millardos de dólares y hasta 100 millardos, según las estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos.

Para poner estas estimaciones en contexto, si las pérdidas finales se sitúan en torno a los 10 millardos de dólares, podrían suponer el 10 por ciento de la producción económica anual total de Venezuela.

Si las pérdidas llegaran de alguna manera a los 100 millardos de dólares, eso es lo que Trump dijo que las petroleras internacionales tendrían que invertir para reactivar la industria petrolera venezolana a lo largo de varios años, lo que podría poner en conflicto los esfuerzos de recuperación con los objetivos de Trump para el sector petrolero del país.

Sobre el terreno, las carreteras se han quedado destrozadas después de los terremotos, lo que complica aún más todo. Incluso el aeropuerto internacional cerca de Caracas está cerrado tras sufrir daños, lo que ha paralizado los viajes, el comercio y otros aspectos logísticos.

Mucha gente en las zonas afectadas por los terremotos ha dejado de trabajar y se dedica simplemente a recoger los escombros o a participar en las búsquedas de supervivientes organizadas por la población.

Antonieta Martínez, la dueña de una pequeña tienda de comestibles en la localidad costera de Morón, dijo que no le había quedado más remedio que cerrar temporalmente.

"Lo que no hemos tenido es luz ni agua", dijo Martínez, de 48 años, "aparte dos de mis empleados sufrieron en sus hogares porque las paredes se agrietaron y los pisos también". Y añadió: "Se hace difícil trabajar así".

Los pequeños comercios de barrio, como el de Martínez, representan alrededor del 70 por ciento de la cadena de suministro en las zonas afectadas por los terremotos, lo que los convierte en una parte vital de cualquier recuperación económica, según José Gregorio Rodríguez, presidente de Consecomercio, una de las principales organizaciones empresariales de Venezuela.

"Esta tragedia va a generar enormes enormes necesidades de gasto público para la reconstrucción que el Estado venezolano no está en capacidad de acometer, de hacer", dijo Zambrano, el economista.

Hasta ahora, el gobierno de Trump le ha ofrecido a Venezuela solo una pequeña parte de la ayuda que el país necesita tras los terremotos: 150 millones de dólares en ayuda combinada canalizada a través de organizaciones humanitarias y de las Naciones Unidas.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos también ha concedido temporalmente una exención a las sanciones contra Venezuela para que su gobierno pueda realizar transacciones financieras relacionadas con la ayuda tras el terremoto, que de otro modo serían bloqueadas por Estados Unidos.

Esta exención está vigente hasta el 23 de octubre y llega después de que el gobierno de Trump suavizara las sanciones contra la industria petrolera venezolana, que está intentando reactivar. El resto de sanciones estadounidenses contra Venezuela siguen vigentes.

Un funcionario de alto rango del gobierno estadounidense, que no estaba autorizado a hablar públicamente, dijo que, dado que el terremoto aún es muy reciente y los equipos de rescate siguen trabajando, es demasiado pronto para especular sobre el alcance total de los daños y los recursos que se necesitarían para la recuperación del país.

Los enfrentamientos que Venezuela ha tenido en el pasado con organizaciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional también están limitando las respuestas rápidas que los prestamistas internacionales pueden ofrecer justo después de una catástrofe, como hicieron con Ecuador tras el terremoto de 2016 que dejó cientos de muertos allí.

El desastre, y sus secuelas, ponen de manifiesto un declive épico que lleva décadas gestándose.

Molesto por la influencia de Estados Unidos, Hugo Chávez, el exdirigente de izquierda del país, forjó lazos con Irán, Rusia y Cuba tras llegar al poder en 1998. El momento le fue favorable: su país, rico en petróleo, obtuvo ganancias gracias al auge de los precios de las materias primas, lo que le permitió a Chávez destinar los ingresos a proyectos contra la pobreza y a alianzas internacionales destinadas a contrarrestar la influencia de Estados Unidos en Latinoamérica.

Pero Chávez también destrozó los controles y equilibrios del sistema político venezolano, que antes era democrático, y consolidó su control del poder. Expulsó a sus oponentes de la función pública y acabó con la independencia judicial. Cuando murió en 2013, Venezuela estaba tremendamente polarizada.

Maduro, el sucesor que él mismo eligió, no tuvo la misma suerte que Chávez en cuanto a la sincronía de sucesos.

Poco después de que Maduro asumiera el cargo, una fuerte caída de los precios del petróleo devastó la economía. Pero en lugar de adoptar reformas para aliviar la crisis, Maduro redobló su empeño, y se lanzó a nuevas expropiaciones de empresas privadas. Se volvió incluso más autoritario que Chávez, encarcelando a opositores políticos y negándose a aceptar los resultados electorales.

Al reprimir a la oposición y gestionar mal la economía, Maduro provocó una de las mayores contracciones económicas en tiempos de paz de la historia reciente, lo que llevó al éxodo de millones de personas. Para cuando las fuerzas estadounidenses detuvieron a Maduro en enero, muchos en ese país, ahora empobrecido, estaban sencillamente agotados por soportar una crisis tras otra.

Maduro se enfrentó al FMI, al que veía como una herramienta de influencia de Estados Unidos. Venezuela retomó formalmente las relaciones con el FMI solo unas semanas después de la destitución de Maduro, y, por el momento, el país recibirá inicialmente 200 millones de dólares del FMI para los esfuerzos de reconstrucción.

La capacidad de Venezuela para conseguir fondos adicionales ahora, del FMI y otros prestamistas, se enfrenta a mayores obstáculos porque recién está empezando una de las reestructuraciones de deuda soberana más grandes y complejas de la historia económica moderna.

Antes de los terremotos, se estimaba que el pasivo total de Venezuela rondaba los 240 millardos de dólares. Esta montaña de deuda, que incluye bonos impagados e indemnizaciones judiciales a empresas estadounidenses a las que se les nacionalizaron activos, dificulta aún más que Venezuela consiga incluso préstamos de emergencia.

Aun así, hay algunos rayos de esperanza en medio de la destrucción y el caos. Un enorme complejo de refinerías en la península de Paraguaná, no muy lejos de los epicentros de los temblores, parece estar funcionando con normalidad, a pesar de los terremotos. Esto podría permitir que Venezuela siga exportando petróleo, el motor de su economía.

La gigante petrolera estadounidense Chevron también dijo que sus operaciones en Venezuela siguen en marcha. Chevron representa aproximadamente una cuarta parte de la producción petrolera del país, lo que la convierte, con diferencia, en la empresa privada más importante para la economía venezolana.

La producción y las exportaciones de petróleo habían ido aumentando en los meses previos al desastre. Eso llevó a pronosticar que Venezuela podría registrar un crecimiento de dos dígitos este año, lo que podría situar a la economía en una posición más sólida.

Aun así, el auge aún no se ha materializado.

Los gigantes petroleros extranjeros, escarmentados por las expropiaciones, se han mostrado reacios a comprometerse con nuevos proyectos de envergadura. La economía creció solo un 2,5 por ciento en el primer trimestre, su ritmo más lento en cinco años. Aún así, podría acabar creciendo hasta un 8 por ciento este año, si se pone en marcha la reconstrucción y los ingresos del petróleo impulsan la actividad, según estimó Rodríguez, el economista.

Pero ese crecimiento estadístico también podría ocultar los enormes retos a los que se enfrenta Venezuela tras los terremotos.

Esto se debe a lo que se conoce como la "paradoja de los desastres". El derrumbe físico de los edificios no suele reflejarse en los cálculos del producto interior bruto porque estos ya se contabilizaron hace años o décadas, cuando se construyeron originalmente.

En cambio, la producción económica de un país suele experimentar un fuerte aumento tras un desastre natural, debido al gasto que supone la reconstrucción. Pero la pérdida generalizada de vidas, la falta de hogar y el trauma que perdura durante años suelen quedar fuera de los cálculos económicos estrictos.

"El Estado venezolano está en una posición superprecaria para atender las necesidades que van a surgir de esto", dijo Zambrano.

Tibisay Romero colaboró con la reportería desde Valencia, Venezuela.

Simon Romero es corresponsal del Times en México, Centroamérica y el Caribe. Reside en Ciudad de México.

Emma Bubola es una reportera del Times que cubre Argentina. Reside en Buenos Aires.

Tibisay Romero colaboró con la reportería desde Valencia, Venezuela.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD