
En las últimas semanas, Pekín ha tomado medidas para cerrar los canales informales entre los hogares chinos y los mercados de capitales globales.
Pekín lleva mucho tiempo levantando muros entre los ciudadanos chinos y el mundo exterior: el Gran Cortafuegos bloquea la información, y los controles de pasaportes y las prohibiciones de salida restringen la libertad de movimiento. Pero con el dinero había sido diferente.
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En un acuerdo tácito entre el Gobierno y la gente, se podían tolerar las restricciones políticas siempre y cuando las familias tuvieran, en gran medida, libertad para acumular, proteger y diversificar discretamente su patrimonio.
Ese acuerdo se está resquebrajando.
En los últimos dos años, los ciudadanos chinos han invertido cada vez más en valores extranjeros, sobre todo en el mercado bursátil estadounidense. Pero en las últimas semanas, Pekín ha tomado medidas para cerrar los canales informales entre los hogares chinos y los mercados de capitales globales. Ha dado a varias corredurías con sede en Hong Kong y Singapur --que cuentan con una importante clientela del continente-- dos años para liquidar esas cuentas. Ha ampliado las normas sobre inversión en el extranjero para incluir explícitamente a los particulares por primera vez, y amenaza con confiscar unas "ganancias ilegales" que están definidas de forma imprecisa.
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En Hong Kong, que durante mucho tiempo ha sido la puerta de entrada a la inversión en el extranjero para los residentes del continente, los bancos y las agencias de valores han endurecido los requisitos para abrir una cuenta. Algunas agencias de valores han comunicado a sus clientes del continente que pueden vender acciones estadounidenses, pero no comprarlas. La aplicación china de redes sociales conocida como RedNote anunció que había tomado medidas contra las publicaciones que enseñaban a la gente cómo abrir cuentas para operar con acciones estadounidenses.
Pekín hace uso de todos los recursos a su alcance para movilizar la riqueza privada del país en apoyo de su impulso estatal hacia la autosuficiencia tecnológica y el renacimiento nacional. En un importante discurso publicado en enero, el líder chino, Xi Jinping, argumentó que la libertad financiera debe subordinarse a la seguridad nacional, y advirtió de que China debe protegerse no solo de los riesgos de la apertura, sino también de los riesgos "deliberadamente orquestados" por adversarios geopolíticos.
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Las consideraciones geopolíticas están reduciendo las oportunidades de los inversores chinos también de otras formas. En medio de la intensa rivalidad entre Estados Unidos y China, SpaceX excluyó a los inversores chinos de su histórica salida a bolsa la semana pasada. Al mismo tiempo, Pekín está levantando sus muros financieros justo cuando los chinos de a pie tienen más motivos que nunca para buscar en el extranjero lugares más lucrativos donde invertir sus ahorros.
En Estados Unidos, las acciones y los bonos nacionales son las inversiones por defecto para los ahorros a largo plazo. Pero los inversores particulares en China suelen rehuir las bolsas de valores del país, conocidas como el mercado de acciones A, debido a que no lo ven como un medio para generar riqueza familiar, sino como un escenario especulativo influido por la política, los rumores y las intervenciones repentinas del Estado. Ese mercado de valores tiene muchos apodos, entre ellos "la picadora de carne".
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En su lugar, durante dos décadas, las familias de clase media invirtieron en el sector inmobiliario. Ese mercado estaba en pleno auge, y la gente compraba apartamentos no solo para vivir en ellos, sino como planes de jubilación, fondos para el pago de la universidad y activos para sus hijos. Según una encuesta de 2020 del banco central chino, casi un tercio de los hogares urbanos eran dueños de dos propiedades y más del 10 por ciento poseía tres o más.
Sin embargo, tras el colapso del mercado inmobiliario en 2021, mucha gente perdió la confianza en el activo que había sustentado su sensación de seguridad. Los chinos, que ya eran grandes ahorradores debido a la escasa red del Seguro Social del país, se refugiaron en los activos defensivos. A finales de 2025, los depósitos bancarios de los hogares chinos habían alcanzado el equivalente a 24,4 mil millones de dólares, con lo que casi se triplicaron en una década.
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Pero ese dinero está generando rendimientos cada vez menores. Tres cuartas partes de los ahorros de los hogares están en depósitos a plazo fijo. Pero esas tasas de interés han bajado hasta alrededor del 1 por ciento, mientras que las cuentas de ahorro de alto rendimiento en Estados Unidos ofrecen tasas de hasta el 4 por ciento.
Al mismo tiempo, el mercado bursátil estadounidense siguió subiendo. Para los miembros de la clase media china con conocimientos financieros, los mercados extranjeros se convirtieron en una protección frente a la desaceleración económica de China, la incertidumbre política y la caída de la rentabilidad nacional.
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El Instituto de Finanzas Internacionales, una asociación sectorial con sede en Washington, calculó que las salidas de capital de los residentes de China alcanzaron los 809 mil millones de dólares en 2025, el nivel más alto jamás registrado.
En 2025, Hong Kong superó a Suiza como el mayor centro mundial de gestión patrimonial transfronteriza, impulsado en parte por el dinero procedente de China continental, según Boston Consulting Group.
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Pero Pekín considera cada vez más que esta salida de riqueza china es antipatriótica. Hu Xijin, exredactor jefe del tabloide nacionalista Global Times y uno de los comentaristas progubernamentales más destacados de China, dijo en la red social Weibo que las últimas medidas del Gobierno servían a "los intereses generales de la sociedad china".
"Si los inversores en bolsa compraran más acciones de clase A y menos acciones estadounidenses, o si algunas personas se abstuvieran de vender de prisa sus viviendas en China para comprar propiedades en Occidente, el efecto general sería positivo", escribió.
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Mantener los ahorros en el país y mantener bajas las tasas de interés es vital para Pekín. Los gobiernos locales del país, con un gran volumen de deuda, han estado reestructurando sus créditos y recurren a capital nacional barato para aliviar la carga de los intereses, que se lleva más o menos una quinta parte de sus ingresos. Esos ahorros también respaldan la enorme inversión de China en infraestructuras, robótica, semiconductores y otras industrias consideradas clave para la autosuficiencia y la seguridad nacional.
Pero ahí no es donde quieren estar los inversionistas más experimentados. Un trabajador del sector tecnológico, quien pidió que solo se le identificara por su apellido, Xu, por miedo a represalias del Gobierno, ha ingresado desde 2023 todo el dinero permitido por la ley china en una cuenta de una agencia de valores estadounidense.
Ahora, todas las dificultades que genera el control financiero de Pekín hacen que Xu se pregunte: "¿Sigue siendo mío ese dinero?".
Por ahora, los ciudadanos chinos pueden convertir legalmente sus ahorros en renminbi hasta un máximo de 50.000 dólares en moneda extranjera. De manera oficial, ese dinero solo puede usarse para fines como el turismo o la educación, pero el uso de la cuota para invertir en acciones o propiedades en el extranjero ha sido durante mucho tiempo una zona gris tolerada.
Por ahora, la cuota sigue siendo la única vía legítima para que los particulares transfieran dinero al extranjero. Pero se ha reportado que los bancos están haciendo más preguntas sobre el uso del dinero, y a la gente le preocupa que convertir renminbi pueda volverse más difícil.
"Hay tanta gente en el mundo que puede operar con acciones estadounidenses. ¿Por qué los chinos no pueden?", preguntó Xu.
Le frustra que SpaceX haya excluido a los inversores chinos de participar en su salida a bolsa, la mayor de la historia. OpenAI y otras empresas de inteligencia artificial que pueden ser lucrativas podrían seguir su ejemplo.
Otros están intentando ahora colarse por debajo del muro y sacar su dinero al extranjero antes de que el Gobierno bloquee el paso por completo.
En las últimas dos semanas, los inversores han intercambiado con urgencia consejos sobre cómo sortear las restricciones en las redes sociales y en chats grupales. Algunos se han desplazado en masa a Hong Kong para abrir cuentas bancarias y de corretaje en empresas más pequeñas con requisitos menos estrictos. Otros han explorado opciones para viajar a Estados Unidos y abrir cuentas en persona.
"Ningún control financiero puede impedir que la gente traslade sus activos a lugares que ofrezcan mejores oportunidades", dijo Stephen, quien es un informático de la provincia de Guangdong y quien también pidió que solo se le identificara por su nombre de pila.
Li Yuan escribe la columna El Nuevo Nuevo Mundo, la cual se enfoca en la intersección de la tecnología, los negocios y la política en China y en toda Asia.
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