En vísperas de la Copa Mundial, la política migratoria de EE. UU. deja a algunos fuera

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Algunos aficionados y participantes que esperaban viajar para el Mundial se han quejado de las restrictivas normas para visitar uno de los países anfitriones.

La selección nacional de fútbol de Irak aterrizó la semana pasada en el aeropuerto O'Hare de Chicago con gran alegría para competir en la Copa Mundial por primera vez en 40 años.

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Para Aymen Hussein, uno de los mejores jugadores en la historia de Irak, durante unas tensas horas pareció que su paso por el mayor escenario del fútbol se le escaparía antes incluso de haber empezado. El delantero vio cómo sus compañeros se marchaban a su campamento base mientras los funcionarios de inmigración lo retenían para interrogarlo. Tras varias horas, los funcionarios le dieron el visto bueno a Hussein.

Omar Abdulkadir Artan, un árbitro somalí, no tuvo tanta suerte. Artan, que formaba parte de un selecto grupo de unos 50 árbitros de la Copa Mundial, también fue detenido y se convirtió en otro ejemplo de cómo la política migratoria de Estados Unidos puede trastocar el evento deportivo más grande del mundo.

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Los funcionarios de inmigración interrogaron a Artan, lo pusieron en una celda de retención y luego lo deportaron.

Estos dos incidentes han vuelto a poner en el punto de mira las políticas fronterizas y de inmigración de Washington, que se han endurecido con el gobierno del presidente Donald Trump justo cuando Estados Unidos se prepara para ser anfitrión del evento deportivo más visto del mundo.

En vísperas del torneo, los problemas de inmigración se han convertido en un obstáculo para una Copa Mundial que se concedió a Norteamérica en 2018 con promesas de inclusividad. El evento se ve ahora amenazado por las preocupaciones sobre las restricciones de entrada a Estados Unidos que los críticos llevan años planteando y que la FIFA, el organismo rector del fútbol, ha minimizado continuamente.

En febrero, Gianni Infantino, presidente de la FIFA y quien se describe a sí mismo como amigo del presidente Trump, insistió en que el proceso de entrada sería "fluido".

"Creo que es importante aclarar esto, porque hay muchos malentendidos. Todo el mundo será bienvenido en Canadá, México y Estados Unidos para la Copa Mundial de la FIFA", dijo.

Pero desde entonces, varios grupos relacionados con el Mundial --desde jugadores hasta aficionados y profesionales de los medios de comunicación-- han encontrado que el proceso no ha sido nada fácil.

Decenas de periodistas, principalmente de Medio Oriente y África, no han conseguido la autorización para cubrir la Copa Mundial, lo que ha llevado a una organización mundial que agrupa a periodistas deportivos a presentar una queja ante la FIFA. Aficionados cuyos orígenes van desde Europa hasta África también se han visto afectados por cambios en las normas de entrada, incluido un grupo de personas de República Democrática del Congo que tenían boletos y ahora se les prohíbe la entrada debido al brote de ébola y no pueden obtener el reembolso.

Incluso han surgido problemas para aficionados de Escocia, cuyos ciudadanos normalmente solo necesitan una autorización electrónica de viaje, y no una visa, para ingresar a Estados Unidos. El martes, el primer ministro escocés, John Swinney, dijo que su gobierno estaba buscando información de las autoridades estadounidenses luego de que varios aficionados escoceses afirmaron que sus autorizaciones habían sido revocadas justo antes de viajar a Estados Unidos.

"Pedí a los funcionarios que transmitan nuestra esperanza de que Estados Unidos pueda resolver el asunto para que los aficionados de Escocia no se lo pierdan", dijo Swinney.

Estos casos se suman a una situación aparte que es altamente volátil, relacionada con la selección nacional de Irán.

El destino de Irán en la Copa Mundial ha estado envuelto en incertidumbre desde que Estados Unidos e Israel iniciaron un ataque conjunto contra el país a finales de febrero. A los jugadores iraníes finalmente se les concedieron visados de entrada para sus partidos en Estados Unidos, pero a más de una decena de directivos y miembros del personal del equipo se les denegaron las solicitudes.

Pero es el caso del árbitro somalí, Artan, el que más intriga ha despertado. Había viajado de Turquía a Miami y, según una entrevista que concedió a The New York Times, fue deportado de vuelta a Turquía. El año pasado, fue nombrado el mejor árbitro de África por el organismo rector del fútbol de la región.

Para los árbitros, el Mundial se considera el momento cumbre de su carrera, al igual que para los jugadores. Artan dijo que le habían arrebatado el "mayor sueño de mi vida". Afirmó que toda su documentación estaba en regla, pero las autoridades estadounidenses decidieron, tras una inspección más exhaustiva, que permitir la entrada de Artan al país sería "inadmisible debido a preocupaciones de seguridad". Más tarde, Andrew Giuliani, el funcionario que dirige el grupo de trabajo de la Casa Blanca para la Copa Mundial, fue más allá y acusó a Artan de tener vínculos turbios.

"Había gente muy terrible con la que estaba hablando", declaró Giuliani a la BBC. "No vamos a permitir que un torneo de fútbol sea la oportunidad para que los terroristas entren en el país, ni para cualquier persona que esté en contacto con ellos". Una vocera del grupo de trabajo no respondió a una solicitud de comentarios.

Somalia, el país natal de Artan, ha sido un objetivo habitual del gobierno de Trump. A principios de este año se produjo un aumento de las redadas de inmigración en Minnesota, donde vive la población somalí más numerosa de Estados Unidos, mientras que Trump también ha utilizado un lenguaje despectivo para describir a Somalia, que se enfrenta a severas restricciones de viaje y visados.

Artan dijo que el gran revuelo que su caso ha generado probablemente tenga un efecto más profundo en su país. Los somalíes, dijo, podrían sentirse aún más menospreciados por Washington y pensar que "nuestro pasaporte, el nombre de nuestro país, todo es inútil", si hasta a un árbitro condecorado de la Copa Mundial se le puede negar la entrada a Estados Unidos.

"Es una decisión vergonzosa por parte del gobierno de Trump", dijo Ilhan Omar, una representante estadounidense de origen somalí quien se ha enfrentado con frecuencia al presidente Trump. "Se supone que la Copa Mundial es un evento que trasciende las divisiones y permite que la gente se una por amor al deporte".

Un vocero de la Casa Blanca dijo que Trump está enfocado en garantizar que el Mundial sea "una experiencia increíble para todos los aficionados y visitantes", pero también "el más seguro de la historia".

Pero algunas organizaciones de derechos humanos, que se han opuesto a las políticas de inmigración de Washington, temen ahora que la Copa Mundial pueda ser cualquier cosa menos una experiencia increíble.

"Lo que les está pasando a los jugadores, al personal y a los aficionados que vienen a Estados Unidos para la Copa Mundial es representativo de los horrores que millones de personas en Estados Unidos están viviendo bajo este régimen", dijo Tanya Greene, directora del programa de Estados Unidos de Human Rights Watch. "Es como si el gobierno quisiera mantener al mundo fuera del Mundial".

Los aficionados iraníes se han enfrentado a más obstáculos.

El país está en la lista de sanciones de Estados Unidos, lo que significa que a su federación de fútbol se le ha prohibido vender entradas para la Copa Mundial a sus seguidores, incluso si tienen visados válidos. "La FIFA está trabajando estrechamente con la federación iraní para encontrar soluciones que cumplan con las normas y maximicen las oportunidades de que los seguidores iraníes puedan asistir a los partidos", dijo un vocero de la FIFA.

El protocolo de seguridad en Estados Unidos ha dado lugar a situaciones incómodas para algunos equipos. En los últimos días, las selecciones de Senegal y Uzbekistán, países con una importante población musulmana, han sido sometidos a controles de seguridad muy rigurosos que no han sido habituales en torneos anteriores.

Los jugadores de Uzbekistán se sorprendieron al ver a los agentes de seguridad esperándolos al bajar del autobús antes de un partido de preparación contra los Países Bajos en Nueva York. Los jugadores fueron sometidos a revisiones con detectores de metales. Fabio Cannavaro, el entrenador del equipo, sugirió que su equipo había sido objeto de atención especial porque la selección neerlandesa no se enfrentó a los mismos registros.

"Al final, el control fue solo para nosotros", dijo.

Matthew Mpoke Bigg colaboró con reportería.

Tariq Panja es corresponsal mundial de deportes y se centra en historias en las que el dinero, la geopolítica y el crimen se cruzan con el mundo del deporte.

Matthew Mpoke Bigg colaboró con reportería.

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