
Durante un siglo, el estanque reflectante del monumento a Lincoln ha capturado la historia de Washington y ha sido un extenso espejo para momentos grandes y pequeños.
Entonces, esta primavera, el presidente Donald Trump dijo que decidió pintarlo de azul, y dirigió un contrato del gobierno a alguien que dijo que había trabajado en sus albercas.
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En el proceso, convirtió el estanque en un reflejo del presente de Washington.
Para adjudicar ese contrato sin licitación de 6,9 millones de dólares, el gobierno de Trump se acogió a una exención prevista para situaciones urgentes, según descubrió The New York Times. Se suponía que la exención solo se usaría para evitar "daños graves, financieros o de otro tipo, al gobierno". Los funcionarios gubernamentales no hicieron ninguna afirmación pública de que tal daño fuera probable; más bien, dijeron los funcionarios, Trump quería que se cambiara para la fiesta de cumpleaños del país el 4 de julio.
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"Este proyecto se está completando ahora a la 'velocidad Trump' para garantizar que el emblemático monumento esté totalmente restaurado antes de las celebraciones del 250 aniversario", dijo Taylor Rogers, una vocera de la Casa Blanca, en una declaración al Times.
El estanque es el último de una serie de casos en los que el gobierno de Trump invocó poderes especiales para suprimir la competencia requerida, y luego entregó los contratos directamente a los proveedores preferidos del presidente.
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Los planes de renovación ejemplifican cómo Trump considera una gran parte de la capital de la nación como su reino imperial, para decorarlo, o incluso destruirlo, como mejor le parezca. En el proceso, él y su gobierno han hecho caso omiso de un procedimiento de revisión de décadas de antigüedad para los cambios en el núcleo de Washington, así como de las normas destinadas a garantizar que el dinero del gobierno se gasta sabiamente y sin favoritismos.
Trump pavimentó el césped de la Rosaleda sin solicitar autorización. Instaló una estatua de Cristóbal Colón de 4 metros en los terrenos de la Casa Blanca sin presentar un plan a ningún panel. Y, lo que es más destacado, derribó la histórica ala este de la Casa Blanca sin consultar a ninguna junta de supervisión.
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Tim Whitehouse, director ejecutivo del grupo de vigilancia Empleados Públicos por la Responsabilidad Medioambiental, dijo que las remodelaciones de la capital "se han convertido en un proyecto secreto en el que los amigos y socios comerciales del presidente están siendo recompensados sin ningún escrutinio público".
El estanque reflectante tiene un significado especial. Construido en 1922, se diseñó para que sirviera de unión digna entre los monumentos a dos de los más grandes presidentes del país, George Washington y Abraham Lincoln. Con el tiempo, se convirtió en el reconocible telón de fondo del discurso "Tengo un sueño" del reverendo Martin Luther King Jr. en 1963, de las principales protestas contra la guerra de Vietnam y de otras reuniones que avivaban a la izquierda y a la derecha.
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Trump se ha jactado de las remodelaciones del estanque reflectante al menos cinco veces en las últimas semanas, y ha presentado el contrato como un ejemplo de su capacidad para reducir la burocracia gubernamental y mejorar los iconos existentes.
"Ustedes van a tener un estanque reflectante precioso, precioso, como tiene que ser", dijo Trump en el Despacho Oval el 23 de abril. "Mucho mejor de lo que nunca fue, en realidad".
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El pasado fin de semana, celebró el plan con una publicación en las redes sociales en el que aparecía una imagen falsa de sí mismo flotando sin camiseta en una versión azul brillante del estanque.
Pero una serie de documentos gubernamentales obtenidos por el Times dicen que el contrato ya ha costado mucho más de lo que Trump dijo que costaría y que las reparaciones volverían a ser necesarias mucho antes.
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Los documentos también muestran que el plan de Trump no aborda uno de los principales problemas del estanque: las tuberías defectuosas de su sistema de filtración. Como resultado, los expertos dijeron que no estaba claro si el estanque de Trump seguiría siendo azul o si pronto se vería oscurecido por una capa recurrente de algas verdes.
"Pintarlo no va a resolver el problema", dijo Tim Auerhahn, presidente del Aquatic Council, una consultora del sector de piscinas y jacuzzis.
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Auerhahn dijo que también le preocupaba la decisión de Trump de conducir su caravana de vehículos por la superficie de la piscina el jueves por la noche para celebrar un acto con la prensa en el que se destacaron las remodelaciones. Ello podría haber supuesto una enorme carga para las juntas entre las losas de hormigón, que son notoriamente permeables y acaban de ser reparadas.
"Si fuera mi proyecto, exigiría una inspección inmediata", dijo Auerhahn.
Verde y mate
El contrato de reparación del estanque se adjudicó el 3 de abril a Atlantic Industrial Coatings, con sede en New Canton, Virginia. Los registros de contratación muestran que la empresa nunca antes había tenido un contrato federal.
Trump dijo que consultó con tres empresas que habían trabajado en sus piscinas, pero eligió una que había realizado trabajos en su Trump National Golf Club en Sterling, Virginia.
"Conozco a alguien que es increíble haciendo albercas", les dijo Trump a los periodistas en el Despacho Oval el 23 de abril. "Echó un vistazo. Me llamó. Y dijo: 'Señor, podemos hacer algo al respecto'".
El Times no pudo confirmar de manera independiente que la empresa hubiera trabajado para el club de golf de Trump. Uno de los propietarios de la empresa, Curtis E. Wood, a quien llaman Eddie, declinó hacer comentarios sobre el contrato. "No estoy autorizado para hablar de eso", dijo en una breve entrevista telefónica.
Atlantic Industrial Coatings no parece anunciar su experiencia en el pintado de albercas.
El sitio web de la empresa muestra que está especializada en la impermeabilización de alcantarillas, tuberías, tejados y tanques de almacenamiento de agua y productos químicos. El sitio no menciona albercas, ni en los clubes de golf de Trump ni en ningún otro lugar.
El contratista se enfrenta a lo que ha sido un quebradero de cabeza desde hace décadas. El estanque reflectante no es una alberca, y los elementos inusuales que la embellecen también crean problemas.
El estanque se extiende más de 600 metros, lo que requiere decenas de juntas propensas a las fugas.
Otro problema son las algas. La escasa profundidad del estanque crea un efecto de espejo, pero también lo convierte en una placa de Petri que se calienta bajo el sol abrasador del verano de Washington. Desde arriba, el estanque a menudo parece tan verde como el césped que lo rodea.
Entre 2010 y 2012, el gobierno de Barack Obama gastó más de 35 millones de dólares en intentar resolver esos problemas. Y fracasó. En un mes, el estanque estaba verde y sucio. Todavía pierde 60,5 millones de litros de agua al año, que el Servicio de Parques Nacionales debe pagar para reemplazar.
Proyectos predilectos
En 2019, los funcionarios del Servicio de Parques del primer gobierno de Trump intentaron de nuevo solucionar los problemas.
Se les ocurrió un plan de tres partes: sellar las juntas, añadir un filtro mejor y reemplazar 3,2 kilómetros de tuberías rotas o defectuosas que alimentan el filtro con agua.
Charles F. Sams III, quien heredó el plan como jefe del Servicio de Parques Nacionales bajo la presidencia de Joe Biden dijo que el reemplazo de las tuberías era especialmente vital. Sin embargo, las reparaciones nunca se llevaron a cabo. Sams dijo que las ofertas de los proveedores habían sido inesperadamente altas para la revisión completa: más de 100 millones de dólares.
El Servicio de Parques recurrió a una medida provisional: vaciar y limpiar el estanque todos los años.
Pero con la celebración del 250 aniversario a la vuelta de la esquina, Trump ha estado impulsando contratos para proyectos de su predilección, incluido el estanque.
Por ley, se supone que las agencias federales deben dejar que los proveedores compitan por los contratos, obteniendo múltiples ofertas para encontrar la que pueda hacer el mejor trabajo por el menor costo. Hay excepciones, como las situaciones urgentes en las que el tiempo es tan corto y lo que está en juego es tan importante que cualquier retraso supondría un grave perjuicio para el gobierno.
Los expertos dijeron que esa excepción no se aplica a los casos en los que el gobierno simplemente va retrasado.
"El gobierno no puede crear su propia urgencia", dijo Jessica Tillipman, profesora que estudia la ley de contratación en la Universidad George Washington.
Antes del segundo mandato de Trump, el Servicio de Parques rara vez había invocado ese tipo de exención. Un análisis del Times encontró previamente que menos del 1 por ciento del gasto en contratos de la agencia en la última década se había basado en reclamos de urgencia.
El mes pasado, el Times informó de que el Servicio de Parques utilizó una exención de urgencia similar para conceder un contrato secreto, sin licitación, por valor de 17,4 millones de dólares a la misma empresa que Trump eligió para construir el salón de baile de su Casa Blanca. El contrato era para un trabajo aparentemente mundano: arreglar las fuentes ornamentales del parque Lafayette, al otro lado de la avenida Pensilvania, frente a la Casa Blanca.
Esta primavera, dijo que las reparaciones del estanque reflectante también eran demasiado urgentes como para dedicar tiempo a reunir otras ofertas.
Atlantic Industrial Coatings fue contratada para realizar solo una de las tres tareas que el Servicio de Parques dijo que eran necesarias. La empresa debe volver a sellar las juntas de la piscina e impermeabilizar las losas.
El gobierno ya ha acordado pagar a la empresa 6,9 millones de dólares, más del triple de los 1,8 millones prometidos por Trump. Las estimaciones internas del Servicio de Parques indican que el costo podría superar los 12 millones de dólares. Los documentos revisados por el Times muestran que al menos parte del trabajo se pagaría con las tasas abonadas por los visitantes de los parques nacionales.
Los documentos también muestran que los funcionarios predicen que las reparaciones durarán entre siete y diez años, mientras que Trump había dicho que durarían 50.
Al mismo tiempo, el Servicio de Parques utilizó la misma exención para situaciones urgentes para contratar a otro contratista, Greenwater Services, con sede en Ohio, para añadir un sistema mejorado de purificación de agua. El director ejecutivo del contratista se negó a decir si la empresa había hecho trabajos para los negocios privados de Trump anteriormente.
La tercera tarea que el Servicio de Parques dijo que era necesaria --la sustitución de 3,2 kilómetros de tuberías defectuosas-- sigue sin hacerse. Una portavoz del Departamento de Interior dijo que tiene planes para comenzar ese trabajo en el otoño.
El nuevo azul
Trump dijo que fue idea suya pintar el estanque reflectante.
"Dije: 'Bueno, ¿qué tal turquesa, como en las Bahamas?'", contó Trump que le preguntó al contratista. "Me dijo: 'Bueno, esto es Washington, señor. Podemos darle turquesa, pero por qué no prueba tenemos un color, se llama azul bandera estadounidense'".
El jueves el estanque todavía estaba seco y, en su mayor parte, gris. Los equipos habían aplicado pintura azul oscuro a menos de una cuarta parte de su superficie.
El gobierno de Trump no ha presentado las obras de pintura del estanque para su revisión ante la Comisión de Bellas Artes, una agencia federal independiente establecida en 1910 que revisa los diseños de edificios federales, monumentos y memoriales.
Esto representa una ruptura con las prácticas anteriores. El último gran proyecto del estanque reflectante, que incluía la rehabilitación del estanque, mejoras paisajísticas y la instalación de barreras de seguridad, se sometió a la revisión de la comisión en 2010.
Sin una revisión formal, los arquitectos paisajistas dijeron que solo podían hacer conjeturas sobre cómo cambiaría la pintura azul el aspecto del estanque.
Es poco probable que el azul cambie la calidad reflectante del estanque. Las personas que miren a través de un estanque más azul probablemente seguirán viendo un espejo del monumento en el otro extremo.
Sin embargo, los expertos dijeron que un estanque azul podría parecer muy diferente si se viera desde un ángulo más alto, como desde lo alto del monumento a Washington.
Peter Aeschbacher, profesor de arquitectura paisajística de la Universidad Estatal de Pensilvania, dijo que, visto así, el estanque podría parecer fuera de lugar en un paisaje de árboles, césped y piedra gris.
"Se supone que sea invisible", dijo Aeschbacher.
Andrea Fuller y Kenneth P. Vogel colaboraron con la reportería. Julie Tate y Kitty Bennett colaboraron con la investigación.
David A. Fahrenthold es un periodista de investigación que escribe sobre organizaciones sin fines de lucro. Lleva dos décadas trabajando como reportero.
Luke Broadwater cubre la Casa Blanca para el Times.
Andrea Fuller y Kenneth P. Vogel colaboraron con la reportería. Julie Tate y Kitty Bennett colaboraron con la investigación.
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