El valor de los objetos saqueados por los nazis no se mide en escala monetaria

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Marie Hélène Sagaspe nunca conoció a su padre, Jean Iribarne. Murió en 1945, dos meses después de que ella naciera y a un año de que lo detuvieran por guiar a judíos que huían de los nazis a través de la frontera francesa hacia España.

Iribarne vivía en Camou-Cihigue, un pueblecito en Francia de 100 habitantes, principalmente ganaderos de ovejas. Cuando la Gestapo lo detuvo, Iribarne inició un viaje letal que lo llevaría de un campo de concentración a otro.

Durante la mayor parte de su vida, Sagaspe, de 80 años, supo poco de su padre. Pero hace varios meses, recibió una llamada de un voluntario de los Arolsen Archives, una organización alemana dedicada a investigar y devolver objetos robados a las víctimas del Holocausto.

El voluntario tenía la cartera de su padre. Quería devolvérsela.

En marzo, en el ayuntamiento de Camou-Cihigue, la directora de la organización le entregó personalmente la cartera de cuero. Dentro había una foto de la madre de Sagaspe, el recibo de un paquete y un sello postal. Sagaspe se llevó la cartera a la cara y se echó a llorar.

Marie Ange Sagaspe, su hija, dijo: "Para mi madre, fue como conocer a su padre".

Los debates sobre la restitución de objetos saqueados por los nazis a menudo se enfocan en obras de arte de alto nivel cuya devolución no solo es una cuestión de justicia, sino que también puede tener importantes consecuencias económicas. Pero para los descendientes de quienes perdieron sus bienes, y a menudo sus vidas, en el Holocausto, los objetos desaparecidos de escaso valor monetario pueden tener un enorme peso emocional. Recuperarlos puede dar la sensación de que se resucita una vida familiar perdida por la atrocidad.

"La silla en la que se sentaban, los libros que tenían, el candelabro que encendían: ahí es donde transmitimos la historia que intentaron borrar durante el Holocausto", dijo Agnes Peresztegi, abogada internacional especializada en casos de restitución.

En algunos casos, la reunificación es el resultado de la buena voluntad de un extraño. En otros, la investigación de la procedencia corre a cargo de organizaciones o museos.

Para Stephen Mautner, la restitución de los objetos familiares también fue una sorpresa. Había oído historias de sus abuelos Konrad y Anna, pero supuso que los objetos que dejaron atrás cuando huyeron de Grundlsee, un pequeño pueblo austriaco, se habían perdido o destruido.

Pero en 2016 recibió un mensaje del Museo Austriaco de la Vida y el Arte Popular en Viena. La "colección Mautner" estaba en posesión del museo. Stephen era un heredero directo y el museo quería devolver los objetos.

La colección incluía las partituras originales de los Mautner, algunos patrones que Konrad Mautner había diseñado para un tipo particular de vestido popular en los Alpes --los "Ausseer dirndls"-- y una colección impresa de arte popular.

"Fue sorprendente y nos emocionó mucho porque, por supuesto, sacó a relucir esta intrigante y a menudo dolorosa historia que mi familia vivió en aquella época", dijo su nieto.

Claudia Spring, investigadora de procedencias del museo e historiadora ya jubilada, dirigió el esfuerzo para rastrear el linaje de los Mautner. Después de dos años de investigación, redactó un expediente sobre la familia, que fue presentado a la Comisión de Investigación de Procedencia de Austria.

"Quedó muy, muy, muy claro, sin ninguna duda, que esto fue incautado, que no es legal en el museo y que debe ser restituido", dijo Spring.

Pero cuando Mautner y su primo, el otro heredero identificado, visitaron el museo para ver sus nuevas posesiones, decidieron donar la colección a la institución.

Ahora, en la colección Mautner hay una placa que cuenta la historia completa: el robo, la pérdida, el descubrimiento y el legado.

"Conocer a Stephen y a su familia fue lo más significativo de mi vida laboral y estoy muy, muy agradecida por ello. Esta es la parte emocional", dijo Spring. "La parte profesional es que es muy importante investigar la procedencia. No existe el: 'Es demasiado tarde, ya no deberíamos hacerlo'. Eso no existe para mí".

Otra familia, los Glattstein, aún no ha tenido tanto éxito. Sus miembros creen haber localizado el shofar de la familia, una trompeta de cuerno de carnero que se tocaba para dar la bienvenida a las Altas Fiestas judías, en la ciudad de Edelény, Hungría, donde vivían sus parientes antes del Holocausto. Se creía que la escondieron en el desván de una casa familiar cuando los nazis enviaron a sus familiares a los campos de concentración.

Sharon Glattstein Levine ha dicho a los investigadores de la Organización Mundial de Restitución Judía que cree haber encontrado el objeto expuesto en una biblioteca local durante un viaje a la ciudad en 2014.

La familia aún no ha podido reclamar el shofar, que ahora cree que está en poder de la familia de un historiador local. En mayo, Levine regresó a Edelény e intentó, mediante una carta, conseguir la ayuda de un funcionario municipal, que tal vez podría gestionar el traslado del shofar al Museo y Archivo Judío Húngaro y su posterior préstamo a Estados Unidos, donde la familia, en particular su prima Erika Jacoby, de 97 años, podría verlo.

Pero hasta ahora no ha habido respuesta de la ciudad, dijo Jonathan Jacoby, hijo de Erika. La biblioteca no respondió a un correo electrónico de The New York Times en busca de comentarios.

"Es algo más que un objeto", dijo Levine en un video que hizo sobre el shofar para la organización de restitución. "Forma parte de la historia y el patrimonio de mi familia".

Erika Jacoby recuerda celebrar de niña las Altas Fiestas en Edelény con el cuerno de carnero. Pero no lo ha vuelto a ver desde que salió de Hungría siendo adolescente, después de sobrevivir a su encarcelamiento en varios campos de concentración, incluido Auschwitz.

"Una de mis penas más grandes es que se robaron todo", dijo.

Willi Korte, abogado especializado en reclamaciones de restitución, dijo que las familias que buscan devoluciones se enfrentan a obstáculos. La asistencia jurídica puede ser cara y, sin la ayuda de un museo o de investigadores profesionales, es difícil rastrear objetos domésticos personales como cubertería de plata. Muchos objetos se han dispersado a través de las fronteras, sin documentación adecuada --o sin ninguna documentación--, dijo.

"Creo firmemente que poder identificar estos objetos es más la excepción que la regla", dijo.

El archivo que devolvió la cartera a la familia Sagaspe, conocido hace décadas como "Servicio Internacional de Localización", está enfocado en las posesiones que se confiscaron principalmente a los prisioneros de los campos de concentración de Dachau y Neuengamme, en Alemania.

La cartera de Iribarne estaba en un sobre, pero no tenía ningún identificador, como nombre, fecha de nacimiento o número de prisionero. En su lugar, lo único que contenía la bolsa de cuero era el sello postal, el recibo y la foto de una mujer en una funda de plástico. Pero en el reverso de la foto había una pista: el nombre de la ciudad, Camou-Cihigue.

Un voluntario de los archivos llamó al ayuntamiento del pueblo y preguntó al alcalde si podía enviarle la foto, con la esperanza de que los vecinos pudieran identificar a la mujer. No era muy difícil: la madre de Sagaspe había sido tía abuela del alcalde.

Floriane Azoulay, entonces directora de Arolsen Archives, viajó entonces desde Alemania a Camou-Cihigue para entregar la cartera a Sagaspe en persona, un reencuentro relatado por primera vez por Le Monde.

"Hemos devuelto bastantes objetos personales en los últimos años, creo que unos 1000", dijo Azoulay. "Pero esta es una de las historias que creo que más me han conmovido".

Ahora, Sagaspe tiene la cartera en su bolso en todo momento. Después de que se la devolvieran, ella y su hija, Marie Ange Sagaspe, decidieron hacer un viaje para seguir el paso de Iribarne por Francia y Alemania. Visitaron Compiègne, donde fue inicialmente detenido en Francia, y más tarde Neuengamme.

Su última parada fue el emplazamiento de las fosas comunes de trabajadores de Hannover-Stöcken, donde se encontraba un subcampo de Neuengamme y donde murió Iribarne, pocas semanas antes de que llegaran los soldados británicos.

"Nuestra mayor victoria fue devolver esa cartera al lugar donde se la quitaron cuando estaba vivo", dijo Marie Ange Sagaspe. "Lo trajimos de vuelta como un hombre libre".

Milton Esterow envió un primer borrador de este artículo antes de su muerte en octubre. Michaela Towfighi terminó el reportaje y la redacción.

Michaela Towfighi es una reportera de arte y cultura del Times y forma parte de la generación 2025-26 de Times Fellowship, un programa para periodistas al comienzo de sus carreras.