
Este año, se espera que las inversiones de China en manufacturas, infraestructuras e inmuebles disminuyan por primera vez desde finales de la década de 1980.
Durante las últimas tres décadas, a medida que la economía china se ha convertido en una potencia mundial, la inversión ha crecido de forma constante cada año.
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Esto está a punto de cambiar. Este año, se espera que las inversiones de China en activos como nuevas fábricas, infraestructuras públicas y viviendas disminuyan por primera vez desde finales de la década de 1980, lo que marcará el comienzo de una era más conservadora para una economía que ha remodelado el orden mundial con años de sólido crecimiento.
El cambio también indica que invertir en China ya no es una apuesta segura, aunque Pekín siga proyectando confianza con estimaciones de crecimiento económico del 5 por ciento. Pero, como suele ocurrir con los datos económicos del país, la caída de la inversión ha planteado más preguntas que respuestas.
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La crisis inmobiliaria en China se ha prolongado durante cinco años sin que se vislumbre un final, lo que ha socavado la fuerza de uno de los pilares de la economía. Los gobiernos locales, con problemas de liquidez debido a la crisis inmobiliaria, no están invirtiendo dinero en proyectos de infraestructura como hicieron en periodos anteriores de malestar económico. Las medidas enérgicas de Pekín contra la competencia excesiva entre los fabricantes chinos han enfriado el clima de inversión de capital para impulsar la expansión.
De enero a octubre, una amplia medida denominada inversión en activos fijos ha caído un 1,7 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado. La caída comenzó en el segundo semestre de este año y se aceleró con un pronunciado descenso de dos dígitos en octubre. Los analistas creen que la inversión volvió a caer en noviembre, dato que se publicará el lunes.
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Las inversiones en bienes inmuebles, infraestructuras y manufacturas --los tres componentes principales que conforman la cifra-- están disminuyendo de forma simultánea. En el pasado, el descenso en un área se compensaba con el gasto en otro segmento. Es inusual que los tres pilares de la inversión caigan a la vez. Normalmente, el gobierno ha intervenido para gestionar las recesiones mediante un reforzamiento del sector inmobiliario o un gasto abundante en infraestructuras. Pekín se ha mostrado reacio a actuar con audacia este año para ayudar.
"Se trata de un cambio históricamente significativo", dijo Dan Wang, director del equipo de China de Eurasia Group. "Se trata de un estilo diferente de gestionar la economía a corto plazo".
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Wang dijo que este enfoque más pasivo sugiere que los dirigentes chinos confían en la continua fortaleza de las exportaciones, que han alimentado un superávit comercial récord a pesar del aumento del proteccionismo y de la creciente preocupación mundial por la avalancha de productos chinos baratos.
En lugar de inyectar dinero en la economía mediante la construcción de más autopistas, puentes, aeropuertos y estaciones de tren de alta velocidad, los gobiernos locales se contienen. Y en cuanto al sector inmobiliario, no ha habido un rescate de toda la industria ni un plan global para estimular la inversión en bienes raíces.
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La sequía de inversiones se manifiesta con urgencia en las salas de juntas de China Vanke, uno de los mayores promotores inmobiliarios del país, que ahora se tambalea al borde de un posible colapso financiero.
Vanke, incapaz de pagar sus deudas, se ha apoyado en su principal accionista, la empresa estatal Shenzhen Metro, para cubrir sus obligaciones de deuda. Pero el mes pasado, por primera vez solicitó a los obligacionistas que retrasaran el reembolso de un bono, señal de que el apoyo financiero estatal puede haber llegado a su límite. El lunes vence el plazo de pago de una parte de su deuda, y Vanke podría necesitar que los acreedores acepten un retraso en el cobro.
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Los funcionarios chinos han empezado a mostrar cierta alarma ante el desplome de la inversión, que figuraba como prioridad política para 2026 en un plan anunciado el jueves por Xi Jinping, el máximo dirigente chino.
Los profundos problemas del sector inmobiliario --demasiados departamentos y caídas prolongadas de su valor-- han sacudido la confianza empresarial.
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Chien Ting-tsai, quien ha dirigido una empresa de fabricación y desarrollo inmobiliario en Zhuhai, ciudad del sur de China, durante más de tres décadas, dijo que los clientes no están ampliando sus negocios ahora porque la economía es débil. Dijo que la cartera de contratos de diseño se ha reducido drásticamente.
"Algunos fabricantes han cerrado fábricas y congelado toda inversión en nuevas instalaciones", dijo Chien, de 69 años, quien es de Taiwán y trabaja en China desde la década de 1990. "Todos están vendiendo frenéticamente activos fijos porque tienen dudas sobre el futuro".
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Pam Jiang, asistente de ventas de Fashiontex International Limited, una empresa textil con unos 150 empleados en la provincia de Jiangsu, uno de los principales centros de fabricación de tejidos de China, dijo que la industria textil nacional está reduciendo las inversiones en instalaciones.
"La industria textil china está básicamente estancada y reduciendo su tamaño", dijo.
Atribuyó el descenso de la inversión al aumento de los costos laborales y a la incertidumbre sobre los aranceles. En lugar de expandirse dentro del país, dijo Jiang, muchos fabricantes textiles chinos invierten en el extranjero, en países como Vietnam y Egipto.
La ralentización de la inversión manufacturera ha coincidido con la campaña del gobierno contra la involución, término que designa la despiadada competencia en la que las empresas chinas libran guerras de precios que erosionan las ganancias para ganar cuota de mercado y sobrevivir a sus rivales. Los gobiernos provinciales o municipales a menudo han alimentado estas carreras a la baja al ofrecer incentivos y ayudas para fomentar a los campeones locales. Esto produjo un exceso de oferta de empresas bien financiadas, cada una dispuesta a añadir más productos de los que los clientes quieren comprar.
Pero algunos economistas afirman que los esfuerzos de Pekín por ralentizar ese proceso han dado permiso a los gobiernos locales para frenar la inversión en fabricación.
Jeremy Smith, analista de investigación de Rhodium Group en China, dijo que cree que los gobiernos locales podrían estar siguiendo el ejemplo de Pekín. Señaló que la inversión en activos fijos ha disminuido en casi todas las provincias y prefecturas chinas desde mayo.
El descenso de las cifras de inversión, dijo, refleja más fielmente lo que Rhodium había sospechado tras el hundimiento del sector inmobiliario.
Rhodium ha informado que la actividad inversora de China probablemente cayó en 2023 y 2024, con base en otras señales económicas, como el crecimiento del crédito. Debido principalmente a la ralentización de la inversión, Rhodium estimó que el crecimiento económico de China se situó entre el 2,4 y el 2,8 por ciento el año pasado, muy por debajo de la cifra oficial del gobierno del 5 por ciento.
"El descenso de la inversión es más la norma que la excepción", dijo Smith.
Por un lado, dijo, Pekín intenta proyectar una imagen de resistencia económica. Al mismo tiempo, pretende demostrar que frena la competencia perniciosa que asola a muchas de sus industrias.
Un desplome no es un buen augurio para el crecimiento económico de China, ya que la inversión representa una parte importante del producto interno bruto. Sin embargo, la medida más amplia de la inversión que China utiliza para calcular el PIB aumentó en el tercer trimestre, a pesar del marcado descenso de la inversión en activos fijos, lo que ha dejado a los economistas preguntándose cómo explicar la discrepancia.
En un informe de noviembre, Goldman Sachs afirmó que no esperaba que la inversión en activos fijos pesara sobre el crecimiento económico porque el descenso es "sobreestimado". El banco de inversiones dijo que la mayor parte del descenso es "una corrección estadística de datos anteriormente sobredimensionados", más que una auténtica desaceleración.
El mes pasado, Fu Linghui, vocero y economista jefe de la Oficina Nacional de Estadística de China, atribuyó el descenso a un "entorno externo complejo y severo" y a una "feroz competencia interna" que ha perjudicado el rendimiento de las inversiones y arrastrado a la baja la rentabilidad empresarial.
Señaló, sin embargo, que la inversión en industrias de alta tecnología, como la energía verde y la aeroespacial, crece rápidamente, señal de que la inversión global podría estar desacelerándose, pero también se está "optimizando".
El Economic Daily, un periódico estatal chino, dijo en noviembre que el país había entrado en una nueva fase de desarrollo de alta calidad, haciéndose eco de los argumentos oficiales. Acusó a los medios de comunicación extranjeros de aprovechar el estancamiento de la inversión para sensacionalizar una "teoría de crisis" sobre la economía china.
Daisuke Wakabayashi es corresponsal de negocios en Asia para el Times, con sede en Seúl, y cubre noticias económicas, empresariales y geopolíticas de la región.
Amy Chang Chien es reportera e investigadora del Times en Taipéi, desde donde cubre Taiwán y China.
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