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Tras un emotivo debate, los legisladores británicos votaron el viernes a favor de permitir el suicidio asistido para algunos enfermos terminales bajo estrictas condiciones.
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Los legisladores británicos votaron el viernes a favor de permitir la muerte asistida para pacientes terminales en Inglaterra y Gales bajo estrictas condiciones, abriendo el camino a uno de los cambios sociales más profundos en el país en décadas.
Tras cinco horas de debate en la Cámara de los Comunes del Reino Unido, votaron con 330 votos a favor y 275 en contra por un plan que permitiría a los médicos ayudar a poner fin a su vida a pacientes con menos de seis meses de expectativa de vida.
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La votación no fue definitiva: ahora se examinará en comisiones parlamentarias y podrán presentarse enmiendas al proyecto.
Sin embargo, es un momento político histórico que sienta las bases para un cambio significativo que algunos han comparado con la legalización del aborto en el Reino Unido en 1967 y la abolición de la pena de muerte en 1969.
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La muerte asistida es legal en un puñado de países europeos, Canadá, Nueva Zelanda y en 10 estados de Estados Unidos y el Distrito de Columbia. La decisión de Westminster se dio tras semanas de un tenso y a menudo emotivo debate público sobre una compleja cuestión ética que ha trascendido las afiliaciones políticas y provocado fuertes desacuerdos.
El proyecto de ley aprobado el viernes se aplicaría para un grupo reducido de personas: los solicitantes tendrían que ser mayores de 18 años, estar diagnosticados con una enfermedad terminal y tener seis meses o menos de vida. Dos médicos y un juez tendrían que aprobar la decisión del paciente de poner fin a su vida, y los fármacos mortales tendrían que ser autoadministrados.
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La legislación fue propuesta por Kim Leadbeater, una diputada del Partido Laborista, pero se dio libertad a los legisladores de votar con su conciencia, lo que significa que el resultado era imposible de predecir.
Los defensores de la muerte asistida la consideran una forma misericordiosa de reducir el sufrimiento insoportable en los últimos meses de vida. Sin embargo, sus detractores la consideran una amenaza para los ancianos, los discapacitados y las personas con enfermedades complejas, quienes, sostienen, podrían ser presionados para que tengan una muerte prematura.
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Leadbeater declaró ante el Parlamento que su legislación abordaba "una de las cuestiones más importantes de nuestro tiempo", y pidió a sus colegas que ayudaran a las familias que se enfrentan a "la brutal y cruel realidad del statu quo".
Según la legislación británica actual, quien ayude a un familiar o amigo a poner fin a su vida se enfrenta a un interrogatorio policial y a un posible procesamiento. De modo que incluso los británicos con enfermedades terminales que deciden poner fin a su vida en un país con normas más permisivas, como Suiza, deben hacerlo solos para proteger a sus familias.
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Eso condena a algunos a una muerte terrible, afirmaron el viernes los defensores del proyecto de ley.
"El lecho de muerte para demasiadas personas es un lugar de miseria, tortura y degradación, un reino de sangre, vómito y lágrimas", dijo Kit Malthouse, partidario del proyecto de ley por el Partido Conservador. "No veo compasión ni belleza en eso: solo un profundo sufrimiento humano".
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Pero Meg Hillier, legisladora laborista, dijo que la legislación "marcaría un punto de no retorno" al implicar al Estado en la muerte de algunos de sus gobernados. "Se trata de un cambio fundamental en la relación entre el Estado y el ciudadano, y entre el paciente y su médico", dijo.
Los líderes religiosos han expresado su oposición a la medida y, antes de la votación, dos altos ministros del gabinete, la secretaria de Justicia, Shabana Mahmood, y el secretario de Sanidad, Wes Streeting, también se pronunciaron en contra.
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Streeting argumentó que la formación de personal para tratar la muerte asistida añadiría costes al Servicio Nacional de Salud del país. También señaló la desigual disponibilidad de cuidados paliativos en Gran Bretaña, sugiriendo que algunos pacientes podrían sentir que, en la práctica, no tienen otra alternativa más que optar por la muerte asistida.
Sin embargo, una clara mayoría de los británicos apoya el principio de la muerte asistida, con un 65 por ciento a favor y un 13 por ciento en contra, según una encuesta reciente.
Stephen Castle es corresponsal del Times en Londres y escribe ampliamente sobre Gran Bretaña, su política y la relación del país con Europa. Más de Stephen Castle
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