
El Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra mantuvieron estables las tasas de interés el jueves, mientras buscan señales de posibles daños a más largo plazo.
Ante el bloqueo casi total del flujo de energía a través de Medio Oriente y los precios del petróleo por encima de los 100 dólares el barril, los legisladores europeos se enfrentan al impacto inmediato del aumento de costos, ya de por sí elevados, e intentan descifrar los posibles daños económicos de un conflicto prolongado.
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El jueves, el Banco de Inglaterra mantuvo los tipos de interés sin cambios en el 3,75 por ciento, tal como se esperaba, pero advirtió del riesgo de que una mayor inflación se extendiera por toda la economía. Los funcionarios del Banco Central Europeo también mantuvieron los tipos en el 2 por ciento, y añadieron que el efecto dependería de la "intensidad y la duración del impacto en los precios de la energía".
Los inversores apuestan a que cada banco central subirá los tipos de interés varias veces a lo largo de este año.
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Para los responsables de las políticas, el peligro de la estanflación se cierne sobre los debates, una preocupante combinación de estancamiento del crecimiento económico e inflación galopante. A las autoridades también les preocupa que, que al subir los tipos de interés para combatir la inflación, actúen con demasiada rapidez o suban demasiado los tipos, y con ello frenen aún más el crecimiento económico.
El cierre a efectos prácticos del estrecho de Ormuz, una vía marítima vital para el combustible frente a la costa sur de Irán, ha incrementado bruscamente los precios de la energía. El precio del crudo Brent, se disparó el jueves hasta alcanzar su máximo desde el inicio de la guerra, mientras que los precios del gas natural en Europa han subido casi un 40 por ciento desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero.
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"La política monetaria no puede hacer nada para impedir que estos aumentos de costos afecten a las empresas y los hogares del Reino Unido", declaró el jueves Andrew Bailey, gobernador del Banco de Inglaterra. "Cuanto más se prolongue el conflicto en Medio Oriente, peor será el impacto".
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, dijo que "las perspectivas económicas son muy inciertas". Sin embargo, añadió que "los datos que nos llegan indican que el conflicto está lastrando la actividad económica".
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La guerra tuvo un impacto casi inmediato en la inflación europea, lo que aumentó los precios de la gasolina en el surtidor, las tarifas aéreas y otras actividades que consumen mucho combustible.
En el Reino Unido, la tasa de inflación anual subió al 3,3 por ciento en marzo y se espera que se mantenga en torno al 3,5 por ciento a finales de año, muy por encima del objetivo del 2 por ciento del banco central. En los 21 países que utilizan el euro, la inflación promedio fue del 3 por ciento en abril, frente al 1,9 por ciento de febrero, antes de la guerra, según mostraron los datos publicados el jueves.
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Pero para los bancos centrales, la cuestión es hasta qué punto el aumento de los precios repercutirá en la economía y acabará empujando al alza los salarios, lo que potencialmente desencadenaría una espiral de escalada de precios que justificaría subidas agresivas de las tasas, como las de 2022. Por ahora, los analistas dicen que no hay suficiente información sobre cómo afectará a la economía la guerra, que parece estar estancada. Aunque el presidente Donald Trump ha prorrogado un alto al fuego en la región, el tráfico a través del estrecho sigue siendo escaso.
Al mismo tiempo, se sopesa la preocupación por la inflación frente a los indicios de que la guerra ya está perjudicando el crecimiento económico. En ese escenario, los responsables de las políticas no querrían endurecer las condiciones financieras, ya que eso podría provocar una recesión.
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La confianza de los consumidores en Alemania, la mayor economía de la eurozona, cayó a su nivel más bajo en tres años, según mostraron datos esta semana. Si bien hubo diferencias entre países, el crecimiento económico general de la eurozona se desaceleró a principios de año. El bloque creció apenas un 0,1 por ciento, en comparación con el 0,2 por ciento registrado a finales del año pasado, según mostraron los datos publicados el jueves.
Este mes, el Fondo Monetario Internacional dijo que la economía del bloque crecería un 1,1 por ciento este año, pero eso suponía una resolución relativamente rápida de la guerra y la recuperación de los mercados mundiales de la energía.
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Si el estrecho de Ormuz permanece cerrado durante más tiempo y los precios del petróleo suben hasta alrededor de 140 dólares el barril, el Reino Unido se enfrentaría al riesgo de una recesión y una inflación de alrededor del 5 por ciento a finales de este año, según afirmó esta semana el Instituto Nacional de Investigación Económica y Social, un laboratorio de ideas.
Los bancos centrales de todo el mundo se enfrentan a los mismos retos. Esta semana, el Banco de Japón votó a favor de mantener estables las tasas de interés, pero varios funcionarios preferían un aumento. El banco central elevó su previsión de inflación al tiempo que advertía que es probable que el crecimiento económico se ralentice este año.
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El miércoles, la Reserva Federal también mantuvo estables las tasas de interés. Reconoció el efecto de la guerra en la economía, y señaló que la inflación había repuntado debido al "aumento reciente de los precios mundiales de la energía".
La incertidumbre económica generada por el conflicto ha dejado a los responsables de las políticas intentando explicar el abanico de posibilidades sobre lo que podría suceder a continuación y sus posibles implicaciones para los tipos de interés. Tanto el Banco de Inglaterra como el Banco Central Europeo han publicado recientemente diversas proyecciones que plantean diferentes escenarios para los precios de la energía y su impacto potencial en la inflación de otros bienes y servicios.
El jueves, Bailey, del Banco de Inglaterra, declaró que los responsables de la política monetaria tendrían que tomar "una decisión difícil" a la hora de fijar los tipos de interés, ya que los cambios en la política monetaria pueden tardar en surtir el efecto deseado en la economía. Existían riesgos tanto en esperar demasiado para tomar medidas destinadas a contener la inflación como en actuar con demasiada precipitación, si la crisis pasa.
Según afirmó, los banqueros centrales no pueden limitarse a esperar a obtener "pruebas concluyentes" en alguna de las dos direcciones.
Eshe Nelson es una reportera radicada en Londres que cubre noticias de economía y negocios para The New York Times.
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