“La motocicleta del mañana” tiene mucho estilo y poco impacto ambiental

La empresa Tarform, basada en Brooklyn, busca marcar un nuevo estándar con sus características que combinan lo retro con lo futurista y una misión de sustentabilidad

Taras Kravtchouk, fundador de Tarform (Ben Sklar/The New York Times)
Taras Kravtchouk, fundador de Tarform (Ben Sklar/The New York Times)

Metal. Caucho. Cuero. Cuando se trata de motocicletas, los materiales usados para construirlas son tan elementales como la experiencia de manejarlas.

¿Piñas, linaza y algas? Suena más a los ingredientes de una ensalada vegana que a una moto, pero una nueva empresa emergente de Brooklyn espera cambiar eso.

Se llama Tarform. Y lo que Tesla ha logrado con la popularización del transporte sin emisiones, Tarform espera hacer con la meta de cero residuos, construyendo motocicletas eléctricas que son reciclables y están fabricadas con materiales naturales que pueden biodegradarse.

“La idea era crear la motocicleta del mañana”, afirmó Taras Kravtchouk, fundador de Tarform y un neoyorquino nacido en Estocolmo. Si fueras a construir una moto con la sostenibilidad en mente, dijo, “¿En qué principios te basarías? Sería eléctrica, pero también tendría el menor impacto posible en nuestro medioambiente”.

En vez de utilizar cloruro de polivinilo, Tarform elabora sus asientos de cuero vegano a partir de piña, mango, maíz u otras fibras de origen natural. La linaza remplaza el plástico de sus paneles laterales. Los pigmentos que colorean el carenado son derivados de algas naturales en vez de pinturas tóxicas. Su marco de aluminio es, por supuesto, reciclable. Además, su batería es intercambiable, lista para actualizarse a la par de los avances tecnológicos.

El diseño de la Tarform (Ben Sklar for The New York Times)
El diseño de la Tarform (Ben Sklar for The New York Times)

La Tarform Luna empezará a producirse el año que viene con una versión de 24.000 dólares, y para finales de este mismo año estará disponible un modelo personalizable Edición Fundador desde 42.000 dólares. La compañía ya tiene 1500 pedidos, 54 de los cuales son para las Ediciones Fundador hechas a mano que serán construidas en el astillero naval de Brooklyn.

En la actualidad diseñamos cosas para la obsolescencia”, dijo Kravtchouk. “En la década de 1960, usábamos materiales honestos. Es por eso que las motocicletas antiguas de esa época siguen funcionando si reciben buen cuidado”.

La elegancia clásica también ayuda. La belleza es su propia forma de sustentabilidad: nadie quiere desechar algo hermoso.

Un encuentro fortuito con una atractiva Triumph Bonneville de 1972 fue lo que inspiró a Kravtchouk a crear Tarform y construir sus Café Racer retrofuturistas. Dirigía una agencia de diseño durante el día y ensamblaba sus propias motos por las noches cuando uno de sus clientes —la compañía de ropa para motociclismo Belstaff— le pidió que personalizara una motocicleta para su tienda en Los Ángeles. Esa moto suscitó otros pedidos personalizados para las tiendas Belstaff a nivel mundial. También hizo que Kravtchouk entendiera lo tedioso que era construir motocicletas de manera individual.

“Estaba cubierto de grasa, y me encantaba, pero pensaba: ‘Esto sin duda es un mundo en extinción’”, dijo. “Había visto lo que Tesla hizo con la industria automovilística: cambió por completo la percepción de las personas de lo que es automotriz y de lo que significa la tecnología limpia”.

El puerto de carga está bajo la cola del asiento (Ben Sklar for The New York Times)
El puerto de carga está bajo la cola del asiento (Ben Sklar for The New York Times)

Kravtchouk comenzó a investigar sobre motocicletas eléctricas con la idea de construir una marca en vez de modelos individuales. Contrató a un ingeniero, buscó inversionistas y para octubre de 2018 ya tenía un prototipo funcional.

“Por una cantidad bastante pequeña de dinero, habían construido una motocicleta increíblemente hermosa con una experiencia única de conducción eléctrica”, dijo Karl Alomar, un socio de M13, una empresa de capital riesgo de Santa Mónica, California.

M13, la cual ha invertido en SpaceX, Lyft, Bird y otros emprendimientos tecnológicos de movilidad, le dio a Tarform 300.000 dólares el año pasado luego de que Alomar vio el prototipo en persona y la reacción que estaba generando en línea.

“No eran motociclistas. Eran personas jóvenes y acaudaladas, inspiradas por la tecnología y el diseño, y con el flujo de dinero requerido para adquirir estos artículos de lujo”, relató Alomar. “Nos hizo empezar a creer que existe una oportunidad para construir una gran marca de lujo orientada a la conciencia ambiental y la habilidad de crear bellezas de verdadera calidad”.

Taras Kravtchouk, fundador de Tarform, remarca que la sustentabilidad es una responsabilidad de las empresas más que de los consumidores (Ben Sklar for The New York Times)
Taras Kravtchouk, fundador de Tarform, remarca que la sustentabilidad es una responsabilidad de las empresas más que de los consumidores (Ben Sklar for The New York Times)

Muchas marcas de motocicletas eléctricas están buscando a la misma audiencia, incluyendo a Harley-Davidson, la cual presentó en 2019 su primera motocicleta eléctrica, la LiveWire, y Zero Motorcycles, la compañía californiana de 12 años, que en el último año ha visto que se ha duplicado el interés en sus motocicletas eléctricas.

“Creemos firmemente en la oportunidad de crecimiento de las motocicletas eléctricas”, afirmó Andrew Leisner, vicepresidente sénior de Bonnier Motorcycle Group. La compañía publica las revistas Cycle World y Motorcyclist y el año pasado presentó el sitio web Cycle Volta dedicado a las motos eléctricas.

Al motociclista ‘baby boomer’ tradicional no le interesa mucho el hecho de que las motos quemen gasolina y cauchos, ni la sustentabilidad o la naturaleza orgánica de los componentes con los que viene la moto. Pero esos temas son muy importantes para la generación Y y, sobre todo, para la generación Z”, afirmó Leisner. “La sustentabilidad va a ser una enorme prioridad para la generación que está entrando en este momento a la fuerza laboral”.

Esa generación ya está transformando la industria de las motocicletas a medida que los “baby boomers” envejecen y dejan de utilizarlas, y son remplazados por motoristas más jóvenes y más mujeres. Cerca del 70 por ciento de los motociclistas milénials están interesados en motocicletas eléctricas, según la encuesta a propietarios de 2018 del Motorcycle Industry Council. Las mujeres, que representan el 20 por ciento de los motociclistas, conforman el 40 por ciento de los propietarios de motocicletas eléctricas.

Como los autos eléctricos, las motos que funcionan con batería conforman cerca del uno por ciento del mercado nacional de nuevos vehículos, pero se espera que el segmento crezca a medida que los precios de las baterías se reduzcan junto con el precio total. En la actualidad cuestan un 50 por ciento más que sus contrapartes a gasolina, pero se tiene previsto que para el 2025 alcancen paridad de precios.

En vez de utilizar cloruro de polivinilo, el asiento se fabrica con “cuero” vegano a partir de piña, mango, maíz u otras fibras de origen natural.  (Ben Sklar/The New York Times)
En vez de utilizar cloruro de polivinilo, el asiento se fabrica con “cuero” vegano a partir de piña, mango, maíz u otras fibras de origen natural. (Ben Sklar/The New York Times)

Brammo, Alta Motors, Mission Motorcycles. Los últimos 12 años han estado plagados de emprendimientos fallidos de motocicletas eléctricas, pero Kravtchouk está apostando a que la nueva generación de compradores motoristas quieran productos basados en la sustentabilidad en vez de la conveniencia.

El diseño modular es un factor importante. Al igual que muchas motocicletas eléctricas, la Tarform está limitada por la tecnología actual en baterías. Por ahora, la Tarform puede viajar unos 144 kilómetros por carga.

“Si en tres años sale un nuevo paquete de baterías con una densidad energética mucho mayor, podrás simplemente cambiarla, y de pronto tendrás de un 50 a un 100 por ciento más alcance”, afirmó Kravtchouk. “Eso tiene mucho más sentido que estar sacando nuevos modelos y obligando a las personas a desechar algo que aún se puede usar perfectamente”.

Después de todo, el planeta no tiene recursos ilimitados.

© The New York Times 2020

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