Se acerca un futuro sin dinero en efectivo

Por Liz Alderman

(Elliott Verdier/The New York Times)
(Elliott Verdier/The New York Times)

PARÍS — Un domingo normal, los clientes de la quesería de Julien Cornu iban a comprar el queso camembert y de cabra para la semana, y cerca de la mitad de ellos buscaban en sus bolsillos los billetes y las monedas.

No obstante, en la era del coronavirus, el dinero en efectivo ya no está de moda en La Fromagerie, puesto que las exigencias del distanciamiento social y la preocupación por la higiene inducen a casi todos los que pasan por su puerta a pagar con plástico.

La gente está usando tarjetas y medios de pago sin contacto porque no desea tener que tocar nada”, comentó Cornu, mientras los compradores con cubrebocas hacían fila a un metro de distancia antes de acercarse a la caja y pasar su tarjeta por un lector.

Pese a que todavía se acepta dinero en efectivo, incluso los compradores de mayor edad —su clientela más reacia cuando se trata de adoptar hábitos relacionados con la tecnología digital— están cambiando su método de pago de manera voluntaria.

De todas maneras, como los consumidores urbanos pagaban cada vez más con aplicaciones y tarjetas incluso las compras más pequeñas, el dinero en efectivo ya estaba siendo superado en muchos países. Pero el coronavirus está acelerando el cambio hacia un futuro sin dinero en efectivo, haciendo que los comerciantes realicen nuevos cálculos y enriqueciendo la industria de los pagos digitales.

El temor ante la transmisión de la enfermedad ha hecho que los consumidores reconsideren la forma en que compran y pagan. Los comercios y los restaurantes prefieren las transacciones digitales al efectivo para reducir la exposición de sus empleados al virus. El banco central de China esterilizaba los billetes en las regiones afectadas por el virus. Y desde India hasta Suiza, pasando por Kenia, los gobiernos y las Naciones Unidas están promoviendo los pagos sin el uso de dinero en efectivo por razones de salud pública.

“Es hora de cambiar las monedas por tarjetas de pago, las cuales son más seguras para contener el coronavirus”, escribió en Twitter Valdis Dombrovskis, vicepresidente de la Comisión Europea para los servicios financieros, cuando Europa impuso las cuarentenas.

(REUTERS/Philippe Wojazer/File Photo)
(REUTERS/Philippe Wojazer/File Photo)

Desde luego, el dinero en efectivo no está muerto. Antes de la pandemia, se usaban billetes y monedas para el 80 por ciento de las transacciones en Europa, y existen pocas señales de que la pandemia esté a punto de eliminarlo.

Sin embargo, para un número cada vez mayor de personas sensibilizadas por las cuarentenas del COVID-19, el dinero en efectivo es una costumbre que está desapareciendo.

Estamos viviendo un experimento social impresionante a nivel global que está obligando a los gobiernos, a las empresas y a los consumidores a reconsiderar sus modelos de operación y las normas de interacción social”, señaló Morten Jorgensen, director de RBR, una empresa consultora especializada en tecnología bancaria, tarjetas y pagos con sede en Londres.

“Tenemos un mundo en el que existe menos contacto”, afirmó. “Los hábitos de la gente están cambiando”.

Esas dinámicas están generando una oportunidad de oro para las empresas de tarjetas de crédito, bancos y plataformas digitales, las cuales están capitalizando la crisis para alentar a los consumidores y a los comerciantes a usar tarjetas y aplicaciones para celulares que producen lucrativas comisiones. Según la Asociación de Minoristas Británicos, tan solo en el Reino Unido los comerciantes pagaron 1300 millones de libras esterlinas (unos 1700 millones de dólares) en comisiones a terceros en 2018, 70 millones de libras esterlinas más que el año anterior.

Las empresas de procesamiento y pagos como PayPal (cuyas acciones subieron cerca del 55 por ciento este año) y Adyen, con sede en los Países Bajos (que subieron un 72 por ciento), también esperan obtener beneficios. Lo mismo sucedió con las compañías encargadas de prevención de fraudes y análisis de datos y las empresas que permiten que los vendedores acepten pagos con tarjeta.

Julien Cornu, propietario de La Fromagerie, exhibe sus quesos en la tienda, donde ahora cada vez más clientes pagan con plástico, en París, el 18 de junio de 2020. (Elliott Verdier/The New York Times)
Julien Cornu, propietario de La Fromagerie, exhibe sus quesos en la tienda, donde ahora cada vez más clientes pagan con plástico, en París, el 18 de junio de 2020. (Elliott Verdier/The New York Times)

En las ventas por internet está aumentando el impulso de esta tendencia porque los consumidores que se quedan en casa recurren a las herramientas digitales para adquirir artículos básicos. En abril, 40 millones de consumidores recurrieron a internet para comprar comestibles en Estados Unidos. Según McKinsey & Co., en Italia, donde se usa más el dinero en efectivo, el volumen de las transacciones en el comercio electrónico ha aumentado más del 80 por ciento.

Los emisores de tarjetas de crédito están manteniendo ese ímpetu para, junto con los bancos y los gobiernos, elevar los límites de los pagos sin contacto que evitan que los compradores tengan que tocar un teclado.

El límite de 20 euros (unos 23 dólares) a las compras, que originalmente tenía como objetivo evitar posibles robos al poder comprar grandes cantidades con una tarjeta robada o hackeada, se elevó a 50 euros o más en Francia y otros países durante la cuarentena, lo que tentó a los compradores a aumentar la cantidad y el valor de sus compras.

Visa reportó un aumento de pagos sin contacto para artículos básicos en el Reino Unido luego de que los límites subieron en ese país y un 100 por ciento de aumento en Estados Unidos en comparación con el año anterior. Visa afirmó que había trabajado con los gobiernos de Grecia, Irlanda, Malta, Polonia y Turquía para elevar los límites de pagos sin contacto en esos países.

Las empresas de tarjetas no revelan cuáles son sus ganancias por comisiones, pero Jorgensen, de RBR, señaló que era probable que los emisores obtuvieran una ganancia muy buena. El año pasado, la Comisión Europea impuso un límite del 0,2 por ciento a las comisiones de intercambio en Europa para transacciones con tarjetas de débito y del 0,3 por ciento para transacciones con tarjetas de crédito después de una batalla legal con Visa y Mastercard. Pero el creciente volumen de compras sin dinero en efectivo ayuda a compensar el déficit, señaló.

En L’Entrepôt Saint-Claude, una cafetería ubicada cerca de la quesería, el propietario Emmanuel Mades esperaba que los límites más elevados de pagos sin contacto incrementaran las comisiones que paga por el uso de tarjeta. Desde que volvió a abrir el restaurante a principios de junio, el 90 por ciento de todas las facturas se pagan con tarjeta, una gran diferencia en comparación con el 75 por ciento que registraba antes de que Francia entrara en cuarentena a mediados de marzo.

(REUTERS/Jason Redmond)
(REUTERS/Jason Redmond)

En ese entonces, Mades estaba pagando cerca de 300 euros al mes en comisiones por tarjeta. Ahora que más personas prefieren pagar con tarjetas sin contacto, incluso para compras más pequeñas, es probable que sus gastos “aumenten de manera significativa”, comentó.

No existe evidencia médica de que el dinero transmita el virus. Sin embargo, “las percepciones de que el dinero pueda propagar los patógenos podrían cambiar el comportamiento de pago por parte de los usuarios y de las empresas”, afirmó el Banco de Pagos Internacionales en un estudio reciente sobre el efecto del COVID-19 en el uso del dinero en efectivo.

Las autoridades que gestionan las divisas del mundo afirman que son muchos los peligros de eliminar por completo el efectivo. En la Suecia de los avances tecnológicos, el dinero en efectivo ha estado desapareciendo tan rápido que el Parlamento y el Banco Central les pidieron a los bancos comerciales que mantuvieran en circulación los billetes y las monedas mientras se determinaba lo que implicaría un futuro sin dinero en efectivo.

Las organizaciones de consumidores advierten que la gente vulnerable corre el peligro de ser marginada. Muchas personas de bajos ingresos y pensionadas, así como algunos inmigrantes y personas con discapacidades, tienen poco o nulo acceso a los pagos electrónicos y son excluidos cada vez más a medida que los bancos hacen recortes en cajeros automáticos y servicios de atención al cliente.

Los bancos centrales están analizando si las monedas electrónicas pueden remplazar al dinero en efectivo. El Banco de Suecia está probando la versión piloto de una corona digital, o electrónica, que podría conservar las funciones de una moneda respaldada por el Estado.

En algunas economías, el efectivo todavía es importante porque sigue proporcionando un beneficio y una utilidad”, señaló John Velissarios, de Accenture, misma que está ayudando a gestionar el proyecto del Banco de Suecia. “Ahí es donde se torna interesante el concepto de algunas cosas como el dinero digital del banco central”.

Aunque falta mucho para que existan euros y dólares virtuales, es poco probable que haya un retroceso en el cambio de actitud sobre el dinero en efectivo como resultado de la pandemia.

“El efectivo no va a desaparecer”, comentó Jorgensen. “Pero seguirá disminuyendo… y el COVID está acelerando esa tendencia”.

*Copyright: 2020 The New York Times Company

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