Hay tres cosas que debemos hacer para que la gente use cubrebocas

Por Angela Duckworth, Lyle Ungar y Ezekiel J. Emanuel

IMAGEN DE ARCHIVO — Vendedores ofrecen cubrebocas en la calle en Bushwick, Brooklyn el 7 de mayo de 2020. (Brittainy Newman/The New York Times)
IMAGEN DE ARCHIVO — Vendedores ofrecen cubrebocas en la calle en Bushwick, Brooklyn el 7 de mayo de 2020. (Brittainy Newman/The New York Times)

Hasta ahora, Hong Kong ha reportado un gran total de cuatro muertes relacionadas con el coronavirus, mientras que en la ciudad de Nueva York se han registrado 20.000 decesos.

A continuación otra comparación sorprendente: desde principios de febrero, casi un 99 por ciento de los residentes de Hong Kong usa cubrebocas, para evitar la propagación del virus. Según una encuesta de Gallup de mediados de abril, solo una tercera parte de los estadounidenses dice que siempre usa cubrebocas o tela para cubrirse el rostro al salir de casa. Otra tercera parte de los estadounidenses usa cubrebocas en público y una tercera parte nunca lo hace.

La adopción universal del uso de cubrebocas no es la única diferencia entre Hong Kong y Estados Unidos y no sustituye el distanciamiento social, el lavado de manos ni otras prácticas preventivas. No obstante, cubrirse la boca, incluso con una bufanda, pañuelo o una camiseta vieja y dos ligas, se considera, de manera generalizada, de suma importancia para detener la propagación del nuevo coronavirus.

Aun así, el cumplimiento del uso de cubrebocas de este lado del Pacífico ha sido desigual. Esto resulta preocupante sobre todo en espacios cerrados y abarrotados como los subterráneos y los autobuses, las tiendas de alimentos y las oficinas donde no es posible mantener una distancia de 1,8 metros entre una persona y otra ni evitar la tos y los estornudos involuntarios.

La vía más evidente para que el uso de cubrebocas sea universal es promulgar leyes y castigar la violación de esta medida. Sin embargo, hacer cumplir los decretos de usar cubrebocas en público puede ser difícil y costoso, y en medio de una ambivalencia generalizada puede motivar una respuesta negativa e incluso violencia. Así que los mandatos no son una solución completa.

Como expertos en salud pública y comportamiento humano, proponemos una estrategia complementaria: hacer que el uso de cubrebocas sea sencillo, comprensible y esperado.

De laborioso a sencillo: ¿dónde se pueden conseguir cubrebocas? Se pueden buscar por internet, ahora puedes comprarlos en farmacias y sí, puedes elaborarlos por tu cuenta. Pero ninguna de esas opciones deja de ser laboriosa.

Imaginen si todas las ciudades y poblaciones de Estados Unidos tuvieran a un Adrian Cheng, el desarrollador inmobiliario de Hong Kong que estableció una línea de fabricación en una de sus propiedades vacías y puso cubrebocas al alcance de las personas necesitadas mediante máquinas expendedoras diseñadas específicamente para ese fin. Poco después, el gobierno de Hong Kong instaló un sitio web en el que cualquier familia puede registrarse para que se le entreguen cubrebocas reutilizables de manera gratuita. O pensemos en Utah, donde los residentes también pueden registrarse en línea y recibir un cubrebocas de tela gratis por correo. Cuanto más baratos y fáciles de encontrar sean los tapabocas, más fácil será para los estadounidenses tener acceso a ellos y más probable será que los tengan y los usen.

De confuso a comprensible: no hace mucho, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y el cirujano general de Estados Unidos explicaban al pueblo estadounidense por qué no debería usar cubrebocas. Esa recomendación cambió una vez que quedó claro que la gente infectada de coronavirus puede propagarlo incluso antes de saber que está enferma y, por lo tanto, usar un cubrebocas reduce la posibilidad de infectar a otros. Dado que es difícil que la gente actualice sus creencias una vez que ha recibido un mensaje, no sorprende que la desinformación y las noticias obsoletas continúen diseminándose en las cámaras de eco de las redes sociales.

Por desgracia, con frecuencia es más fácil insistir en algo que cambiar de opinión, lo cual nos hace defender nuestra postura original y descartar nueva información para justificar nuestro comportamiento. Por ende, puede ser útil ofrecer justificaciones para que la gente cambie de opinión sin parecer hipócrita. Por ejemplo, los servidores públicos pueden enfatizar que al comienzo de la crisis, nadie sabía lo importante que era usar cubrebocas cuando no se tienen síntomas, y que cada día, hay nueva evidencia científica que demuestra la eficacia del uso de cubrebocas en la lucha contra el coronavirus.

De inusual a esperado: los seres humanos, por naturaleza, nos apegamos a las normas sociales. Cuando no estamos seguros de qué hacer solemos ver a nuestro alrededor y copiar lo que los demás hacen. Por ejemplo, si estuvieran en Hong Kong en este momento, incluso si no estuvieran al tanto del mandato de salud pública de usar cubrebocas, es muy probable que imitaran a todos a su alrededor y lo usaran.

¿Cómo crear una norma social sobre el uso de cubrebocas cuando, de hecho, tantos estadounidenses están haciendo exactamente lo contrario? Un error habitual es señalar el incumplimiento. Por ejemplo, recalcar el acto de tirar basura en cualquier parte como un problema común sin querer puede conducir a más contaminación porque fortalece la percepción de que tirar basura en la calle es la norma. En cambio, en comunicados de prensa y anuncios del servicio público, los funcionarios deben enfatizar que la tendencia evidente en este país se inclina hacia el uso generalizado de cubrebocas.

Según un estudio reciente de Qualtrics, la mayoría de los estadounidenses encuestados ahora dice que no regresará a la oficina salvo que su empresa haga obligatorio el uso de tapabocas. Y, en abril, en tan solo una semana, el porcentaje de estadounidenses que dijo usar un cubrebocas fuera de su casa aumentó más de la mitad.

Los modelos a seguir de alto nivel también establecen las normas. Las celebridades y los atletas profesionales pueden contribuir publicando fotografías sobre el uso de cubrebocas en público. Y para contrarrestar la naturaleza politizada del tema, aplaudamos a los líderes que utilicen cubrebocas, ya sean de derecha o de izquierda. Bravo por Melania Trump que publicó una fotografía en la que llevaba un tapabocas y aplausos, también, a Nancy Pelosi que usó una pañoleta para cubrirse la boca y la nariz en el pleno de la Cámara de Representantes.

La historia de los cubrebocas en Estados Unidos sigue escribiéndose. Puede que no tengamos la sabiduría que Hong Kong ha adquirido sorteando otras epidemias, pero no es demasiado tarde para aplicar los tres principios básicos de la ciencia del comportamiento: hagámoslo sencillo, comprensible y esperado, y pronto veremos cubrebocas que salvan vidas por todas partes.


Angela Duckworth, fundadora y directora ejecutiva de Character Lab, es miembro del profesorado de Rosa Lee y Egbert Chang en la Universidad de Pensilvania, donde Lyle Ungar es profesor de Cómputo e Informática, y Ezekiel J. Emanuel, autor del libro que saldrá a la venta próximamente, Which Country Has the World’s Best Health Care?, es catedrático de Gestión de Atención Médica, Ética Médica y Políticas de Salud.

(c) The New York Times 2020

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