Arlene Foster, líder del Partido Unionista Democrático, en Derrylin, Irlanda del Norte, el 20 de septiembre de 2019 (Paulo Nunes dos Santos/The New York Times)
Arlene Foster, líder del Partido Unionista Democrático, en Derrylin, Irlanda del Norte, el 20 de septiembre de 2019 (Paulo Nunes dos Santos/The New York Times)

Los enredados detalles del nuevo acuerdo del Brexit del primer ministro Boris Johnson con la Unión Europea están contenidos en 64 páginas de modificaciones al viejo acuerdo de salida, y en una hoja de ruta para las futuras relaciones.

Tras varios días de negociaciones misteriosas, los documentos muestran en qué aspectos difiere el acuerdo de Johnson del realizado por su predecesora, Theresa May, el cual sufrió una serie de derrotas humillantes en la Cámara de los Comunes del Reino Unido.

Estas son las disposiciones que determinarán si el acuerdo de Johnson correrá con la misma suerte. Si el acuerdo se aprueba, moldearán la relación del Reino Unido con otros países europeos para toda una generación.

Un puesto aduanero abandonado en la frontera irlandesa (New York Times)
Un puesto aduanero abandonado en la frontera irlandesa (New York Times)

EL MAYOR OBSTÁCULO: LA FRONTERA IRLANDESA

Para los británicos, el tema más espinoso a la hora de abandonar la UE ha sido la frontera irlandesa, una línea invisible entre Irlanda del Norte, que es parte del Reino Unido, y la República de Irlanda, país miembro de la Unión Europea.

En este momento esa frontera está libre de puestos aduaneros e inspecciones físicas porque ambas regiones, como parte de la UE, están dentro del mismo mercado único y la misma unión aduanera. Eso terminará tras el brexit, que traerá consigo el riesgo de revivir una frontera real que contribuyó a provocar una larga y letal disputa sectaria en la isla.

La solución de May fue el llamado backstop o “salvaguarda irlandesa”. La propuesta era mantener a todo el Reino Unido dentro de la unión aduanera europea, posiblemente de manera indefinida, lo que lo obligaría a imponer los mismos aranceles que los otros países europeos. Además, requería que Irlanda del Norte se apegara aún más a los reglamentos del mercado único europeo.

Eso fue considerado una blasfemia para los defensores de línea dura del brexit y también para los legisladores unionistas norirlandeses, a quienes les importa profundamente el vínculo entre el Reino Unido e Irlanda del Norte y detestan que exista alguna discrepancia en las normas comerciales de ambas.

Así que Johnson intentó encontrar otra solución, lo que básicamente significó acabar con la “salvaguarda irlandesa”, pero adoptar versiones diferentes de algunas de sus características más polémicas.

¿QUÉ REMPLAZA A LA ‘SALVAGUARDA IRLANDESA’?

El plan de Johnson —todavía sin nombre— retirará a todo el Reino Unido de la unión aduanera europea. Eso es una gran victoria para los defensores del brexit, ya que abrirá el camino para que el Reino Unido pueda realizar sus propios acuerdos con otros países, como Estados Unidos.

El plan también debería aliviar a los unionistas de Irlanda del Norte, ya que su región será legalmente parte del territorio aduanero del Reino Unido, lo que les permitirá mantener sus lazos estrechos con el Reino Unido y beneficiarse de sus futuros acuerdos comerciales.

Sin embargo, la única manera de evitar inspecciones a los bienes que pasen de Irlanda del Norte a la República de Irlanda fue que el norte de la isla aplique las reglas y procedimientos de la UE con respecto a los aranceles, los mismos que sigue la República de Irlanda. El acuerdo de Johnson también mantiene a Irlanda del Norte alineada con las reglas del mercado único europeo en materia de productos industriales y agrícolas.

En la práctica, eso significa que, en vez de establecer una frontera en la isla de Irlanda, el Reino Unido deberá crear una en el mar de Irlanda e imponer controles aduaneros y regulatorios para los artículos que lleguen a Irlanda del Norte desde el resto del Reino Unido. Algunos analistas piensan que eso creará de alguna manera una división entre las diferentes partes del Reino Unido, una propuesta que, según May, ningún primer ministro podría consentir.

Johnson ha intentado mitigar los efectos de esa frontera del mar de Irlanda con un sistema de descuentos que contrarrestaría los aranceles más elevados de la UE. Algunos bienes, como los artículos personales transportados por personas que se desplacen entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte, también estarán exentos de los aranceles.

Sin embargo, hasta el momento este nuevo sistema de controles no ha sido del agrado de los legisladores unionistas de Irlanda del Norte, los cuales han rechazado el acuerdo de Johnson y podrían, a la larga, causar la ruina de la propuesta.

Un mercado de ganado en Enniskillen, Irlanda del Norte. Los legisladores unionistas de Irlanda del Norte se han resistido hasta ahora al acuerdo Brexit de Johnson (New York Times)
Un mercado de ganado en Enniskillen, Irlanda del Norte. Los legisladores unionistas de Irlanda del Norte se han resistido hasta ahora al acuerdo Brexit de Johnson (New York Times)

LA ‘SALVAGUARDA IRLANDESA’ PODRÍA DURAR ETERNAMENTE. ¿QUÉ HAY DEL NUEVO PLAN?

Otra objeción importante al backstop de May fue que los líderes electos de Irlanda del Norte, la región más afectada, no tendrían voz en cuanto a las normas comerciales que tendrían que cumplir ni respecto a su duración.

En este punto, Johnson obtuvo una gran concesión de los líderes europeos. El nuevo trato le da al órgano elegido de Irlanda del Norte la oportunidad de opinar sobre los acuerdos y potencialmente rechazar sus obligaciones en general.

Sin embargo, Irlanda del Norte no podrá abandonar las normas comerciales europeas de inmediato. Estas entrarán en vigor al final de un periodo de transición en 2020 y se mantendrán en curso durante cuatro años antes de que cualquier ciudadano de Irlanda del Norte pueda oponerse.

Incluso en ese momento, el Partido Unionista Democrático podría no lograr, por sí solo, sacar a Irlanda del Norte de las regulaciones europeas. (El sistema de votación es complejo, pero los legisladores de los otros partidos de la Asamblea de Irlanda del Norte tendrían que estar de acuerdo). Este jueves, los legisladores unionistas insinuaron que este sería un factor decisivo en contra.

La asamblea podría seguir votando sobre el acuerdo cada cierto número de años y, en el caso de que la asamblea decidiera salirse del acuerdo, las normas comerciales europeas se mantendrían vigentes dos años más para que las partes pudieran intentar encontrar una manera de evitar una frontera “dura”.

¿IGUALDAD DE CONDICIONES? DEJÉMOSLO PARA DESPUÉS

Un importante motivo de preocupación en estas negociaciones han sido tres palabras críticas para el funcionamiento de uno de los mercados únicos más ricos del mundo: igualdad de condiciones. Para los países miembros de la UE, esto significa seguir normas y estándares comunes para los alimentos y las mercancías.

Una vez fuera del bloque, el Reino Unido podría tener la tentación de ignorar esas leyes o diluirlas. Si bien estas leyes están consideradas entre las mejores del mundo para la protección de los consumidores y, cada vez más, del medioambiente, también son bastante estrictas y costosas para las compañías.

Apegarse a la igualdad de condiciones, como May estaba dispuesta a hacer, permitiría al Reino Unido y a la Unión Europea negociar un acuerdo de libre comercio rápidamente y eliminar gran parte del papeleo que vendría con un brexit “duro”.

Pero Johnson ha expresado con claridad no estar interesado en adherirse a las reglas europeas en materia de productos, una postura que ha causado indignación.

El asunto es tan preocupante que el nuevo acuerdo lo omite por completo. El tema de la igualdad de condiciones ha sido relegado a la Declaración Política no vinculante entre las dos partes, lo que significa que podrá ser modificado en el futuro.

Algunos críticos percibieron de inmediato lagunas ambientales y de otros tipos debido a esto que podrían hacer que baje la calidad (y los costos, dirían algunos) de ciertos productos en el Reino Unido.

¿QUÉ LE DEPARA EL FUTURO AL REINO UNIDO Y A LA UNIÓN EUROPEA?

Este podría ser el fin de las negociaciones (¡tal vez!), pero es también el inicio de las conversaciones de un nuevo capítulo en las relaciones del Reino Unido con la Unión Europea. La relación futura será un tema de debate y negociación que probablemente tarde años en cristalizarse.

En una declaración no vinculante conocida como la Declaración Política, ambas partes acordaron “trabajar juntos para salvaguardar el orden internacional basado en reglas, el Estado de derecho y el fomento de la democracia, así como los altos estándares de comercio libre y justo y de derechos laborales, la protección ambiental y al consumidor, y la cooperación contra amenazas internas y externas a sus valores e intereses”.

Un elemento central de esta relación se centrará en la manera en que el Reino Unido comerciará con la UE, que seguirá siendo su socio comercial principal.

Los funcionarios de la UE no han ocultado su deseo de llegar a un acuerdo de libre comercio con el Reino Unido, y el acuerdo político publicado este jueves lo confirma.

“Esta alianza será integral e incluirá un tratado de libre comercio, así como una cooperación sectorial más amplia en los asuntos de mutuo interés para ambas partes”.

Sin embargo, la historia nos ha enseñado que un acuerdo de este tipo podría tardar años en negociarse, y se complicaría aún más si el Reino Unido empieza a apartarse de los estándares europeos en la producción de varias mercancías delicadas.

También habría retrocesos si el entorno mundial se vuelve tan tenso que la UE y el Reino Unido terminen en lados opuestos de algunas disputas, lo que volvería hostiles las conversaciones sobre el comercio.

*Copyright: 2019 The New York Times Company