Guía para padres: cómo hacer que los chicos pierdan el miedo a las vacunas contra el COVID

Al temor habitual frente a las inyecciones se suma la incertidumbre de la pandemia. Cómo acompañarlos antes, durante y después del pinchazo

Según un estudio de 2019 realizado por investigadores de la Universidad de Michigan, más del 60% de los niños de 10 años o menos tienen miedo a las agujas (Getty)
Según un estudio de 2019 realizado por investigadores de la Universidad de Michigan, más del 60% de los niños de 10 años o menos tienen miedo a las agujas (Getty)

Quien tenga un hijo o pueda hacer uso de la imaginación, podrá ponerse en el lugar de una madre o un padre que debe llevar a su pequeño a cumplir con las citas que prevé el calendario de vacunación. Sabe que es por su bien, que es necesario, pero no por eso resulta menos penoso el trance en el que una de las personas en las que el menor más confía en el mundo lo exponga a esa situación.

Una vez en el consultorio médico, “no te va a doler”, “es sólo un pinchacito”, “es como un mosquito” suele decir el vacunador. El niño muchas veces llora o se resiste. La imagen mental puede ser suficiente para hacer que un padre se pregunte si realmente vale la pena hacerlos atravesar ese momento.

Jody Thomas es la directora ejecutiva de la Fundación Meg, una organización estadounidense sin fines de lucro que capacita a las familias con estrategias, habilidades y apoyo para el manejo, la prevención y la reducción del dolor y llama a esta preocupación “el miedo a la locura”. Aunque es normal, la experta resaltó que es importante ayudar a los niños a recibir las vacunas que recomiendan sus médicos.

En el caso de la vacuna contra el coronavirus, Thomas dijo que es particularmente crucial que los padres ayuden a sus hijos a superar el nerviosismo, según publicó The Washington Post.

Es que los esquemas de dos dosis de la formulación de Pfizer autorizada en los EEUU recientemente para menores de 5 a 11 años, así como la Sinopharm que se aplica en la Argentina desde los tres años, obliga a tener que regresar a los 21 días por un segundo pinchazo. “Entonces, la inversión para hacer que esa primera experiencia sea buena es increíblemente importante porque queremos que esos niños reciban esa segunda vacuna”, señaló la especialista.

Qué hacer antes de la vacunación

Independientemente del nivel de miedo de un niño, en la previa, la honestidad y una actitud positiva son la clave (Getty)
Independientemente del nivel de miedo de un niño, en la previa, la honestidad y una actitud positiva son la clave (Getty)

Según un estudio de 2019 realizado por investigadores de la Universidad de Michigan, más del 60% de los niños de 10 años o menos tienen miedo a las agujas, por lo cual el primer paso es reafirmarles que está perfectamente bien tener miedo.

Para muchos, ese miedo es leve. Pero algunos niños tienen fobias graves que pueden obligarlos a evitar la atención médica durante años si no se tratan, dijo Katie Birnie, psicóloga clínica del departamento de ciencias de la salud comunitaria de la Universidad de Calgary. “Los terapeutas pueden ayudar a esos niños a través de pasos graduales, como hablar sobre las agujas, luego mirar fotos de las agujas y luego ver videos de niños que tienen una buena experiencia al vacunarse”, sostuvo, al tiempo que agregó: “A veces los niños piensan que la aguja es mucho más grande, o pueden tener pensamientos atemorizantes tales como ‘tal vez la aguja atraviese mi brazo’ o ‘tal vez se rompa en mi brazo’”.

Independientemente del nivel de miedo de un niño, en la previa, la honestidad y una actitud positiva son la clave. Los padres deben decirles a sus hijos qué esperar, con más anticipación para los niños mayores y más cerca de la cita para los niños más pequeños, y evitar palabras potencialmente aterradoras como “inyecciones” y “empujones”. En cambio, los especialistas aseguran que los padres deberían decir que las vacunas duelen por un segundo pero ayudan a mantenerlos saludables. Los niños más pequeños también pueden jugar con botiquines médicos de juguete para familiarizarse con los aparatos médicos.

Hacer un plan con anticipación también puede ayudar. Los niños pueden decidir dónde quieren sentarse en el vacunatorio, qué video quieren ver como distracción y qué tipo de recompensa quieren obtener después. “Las opciones hacen que los niños se sientan empoderados”, dijo Thomas.

“El gran énfasis es que ellos tienen el control y pueden tomar decisiones que los ayuden a sí mismos -agregó-. El resto de nosotros estamos aquí para ser su equipo de apoyo y ayudarlos”.

Durante el turno en el vacunatorio

Los expertos recomiendan que nunca se debe sujetar a los niños durante los procedimientos médicos; en cambio, los padres deben sostener al niño de una manera que lo mantenga cómodo, calmado y lo suficientemente estable (Getty)
Los expertos recomiendan que nunca se debe sujetar a los niños durante los procedimientos médicos; en cambio, los padres deben sostener al niño de una manera que lo mantenga cómodo, calmado y lo suficientemente estable (Getty)

“Los padres deben asegurarse de que sus hijos sepan cuál es su trabajo, ya sea sentarse quietos, respirar profundamente o ayudar a elegir un tratamiento posterior a la vacunación”, recomendó Birnie, a lo que agregó que “si un niño está particularmente asustado, los padres deben informar al médico o vacunador para que puedan administrar la vacuna al principio de la cita sin mucha demora y superar la situación”.

Puede ser útil que el niño traiga ciertas pertenencias para su comodidad, como una manta o un osito de peluche, o para distraerse, como un libro. Se pueden usar cremas anestésicas de venta libre o recetadas para reducir la sensibilidad en el lugar de la futura inyección.

Los expertos dijeron que nunca se debe sujetar a los niños durante los procedimientos médicos porque hacerlo puede ser traumático. En cambio, los padres deben sostener al niño de una manera que lo mantenga cómodo, calmado y lo suficientemente estable como para recibir la inyección.

Los padres también pueden alentar a sus hijos a respirar profundamente o incluso a gritar, gritar o toser cuando se vacunen. “Algunas investigaciones sugieren que los cerebros humanos sólo pueden decodificar cierta información y pueden distraerse del dolor compitiendo con datos sensoriales”, aseguraron los expertos.

Y aunque la gente a menudo piensa que darles a sus hijos analgésicos para aliviar el dolor o los síntomas posteriores de antemano ayudará, Birnie dijo que no se recomienda hacerlo.

“Una de las cosas más importantes que les decimos a los padres es que su propia ansiedad va a ser un gran predictor de la ansiedad de sus hijos”, dijo Thomas, para quien, como se decía más arriba “si bien el estrés es contagioso, también lo es la calma”.

Después de la vacunación

Lo primero es lo primero. Y lo prometido es deuda: sin demora los niños deben recibir su recompensa por haber soportado la vacunación. Además de reforzar la valentía, esperar una golosina también puede darles a los niños algo en lo que concentrarse durante los momentos difíciles del proceso.

No importa cómo transcurra la experiencia, Thomas dijo que los padres deben elogiar a sus hijos por lo que salió bien y hablar con ellos sobre lo que quieren hacer de manera diferente la próxima vez. Con las vacunas recomendadas durante toda la vida de las personas, inevitablemente habrá oportunidades para volver a intentarlo.

Creo que apoyar a los niños para que tengan una experiencia positiva con la vacuna COVID realmente los prepara para la vida -concluyó Birnie-. Esta es la preparación para la vida”.

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