
No hace falta ser maratonista ni lograr récords de velocidad; ni siquiera hacerlo todos los días. Correr es tan bueno para la salud que incluso si se hace sólo una vez por semana y a paso lento y por distancias no muy largas reduce el riesgo de muerte temprana. En una comparación entre personas que corrían con otras que eran sedentaria, un estudio publicado en el British Journal of Sports Medicine (BJM-S) estableció que el ejercicio reducía en un 27% el peligro de morir prematuramente por distintas causas.
La buena noticia para los numerosos adultos a los que les cuesta encontrar tiempo para hacer actividad física —correr algo, aunque sea poco, es significativamente mejor que no correr en absoluto— agrega pruebas al debate científico sobre si correr mejoraría la salud en general de la población o no. “Algunos estudios encontraron beneficios importantes, pero otros no”, dijo a Science News Željko Pedišić, investigador de salud pública de Victoria University en Melbourne, Australia, y uno de los autores del trabajo.

Pedišić y sus colegas reunieron y reorganizaron la información de 14 estudios conflictivos anteriores, que en total llevaron un registro de 232.249 participantes, sus hábitos de actividad física y la evolución de su salud desde un mínimo de cinco a un máximo de 35 años. El mata-análisis halló que un total de 25,951 habían muerto durante las investigaciones, y a partir de allí buscaron asociaciones estadísticas entre correr y riesgo de muerte en general y en particular por enfermedad cardiovascular y cáncer.
Según detalló un comunicado de BJM, el impacto de correr se traduce en una reducción notable del riesgo de muerte: 27% en general, 30% por enfermedad cardiovascular y 23% por cáncer. “Incluso ‘pequeñas dosis’, por ejemplo, una vez por semana o menos, con una duración de menos de 50 minutos y a una velocidad de menos de 8 km/h parecían estar asociadas con beneficios significativos de salud y longevidad”.

Por ahora no se sabe cuál es el mecanismo subyacente que produce el fenómeno, ni tampoco por qué incrementar la cantidad de sesiones, su duración o la velocidad del trote no mejoran aún más las cifras. “Pero no encontrar una tendencia no significa que esa tendencia no exista”, dijo Pedišić, quien continuará con la investigación.
Lo destacable, subrayó, es que cualquiera sea la cantidad de actividad física que un adulto pueda incluir en su rutina, es algo comprobadamente beneficioso.
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