
Los zoólogos y biólogos que estudian las aves han intentado responder a preguntas tales como dónde vive cada especie y por qué, cómo se comportan y el origen de esas actitudes y qué tan vulnerables son si sus hábitat se modifican. En función de estas indagaciones han investigado los patrones migratorios, los tamaños de sus cueros y el volumen y tipo de sus alas.
Pero ahora, un estudio liderado por un científico del Museo de Historia Natural de Florida, EEUU, ha comenzado a observar que el tamaño de los ojos de las aves podría acercar respuestas a muchas de esas preguntas.
El autor principal del estudio fue Ian Ausprey, graduado recientemente con un doctorado del Laboratorio de Conservación de Ecosistemas Ordway del Museo de Historia Natural de Florida. El científico notó que no existía un estudio definitivo de cómo el tamaño de los ojos de las aves se relacionaba con su entorno. Entonces, se dispuso a analizar los ojos de casi 3.000 especies de aves. Así logro detectar que el tamaño de los ojos predice el hábitat y su comportamiento. Su investigación se publicó en Proceedings of the Royal Society.
La base del estudio de Ausprey fue el enorme trabajo realizado en la década de 1970 por Stanley Ritland, quien midió el tamaño de los ojos de varios miles de especies de animales. Cuando comparó el tamaño de los ojos de las aves con sus rasgos de comportamiento, descubrió que contienen mucha información sobre la especie.
De esta forma, Ausprey se basó en este recurso elaborado casi 50 años antes para analizar el tamaño de los ojos de 2.777 especies, aproximadamente un tercio de la diversidad de aves del mundo, revelando que este rasgo único predice con más fuerza dónde viven las aves y cómo se comportan que características mejor estudiadas como el tamaño, la anatomía y el movimiento.

La idea inicial del investigador, surgió mientras realizaba un trabajo de campo con colegas en los bosques andinos del Perú. En el transcurso de cinco años, el equipo midió los ojos de las aves peruanas y conectó pequeños sensores de luz a más de una docena de especies de tangaras, pinzones, chochines y pájaros carpinteros para determinar cómo estas aves se enfrentaban al aumento de la fragmentación del bosque debido a la agricultura. Sus resultados fueron preocupantes: las aves con ojos grandes evitaban los campos agrícolas, manteniéndose en hábitats forestales en disminución. Pero los investigadores también podrían usar el tamaño de los ojos para predecir dónde se aparearon y pusieron huevos estas aves y qué estaban comiendo, información valiosa para futuros esfuerzos de conservación.
Tras su análisis de cerca de 3.000 especies, Ausprey detectó, por ejemplo, que las aves que comen insectos tienen ojos grandes que les permiten ver a sus presas desde lejos. Las aves que viven en latitudes y bosques tropicales también tienen ojos grandes que les permiten captar suficiente luz para comer y aparearse. Las aves con ojos más pequeños tienden a pasar más tiempo en el cielo, donde el resplandor del sol puede ser cegador.

De esta forma, pudo determinar cuánto afecta la destrucción del hábitat de esos pájaros, ya que las aves cuyos ojos se han adaptado a los bosques sombreados se ven afectadas por la deforestación, ya que esto hace que el paisaje sea más soleado. Entonces muchas especies se ven obligadas a migrar o a cambiar su comportamiento.
“Las luces brillantes pueden causar algo llamado deslumbramiento por discapacidad”, dijo Ausprey. “Cuando iluminas a las aves, cambian la forma en que se alimentan. También responden de manera diferente a las vocalizaciones de los depredadores experimentales“, dijo.
Las aves con ojos más grandes viven más cerca del ecuador, donde el cinturón de selvas tropicales del planeta crea hábitats oscuros en el sotobosque. Independientemente de la latitud, las aves que cazan o se alimentan más cerca del suelo del bosque tienen ojos grandes para absorber la mayor cantidad de luz posible, mientras que las que pasan más tiempo en el cielo tienen ojos más pequeños para reducir el resplandor.

Dado que muchas aves tropicales tienen ojos grandes, son particularmente vulnerables a la deforestación. Pero la destrucción de la selva tropical avanza a un ritmo vertiginoso: solo en mayo, informó Reuters , un área aproximadamente del tamaño de Los Ángeles había sido destruida en la Amazonía brasileña.
Ahora los conservacionistas tienen otro argumento contra la deforestación: la vulnerabilidad expresada en los ojos de múltiples especies de aves.
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