Lo más importante ocurrió fuera de la Asamblea General de las Naciones Unidas

La Asamblea conserva todavía cierto valor como convocante, pero pierde espacio como ejecutor o resolutor.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, preside una reunión de la coalición política y de seguridad multinacional «Escudo de las Américas», al margen de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, Estados Unidos, el 22 de septiembre de 2026 (Reuters)
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, preside una reunión de la coalición política y de seguridad multinacional «Escudo de las Américas», al margen de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, Estados Unidos, el 22 de septiembre de 2026 (Reuters)
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Algunos de los temas principales en la agenda de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas, llevada a cabo la semana pasada en Nueva York, fueron la seguridad regional, minerales críticos, inversión, cadenas de suministro, Ucrania, Venezuela y la relación entre Estados Unidos y China. Mientras Naciones Unidas reunía a cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno, los anuncios, acuerdos y conversaciones con mayores consecuencias ocurrían en reuniones bilaterales, coaliciones regionales, hoteles y clubs privados.

Cada septiembre, Nueva York se llena de caravanas oficiales, discursos solemnes y lemas que pocos recuerdan tan solo días después. Este año, la Asamblea General eligió uno especialmente revelador: “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que generen resultados para todos”. La formulación admite el problema: no es un buen momento para el multilateralismo.

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Y, sin embargo, la semana demostró que la diplomacia no ha perdido efectividad. Lo que ha cambiado son los espacios, los actores y las fórmulas utilizadas para producir resultados.

El día de la apertura de la Asamblea, el Escudo de las Américas, liderado por Estados Unidos y que reúne a otros 15 países de la región, anunció en Nueva York nuevas acciones contra las organizaciones narcoterroristas: congelamiento de activos, restricciones migratorias y de visas y persecución penal para quienes proporcionen apoyo material o logístico a esas organizaciones. También se planteó cooperación en inteligencia, tecnologías de seguridad, inversiones, minerales críticos e infraestructura digital.

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Un día después, Estados Unidos y Argentina anunciaron el Corredor Andes-Atlántico, diseñado para conectar las zonas de minerales críticos del noroeste argentino con puertos del Atlántico y mercados occidentales. Es el primer corredor del Partnership for Global Infrastructure and Investment establecido en el hemisferio occidental. El Banco de Exportaciones e Importaciones de los Estados Unidos (EXIM) y el gobierno argentino presentaron un marco de financiamiento que podría movilizar hasta USD 7.000 millones de aquí al próximo año para sectores prioritarios, entre ellos energía, minerales críticos, transporte y conectividad digital.

Durante años, una de las preguntas recurrentes en América Latina y el Caribe fue cuál sería la respuesta occidental a la expansión china. El corredor argentino apunta a una respuesta clara y competitiva. Washington lo presenta además como una manera de fortalecer cadenas de suministro confiables y abrir espacio a tecnología, equipos y empresas de Estados Unidos.

Perú ofreció otra imagen poderosa de la semana. La presidenta Keiko Fujimori tocó el jueves la campana de cierre de la Bolsa de Nueva York, el mercado de valores más grande del mundo, y utilizó la ocasión para invitar a inversionistas internacionales al país. Destacó la estabilidad cambiaria, los USD 100.000 millones en reservas internacionales y una meta de déficit fiscal del 1,8 % del PIB. También vinculó el mensaje económico con la reciente incorporación peruana al Escudo de las Américas.

Seguridad, estabilidad macroeconómica e inversión aparecen cada vez más conectadas en la agenda regional y, particularmente, entre los aliados de Estados Unidos en el hemisferio.

Sobre Ucrania, otro de los temas centrales de la agenda internacional, los presidentes Donald J. Trump y Volodímir Zelenski discutieron las posibilidades de avanzar hacia una salida negociada y la propuesta de una tregua sobre infraestructura energética. Unos días antes, el presidente Trump había aprobado una nueva ley que incluye sanciones adicionales contra Rusia e Irán. La combinación de presión económica, apoyo defensivo y negociación refleja la estrategia con la que Washington busca abrir espacio para una salida al conflicto.

Venezuela, por su parte, fue uno de los temas incómodos de la semana. Delcy Rodríguez, encargada interina del gobierno venezolano tras la captura de Nicolás Maduro en enero, viajó a Nueva York en medio del acercamiento que Estados Unidos y su país han desarrollado recientemente. Las reuniones con el Presidente Trump y otros jefes de estado y organismos multilaterales reflejan una realidad antigua de la política exterior: establecer relaciones con un gobierno no equivale necesariamente a aprobarlo o legitimarlo. Esa ha sido también la línea de los interlocutores que insisten en la necesidad de elecciones y transición en Venezuela mientras Estados Unidos desarrolla el esquema anunciado por el secretario de Estado Marco Rubio.

Interesantemente, mientras que los jefes de Estado y de Gobierno se congregaban en Nueva York, otra relación decisiva para el orden internacional ocupaba la atención en Washington. El presidente chino Xi Jinping llegó a Estados Unidos para una Visita de Estado y nuevas conversaciones con el presidente Trump. Comercio, inteligencia artificial y cadenas de suministro estuvieron entre los temas de debate. Las conversaciones buscaron, entre otros objetivos, prolongar la tregua comercial y mantener abiertos los canales directos entre las dos mayores economías del mundo. El presidente Xi no viajó a Nueva York para asistir a la Asamblea General, a pesar de estar en Estados Unidos esa misma semana. Fue directamente a reunirse con el Presidente Trump en la Casa Blanca.

Fue, en definitiva, una semana importante para las relaciones internacionales. Y nos dejó una imagen bastante clara de las transformaciones en curso. La Asamblea General conserva todavía cierto valor como convocante, pero pierde espacio como ejecutor o resolutor. Las grandes potencias negocian bilateralmente. Los países con intereses comunes forman coaliciones. Los bancos de desarrollo y las agencias financieras estructuran proyectos. Los presidentes buscan inversionistas. Y los conflictos avanzan o retroceden en conversaciones que no necesariamente se replican en las intervenciones públicas.

* El autor es empresario, estratega político y exdirector de Políticas Públicas de la Casa Blanca. Es el Director Fundador del Adam Smith Center for Economic Freedom de la Florida International University.

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