Un mundo que necesita cooperar no puede darse el lujo de excluir

Taiwán, América Latina y el desafío de restaurar la confianza internacional

A Taiwan flag flutters in Taipei, Taiwan, May 12, 2026. REUTERS/Ann Wang
A Taiwan flag flutters in Taipei, Taiwan, May 12, 2026. REUTERS/Ann Wang
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¿Qué tienen en común una emergencia sanitaria, una catástrofe natural y el desarrollo de la inteligencia artificial? Que ninguno de estos desafíos puede resolverse de manera aislada. Todos requieren conocimientos compartidos, cooperación internacional y confianza.

Sin embargo, mientras el mundo busca respuestas colectivas, Taiwán, una sociedad democrática de más de 23 millones de habitantes, con una amplia experiencia en tecnología, salud pública y gestión de desastres, sigue sin poder participar plenamente en el sistema de las Naciones Unidas.

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Esta realidad invita a reflexionar sobre una pregunta fundamental: ¿cómo podemos construir un mundo más seguro, inclusivo y próspero si dejamos fuera de los espacios de cooperación a quienes tienen mucho para aportar?

La pregunta adquiere especial relevancia durante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, que se celebra bajo el lema “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que respondan a las necesidades de todos”.

La cooperación comienza con las personas

Para países como Argentina, los grandes desafíos globales se traducen en necesidades muy concretas: cómo incorporar nuevas tecnologías a la producción, mejorar los servicios de salud, preparar a las comunidades frente a desastres naturales y ofrecer mejores oportunidades a las nuevas generaciones.

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Son precisamente ámbitos en los que Taiwán ha desarrollado experiencias y capacidades que pueden compartirse.

Nuestra fortaleza en semiconductores y tecnologías avanzadas es ampliamente conocida. Pero Taiwán es mucho más que eso. Contamos con un sistema de salud de cobertura prácticamente universal, experiencia en prevención y respuesta ante desastres, y una sociedad que apuesta por la educación, la innovación y el desarrollo del talento humano.

Durante una reciente visita a la provincia de La Rioja, tuve la oportunidad de conversar con autoridades, empresarios, docentes y estudiantes sobre las posibilidades de ampliar nuestra cooperación en educación, tecnología y desarrollo local.

Más allá de las distancias geográficas, encontré aspiraciones que compartimos: brindar mejores oportunidades a los jóvenes, fortalecer las capacidades locales y transformar el conocimiento en bienestar para nuestras comunidades.

Este año, 47 estudiantes, docentes e investigadores de Argentina y Uruguay obtuvieron distintas becas de Taiwán para continuar sus estudios, realizar investigaciones o aprender chino mandarín.

Cada uno de ellos representa mucho más que un intercambio académico. Es una oportunidad para construir vínculos duraderos, compartir conocimientos y abrir nuevas puertas de cooperación entre nuestras sociedades.

Estas experiencias nos recuerdan que las relaciones internacionales no se construyen únicamente mediante grandes acuerdos. También crecen cuando un joven accede a una beca, un profesional adquiere nuevas capacidades o una comunidad encuentra soluciones para mejorar su calidad de vida.

Una cuestión de representación con consecuencias concretas

La exclusión de Taiwán del sistema de las Naciones Unidas está vinculada con la interpretación de la Resolución 2758 de la Asamblea General, aprobada en 1971.

Es importante recordar qué establece este documento: aborda la cuestión de la representación de China en la ONU. El texto no menciona a Taiwán en absoluto, no determina su estatus político ni aborda su participación en el sistema de ONU.

No obstante, China ha conspirado para vincular la resolución 2758 con su denominado “ principio de una sola China” y utilizar dicha resolución para bloquear la participación de Taiwán en la ONU y en otras organizaciones internacionales. Si no se le pone freno, esta distorsión podría sentar un peligroso precedente y servir de pretexto para futuras acciones militares en el estrecho de Taiwán.

La República Popular China nunca ha gobernado Taiwán, que cuenta con su propio gobierno democrático y sus propias instituciones. Este es un hecho indiscutible.

Sin embargo, la exclusión de Taiwán de los mecanismos internacionales no es solamente una cuestión diplomática o jurídica: tiene consecuencias concretas para la vida de las personas.

Cuando Taiwán enfrenta obstáculos para participar en mecanismos internacionales de salud, aviación civil o cooperación frente al cambio climático, también se limitan las oportunidades de intercambiar información, conocimientos y experiencias que podrían beneficiar a otras sociedades.

La participación significativa de Taiwán no busca restar espacio a nadie. Busca ampliar las posibilidades de cooperación para todos.

La paz en el estrecho de Taiwán también importa al mundo

En un escenario internacional marcado por la incertidumbre, la paz y la estabilidad son condiciones esenciales para el desarrollo.

El estrecho de Taiwán es una vía fundamental para el comercio marítimo y las cadenas de suministro internacionales. Cualquier alteración de su estabilidad puede tener consecuencias que trascienden ampliamente las fronteras de Asia.

Argentina y Taiwán, aunque distantes geográficamente, forman parte de una economía mundial cada vez más interconectada. La producción agroindustrial, el comercio, la tecnología y la innovación dependen de un entorno internacional estable y previsible.

Taiwán mantiene su compromiso con la preservación del status quo y la resolución pacífica de las diferencias. Creemos que la paz debe sostenerse mediante el diálogo, la responsabilidad y el rechazo a la amenaza o al uso de la fuerza.

Al mismo tiempo, queremos seguir contribuyendo a la comunidad internacional mediante nuestras capacidades en tecnología, salud pública, educación y desarrollo sostenible.

Restaurar la confianza significa incluir

Las Naciones Unidas nacieron con la aspiración de promover la paz, la cooperación y la dignidad humana. Ocho décadas después, esos principios siguen siendo necesarios para enfrentar desafíos que ningún país puede resolver por sí solo.

La confianza en las instituciones internacionales no se construye solamente mediante declaraciones. Se fortalece cuando las personas comprueban que la cooperación produce resultados concretos y que nadie queda excluido de las oportunidades de contribuir.

La participación significativa de Taiwán en los mecanismos pertinentes del sistema de las Naciones Unidas permitiría aprovechar mejor la experiencia y las capacidades de una sociedad que ya mantiene múltiples vínculos con el mundo.

No se trata únicamente del lugar que Taiwán aspira a ocupar, sino también de las oportunidades de cooperación que pueden abrirse para otros.

Desde América Latina sabemos que el desarrollo requiere educación, innovación, intercambio de conocimientos y vínculos internacionales cada vez más amplios.

En un mundo que necesita más diálogo y soluciones compartidas, cada experiencia cuenta y cada oportunidad de cooperación merece ser considerada.

Si las Naciones Unidas aspiran a responder a las necesidades de todos, la experiencia y la contribución de los 23 millones de habitantes de Taiwán también deben tener un lugar.

* La autora es Directora General de la Oficina Comercial y Cultural de Taipéi en Argentina

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