Los Derechos Humanos de orden público y la ciencia: conociendo al Dr. Baofa Yu

El oncólogo chino diseñó una estrategia de inyección directa que aplica fármacos y haptenos dentro de las lesiones cancerosas, estimulando al sistema inmunitario del paciente para combatir activamente la enfermedad desde adentro

Un hombre con anteojos y saco azul habla y gesticula con la mano frente a un panel blanco con letras azules
El Dr. Baofa Yu nació en 1958 en Jinan, China
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Hay personas a las que debemos admirar, porque el papel fundamental que desempeñan en la resolución de problemas puede marcar la diferencia para todos en todas partes. La salud es un Derecho Humano de orden público, las acciones que tomemos, la infraestructura que se construye, el conocimiento que se desarrolla hace a situaciones impostergables de la vida, transforma la esencia de la misma. Hay muchas historias que hacen a la medicina y a nuestras vidas. Tomar contacto con la vida y carrera del Dr. Baofa Yu es absolutamente gratificante. Muchas veces es la política la que lleva derechos a la gente, muchas, muchísimas veces es la ciencia. Las expresiones de la misma surgen de la gente más increíble que aparecen en los lugares más remotos para nosotros. Como agradecer que hayan superado los más increíbles desafíos y desafiado las posibilidades más inalcanzables para poner más accesible para mucha gente algo tan absolutamente vital. Las enfermedades no transmisibles han cercenado mucho derecho a la vida o han afectado las vidas de tal manera que el ejercicio de algunos derechos se vuelve imposible. Algo que definitivamente tiene una dimensión práctica ya que esta fue la estrategia que se siguió cuando me correspondió representar a Uruguay ante el CIADI en defensa de las políticas anti-tabaco de Uruguay.

El Dr. Baofa Yu nació en 1958 en Jinan, China. Su padre era Tonglin Yu y su madre era Yuzhen Wang. Su entorno familiar muestra mucho dolor personal que sin duda moldea cómo se investiga y se practica la medicina, cómo se piensa y se siente. Comprender los problemas y la necesidad de soluciones funciona de manera diferente.

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Hubo momento especialmente dolorosos durante la Revolución Cultural, en el curso de la misma, el padre del Dr. Yu murió y la familia fue enviada a una zona rural después de que su padre fuera etiquetado como “antirrevolucionario” debido a su trabajo anterior para el Partido Nacionalista. La familia vivía en el condado de Dongping, donde los recursos médicos eran limitados.

En 1970, cuando el Dr. Yu tenía 12 años, a su madre le diagnosticaron cáncer de cuello uterino. Su enfermedad tuvo un impacto terrible y ayudó a moldear su vocación; convertirse en médico estaba inculcado en su mente. Posteriormente desarrolló cáncer de esófago y murió en 1984, cuando el Dr. Yu tenía 26 años. Su sufrimiento y su sensación de impotencia ante su enfermedad fortalecieron su determinación de dedicar su carrera al tratamiento del cáncer. El Dr. Yu describe su vocación como nacida de una pérdida. Su madre fue su primera maestra y una de las personas que más creyó en él. Verla tener cáncer fue, dice, la experiencia más devastadora de su vida. Del dolor surgió la fuerte idea de dedicar su vida a encontrar mejores formas de tratar el cáncer, para que menos familias tuvieran que soportar la misma experiencia. Esa promesa se convirtió en la base de su vida profesional. Nuestra acción en el mundo se determina por entender aquello que perdemos y como lo hemos perdido, no es posible entendernos sin nuestras emociones y como las mismas encienden nuestra realidad y nuestra conciencia, como la conciencia se transforma para tratar de entender aquella dimensión de la ciencia que nos es desconocida todavía, que nos hace saber que necesita de nuestras explicaciones. Nuestras emociones tienen la capacidad de avasallar los no-sistémicos, de dar razones al pensamiento y de crear condiciones para nuevos impulsos de la voluntad. El ser humano se enfrenta a realidades conscientes que son fáciles de comprender, aquellas que son difíciles de comprender, pero esencialmente el desarrollo humano requiere tratar con necesidades conscientes que se presentan como imposibles de resolver, abordar las mismas crea una conciencia trascendental de posibilidades nuevas y mueve nuestra cultura de interacciones hacia nuevas formas de entender y conocer.

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El camino desde China hacia el mundo

Ese compromiso impulsó al Dr. Yu a estudiar medicina con gran dedicación. Se graduó de la facultad de medicina en China en 1982 e inició su carrera como médico. Pronto llegó a la conclusión de que las herramientas convencionales a su alcance —cirugía, radioterapia y quimioterapia sistémica— no resolvían todas las dudas que tenía sobre el cáncer. No solo quería comprender cómo tratar los tumores, sino también cómo administrar el tratamiento de manera más selectiva y cómo movilizar el sistema inmunitario contra el cáncer. Tal como señaló el premio Nobel Craig Mello: se trata de una idea ambiciosa que el Dr. Yu ha perseguido con una perseverancia extraordinaria. Su labor abarca desde conceptos básicos de administración de fármacos, inmunología tumoral, experimentación preclínica e investigación clínica hasta el desarrollo tecnológico.

En 1990, el Dr. Yu se trasladó a Estados Unidos para trabajar como investigador visitante y becario posdoctoral en la UCSD. También colaboró ​​con el Instituto Salk de Estudios Biológicos. Durante cerca de cinco años, llevó a cabo investigaciones sobre la administración de fármacos, la biología del cáncer y la inmunología.

En ese periodo, comenzó a cuestionar un aspecto fundamental de la quimioterapia convencional: ¿por qué exponer todo el organismo a un fármaco tóxico cuando el objetivo principal es un tumor localizado? Se interesó por la posibilidad de inyectar un fármaco directamente en el tumor, logrando que permaneciera allí durante un tiempo prolongado y sirviera no solo para eliminar las células tumorales localmente, sino también para estimular una respuesta inmunitaria más amplia.

La inyección intratumoral en sí no era una novedad, pero el Dr. Yu consideraba que una de sus limitaciones era la fuga de los fármacos líquidos fuera del tumor. Por otro lado, los materiales de administración de fármacos en estado sólido o de tipo gel resultaban difíciles de distribuir de manera uniforme por todo el tumor. La solución que propuso fue una formulación capaz de inyectarse en estado líquido y retenerse posteriormente en el interior del tumor, creando así un depósito de liberación sostenida.

El Dr. Yu también ha criticado duramente lo que considera una especialización excesiva en la investigación moderna sobre el cáncer. A su juicio, médicos clínicos, farmacólogos, biólogos especializados en cáncer, inmunólogos e ingenieros biomédicos suelen trabajar en «compartimentos estancos» profesionales, centrándose cada uno en una faceta muy concreta del problema. Él sostiene que un mejor tratamiento contra el cáncer podría requerir la integración de la administración de fármacos, la biología tumoral, la modulación inmunitaria y la práctica clínica, en lugar de abordar cada aspecto de forma independiente.

Asimismo, ha criticado tecnologías oncológicas de muy alto costo cuando, a su juicio, el beneficio clínico adicional no justifica la inversión. Señala en particular la rápida expansión de las instalaciones de terapia con protones en China, argumentando que el enorme costo de estas instalaciones suele ser desproporcionado en relación con sus ventajas clínicas frente a la radioterapia convencional.

Su regreso a China tenía como objetivo llevar sus ideas a la práctica; era el momento oportuno para aplicar años de investigación. Con esta visión, el Dr. Yu regresó a China en 1996. En lugar de establecerse en una de las grandes ciudades del país, volvió al condado de Dongping, en la provincia de Shandong, una zona rural y relativamente pobre que él consideraba desatendida en cuanto a la atención oncológica.

Su decisión surgió de una combinación de motivaciones personales y profesionales. Su madre había vivido y fallecido en esa comunidad, y muchas familias locales no podían costear los viajes a las grandes ciudades para recibir tratamiento. El Dr. Yu creía que los habitantes de las zonas rurales merecían acceso a una atención oncológica especializada cercana a sus necesidades y que dichas necesidades podían satisfacerse.

En 1998, utilizando fondos propios y dinero prestado, fundó el Hospital Oncológico Taimei Baofa. Él lo describe como el primer hospital especializado en cáncer en un condado rural de China. Para él, el hospital representaba una respuesta directa a la pregunta que le había acompañado desde la muerte de su madre: ¿qué podía hacer de distinto por otros pacientes y sus familias?

La idea central: UMIPIC y la “biblioteca de liberación lenta”

Una sola pregunta ha impulsado el trabajo del Dr. Yu: ¿Por qué no se puede tratar el cáncer de manera más inteligente?

Esa pregunta lo llevó a desarrollar lo que inicialmente llamó “terapia de biblioteca de liberación lenta”, conocida posteriormente como UMIPIC (quimioterapia e inmunoterapia interna personalizada del tumor, de carácter ultramínimamente invasivo). En términos generales, el enfoque busca combinar varias ideas, comenzando por lo que podría denominarse administración local: en lugar de depender únicamente de la quimioterapia sistémica, los fármacos se inyectan directamente en el tumor. Por otro lado, la retención sostenida implica que el tratamiento está diseñado para mantener los fármacos dentro del tumor durante un periodo prolongado, creando así un depósito local o “biblioteca de liberación lenta”.

En cuanto a la activación inmunitaria, esta consiste en utilizar un hapteno u otro componente inmunomodulador para hacer que los antígenos liberados por las células tumorales moribundas sean más reconocibles para el sistema inmunitario; de este modo, el tumor tratado se convierte en lo que el Dr. Yu describe como una vacuna personalizada *in vivo*. El Dr. Yu subraya que este concepto no surgió en un único momento de descubrimiento; describe años de experimentación, fracasos, revisiones y experiencia clínica antes de llegar a la forma actual del tratamiento.

El sentido de su vocación fue cobrando la forma de algo trascendental y firme como un martillo, capaz de transformar la realidad de la medicina. Tras décadas de trabajo, el Dr. Yu concibe su vocación como algo más que una simple carrera profesional; la describe como una llamada definida por tres compromisos, tan sólidos como la promesa de un hijo a su madre. No pudo salvar a su madre, pero ha dedicado su vida profesional a tratar a otras personas con cáncer. Todo ello se cimentó en su curiosidad científica. Las preguntas surgidas en el laboratorio se han convertido en la base de estrategias terapéuticas que su equipo ha aplicado en la práctica clínica. Además, trabajó arduamente en su propia mente y espíritu como parte de su deber médico, convencido de que cada paciente debe percibir el compromiso del doctor con su dignidad, haciendo de la compasión la mejor ciencia posible. Su historia trata sobre una vocación forjada en el dolor, definida por el estudio y desarrollada a lo largo de décadas de práctica clínica; un firme compromiso que lo llevó desde la China rural hasta instituciones de investigación en Estados Unidos y, posteriormente, de regreso a su ciudad natal.

Una carrera puede carecer de significado, los logros pueden resultar superfluos y la perspectiva profesional puede estar vacía de propósito ético.

El Dr. Yu describe su labor como un intento de crear una estrategia de tratamiento ecléctica y equilibrada que combine la destrucción local del tumor con la estimulación de la función inmunitaria sistémica. En ocasiones, compara este enfoque integrado con el concepto de la medicina tradicional china de «soberano, ministro, ayudante y mensajero», en el que a distintos componentes se les asignan funciones complementarias.

En la UMIPIC, se utiliza peróxido de hidrógeno (H₂O₂) en la formulación intratumoral para alterar el microambiente tumoral y ayudar a retener el tratamiento a nivel local. Los fármacos citotóxicos tienen como objetivo destruir las células tumorales y liberar antígenos asociados a tumores (TAA). A continuación, se emplea un hapteno como componente inmunomodulador para modificar la señal antigénica y aumentar el reconocimiento inmunitario del tumor. El Dr. Yu también establece paralelismos históricos con científicos como Henry Cavendish y Alexander Fleming. Su planteamiento general es que los descubrimientos realizados con un fin determinado pueden adquirir posteriormente aplicaciones médicas inesperadas. Él continúa investigando otros haptenos y perfeccionando la terapia contra el cáncer basada en haptenos.

Su principal contribución a la oncología

El Dr. Yu considera que los efectos inmunológicos asociados a UMIPIC son fundamentales para su trabajo. El “efecto abscopal” se asocia comúnmente a la radioterapia; en este fenómeno, el tratamiento de un tumor localizado va seguido de la regresión de otro tumor situado a distancia y no tratado. El Dr. Yu sostiene que puede producirse una respuesta sistémica comparable tras el tratamiento intratumoral con su combinación de peróxido de hidrógeno, fármacos citotóxicos y un hapteno.

Describe UMIPIC como un procedimiento que cumple dos funciones simultáneas: reducir directamente la carga tumoral local y, al mismo tiempo, provocar una reacción inmunitaria que ayuda a controlar la enfermedad microscópica, las metástasis o las recidivas. Según el mecanismo que propone, múltiples antígenos tumorales liberados durante el tratamiento se modifican o presentan de tal manera que estimulan tanto la respuesta de los linfocitos T como la producción de anticuerpos. Utiliza el término “neovacuna in vivo” para describir este concepto y considera que la amplitud de esta respuesta inmunitaria es una característica distintiva de UMIPIC.

El futuro de la oncología, el oncólogo y la inteligencia artificial

El Dr. Yu prevé una transición desde lo que denomina “eliminación física” hacia el “control inmunitario biológico”. A su juicio, el futuro de la oncología no se limitará a prolongar la secuencia tradicional de cirugía, radioterapia y quimioterapia sistémica; por el contrario, combinará cada vez más el tratamiento local, la inmunomodulación y la personalización basada en datos.

Hace más de dos décadas, el Dr. Yu comenzó a describir la “paradoja de la quimioterapia”: si bien esta es muy eficaz para combatir las células cancerosas, también puede dañar el tejido sano y suprimir la función inmunitaria. Sostiene que esta tensión apunta hacia una filosofía de tratamiento que depende menos de la exposición sistémica indiscriminada y más de la administración selectiva y la regulación inmunitaria. La labor y la investigación del Dr. Yu se sustentan en tres pilares profundamente interconectados: UMIPIC, inmunocirugía e inteligencia artificial.

Su visión de la atención oncológica futura se basa en UMIPIC, transformando los tumores en “fábricas de vacunas autólogas”. UMIPIC emplea la inyección intratumoral —guiada por imagen— de fármacos quimioterápicos, un agente oxidante y un hapteno. El tratamiento retiene los fármacos dentro del tumor, elimina las células tumorales a nivel local, libera antígenos tumorales y estimula una respuesta inmunitaria sistémica. En una serie de 2.836 pacientes, el Dr. Yu informa una tasa de beneficio terapéutico del 92,65 % y una tasa de inhibición de células tumorales circulantes superior al 80 %.

Luego está la “inmunocirugía”: transformar la cirugía en un evento inmunológico. El equipo del Dr. Yu trata el tumor antes de su extirpación quirúrgica para que la muerte de las células tumorales, la inflamación y la liberación de péptidos y antígenos ocurran mientras el tumor aún está en el cuerpo. El proceso resultante atrae células inmunitarias y genera una respuesta más específica contra la enfermedad residual. El Dr. Yu señala que este enfoque puede reducir la recurrencia en el cáncer de páncreas.

Por último, la personalización asistida por IA es un pilar fundamental en el que trabaja el equipo del Dr. Yu para la predicción tumoral, y consideran que esta área será clave para el futuro. Una revisión de 2024 publicada en “Cancer Letters” analiza el potencial de la IA para el análisis multiómico, la planificación de tratamientos individualizados y la monitorización en tiempo real. En este modelo, el oncólogo deja de ser un mero prescriptor para convertirse en un estratega que interpreta datos complejos y utiliza herramientas de IA para adaptar el tratamiento.

El Dr. Yu ha pasado de ser un agente disruptivo a un constructor de sistemas, de alguien que desafía el statu quo a arquitecto de una nueva estructura funcional.

El papel del Dr. Yu puede entenderse como el de un disruptor conceptual: ha cuestionado las limitaciones que percibe en la quimioterapia sistémica convencional y ha desarrollado el concepto de “depósito de liberación lenta”. Al mismo tiempo, es un pionero clínico; junto con sus colegas, ha llevado la técnica UMIPIC de la investigación de laboratorio a la práctica clínica. Y, sobre todo, actúa como constructor de sistemas: ha gestionado patentes, vías regulatorias y guías clínicas, además de promover una adopción más amplia del método.

La técnica UMIPIC se ha utilizado en más de 50.000 casos de tratamiento, ha obtenido patentes en China, Estados Unidos y Australia, ha logrado la autorización IND de la FDA estadounidense para ensayos clínicos y se ha incluido en múltiples ocasiones en las guías clínicas chinas para el tratamiento intervencionista del cáncer de páncreas avanzado.

Desafíos a enfrentar para vencer el cáncer

El Dr. Yu sostiene que la oncología ha aprendido una lección importante tras décadas de desarrollo de fármacos: es poco probable que un único medicamento o una estrategia de “talla única” resuelvan el problema del cáncer. Se muestra muy crítico con el coste y la eficiencia del desarrollo convencional de fármacos, argumentando que los enormes recursos destinados a nuevos medicamentos han generado, con demasiada frecuencia, avances clínicos apenas modestos.

Identifica varios desafíos que deben abordarse de manera conjunta:

Profundizar en el conocimiento biológico. El cáncer no es una sola enfermedad, sino un conjunto de enfermedades altamente heterogéneas. Se requiere investigación continua para comprender la heterogeneidad tumoral, el microambiente tumoral (TME) y los mecanismos de evasión inmunitaria; todos ellos aspectos fundamentales para lograr tratamientos más precisos.

Salvar la brecha traslacional. Contar con mejores modelos preclínicos —incluidos los organoides derivados de pacientes y los modelos animales humanizados— podría mejorar nuestra capacidad para predecir qué tratamientos serán eficaces en las personas. Asimismo, resulta esencial una colaboración más estrecha entre científicos de investigación básica y médicos clínicos.

Para el Dr. Yu, es fundamental aumentar la disponibilidad de atención para todas las personas y homogeneizar los servicios en toda la sociedad, ya que el desarrollo científico solo cobra sentido si aporta soluciones a los pacientes. El Dr. Yu aboga por un mejor control de costes, el establecimiento de infraestructuras sanitarias y la difusión generalizada de guías médicas basadas en la evidencia, garantizando así que los avances tecnológicos no queden reservados únicamente a pacientes adinerados o a grandes áreas metropolitanas.

En última instancia, vencer el cáncer es una prueba de resistencia que exige progresos simultáneos en biología, herramientas clínicas, sistemas de administración de tratamientos y acceso a la atención sanitaria.

El Dr. Yu también ha propuesto la “terapia de música suave” como una forma de afrontar el miedo, la depresión o la vergüenza, actuando como una modalidad de medicina social de apoyo. Su objetivo no es curar el tumor, sino reducir el miedo, la vergüenza, la ansiedad y la resistencia emocional asociados al tratamiento oncológico. En este sentido, la música favorece el bienestar psicológico del paciente mientras el tratamiento médico aborda la enfermedad en sí.

La visión más amplia del Dr. Yu es que el oncólogo no debe ocuparse únicamente de la biología del tumor, sino también de la experiencia emocional del paciente. Por ello, utiliza la metáfora del oncólogo como un “director de orquesta de la curación”, que coordina el tratamiento biológico con el apoyo psicológico y social.

Construcción de un hospital oncológico en la zona rural de Dongping

Dongping es la localidad natal del Dr. Yu. Creció allí cuando el condado era relativamente pobre, y la muerte de su madre a causa del cáncer marcó un antes y un después en su vida. Tras trabajar en el extranjero, regresó con la firme convicción de que las comunidades rurales necesitaban un mejor acceso a tratamientos contra el cáncer.

Dongping se encontraba en una situación económica precaria y registraba una elevada incidencia de cáncer. Cada año fallecían más de 1.200 personas a causa de esta enfermedad, con una tasa de incidencia de 2,8 casos por cada mil habitantes. Paralelamente, cinco condados vecinos —que sumaban una población cercana a los cinco millones de personas— carecían de un hospital especializado en oncología.

Nadie mejor que el Dr. Yu conocía de primera mano las dificultades y el elevado coste que suponía buscar tratamiento médico; el problema radicaba en que muchos pacientes de zonas rurales carecían de los recursos económicos, el tiempo o la capacidad física necesarios para desplazarse a las grandes ciudades. Por ello, establecer un hospital en Dongping representaba tanto un proyecto profesional como una forma de retribuir a su lugar de origen.

Él mismo ha descrito el hospital como una «inversión impulsada por la emoción» más que como un plan de negocios convencional. Según sus propias palabras, la pérdida de su madre se convirtió en una motivación vital para cuidar de otras familias que se enfrentaban a la misma enfermedad. Su objetivo era llevar conceptos y tecnologías médicas avanzadas a una comunidad que, de otro modo, habría tenido un acceso limitado a ellos.

El futuro de los medicamentos contra el cáncer

El Dr. Yu cree que la medicina está más cerca que nunca de hacer que muchos cánceres sean manejables a largo plazo, incluso si nunca existe una única “cura” universal. Los nuevos medicamentos son cada vez más el objetivo y la inteligencia artificial está acelerando el análisis de datos biológicos complejos y la selección de estrategias de tratamiento.

Al mismo tiempo, las barreras que subsisten no son puramente científicas. El costo, la infraestructura, el financiamiento y la política gubernamental determinarán si los nuevos tratamientos son ampliamente accesibles. En opinión del Dr. Yu, el desafío final es hacer que los avances en la atención del cáncer estén disponibles no sólo para los pacientes ricos o las regiones con buenos recursos, sino también para los pacientes dondequiera que vivan.

El Dr. Yu considera que el concepto podría cambiar el paradigma porque combina la retención local de fármacos con un efecto inmunológico sistémico previsto. Al matar las células cancerosas in situ, dentro de su propio microambiente, el tratamiento está diseñado para hacer que el tumor moribundo funcione como una “vacuna autóloga contra el cáncer”.

Se busca generar una respuesta sistémica pues el Hapten está destinado a mejorar el reconocimiento inmunológico de los antígenos tumorales liberados por las células cancerosas moribundas.

Respecto al efecto “abscopal” el Dr. Yu sostiene que este tratamiento local puede estimular una respuesta inmune de todo el cuerpo que afecta los sitios del tumor que no se inyectan directamente. Este efecto representa un cambio de la destrucción tumoral puramente local al tratamiento que utiliza la intervención local para generar control biológico sistémico.

El concepto también desafía la suposición de que la liberación sostenida requiere un implante o portador sintético separado. En cambio, el Dr. Yu propuso utilizar el propio tejido tumoral como reservorio. La diferencia clave: el tumor mismo se convierte en el “reservorio”

Muchas tecnologías de liberación sostenida se basan en vehículos sintéticos como polímeros biodegradables, hidrogeles o dispositivos implantables. El concepto del Dr. Yu, que data de 1995, era diferente. Después de que una formulación inyectable se administra directamente en el tumor, la propia estructura física del tumor sirve como entorno local de retención de fármacos o “biblioteca de liberación lenta”.

En principio, este enfoque ofrece dos funciones a la vez. En primer lugar, se pretende mantener una alta concentración de fármaco en el sitio del tumor. En segundo lugar, a medida que las células tumorales mueren y liberan antígenos, el componente inmunomodulador tiene como objetivo estimular el reconocimiento de esos antígenos.

De la visión a la realidad clínica

Este concepto ha pasado de la investigación de laboratorio al uso clínico y ha generado un cuerpo sustancial de experiencia clínica. El Dr. Yu también informa que el tratamiento cuesta aproximadamente la mitad que la atención convencional contra el cáncer en entornos comparables, lo que ayuda a abordar lo que a menudo se llama la “toxicidad financiera” del tratamiento del cáncer.

En 2020, el Dr. Yu comenzó a utilizar el término “inmunocirugía” para un enfoque que combina la cirugía con el tratamiento intratumoral mediante quimioterapia de liberación sostenida y un hapteno. En la versión aquí descrita, el tumor se trata antes o durante la cirugía para mejorar el control local y provocar una respuesta inmune sistémica antes de su extirpación.

El método tiene dos efectos principales: un control local más eficaz del tumor y la activación de la inmunidad antitumoral sistémica. La formulación de liberación sostenida mantiene la quimioterapia dentro del tumor durante un periodo prolongado. El Dr. Yu informa que más del 95 % del fármaco puede permanecer a nivel local, frente a menos del 5 % con la administración intravenosa convencional. Esta exposición local elevada y prolongada maximiza la destrucción de células cancerosas dentro del tumor, al tiempo que minimiza la toxicidad sistémica y los efectos secundarios. Generación de una vacuna personalizada: a medida que la quimioterapia destruye las células tumorales, el hapteno modifica o potencia la inmunogenicidad de los antígenos tumorales liberados. La respuesta resultante convierte eficazmente el tumor en proceso de destrucción en una “vacuna autóloga contra el cáncer” y genera autoanticuerpos inducidos asociados al tumor.

Todos estos trabajos siguieron aportando pruebas de un impacto clínico relevante.

Un estudio clínico en pacientes con cáncer de páncreas avanzado comparó el tratamiento intratumoral potenciado con haptenos frente al tratamiento citotóxico intratumoral sin haptenos. La tasa de supervivencia al año fue del 52,63 % en el grupo tratado con haptenos y del 11,11 % en el grupo de comparación. El estudio también reveló un aumento de las moléculas de señalización inmunitaria, incluidas el IFN-γ y la IL-4, así como de los anticuerpos frente a múltiples antígenos asociados al tumor.

El concepto de “inmunocirugía” en la práctica

Aunque el Dr. Yu introdujo el término “inmunocirugía” en 2020, las ideas subyacentes coinciden con el desarrollo previo de la terapia de liberación lenta (Slow-Release Library Therapy) y la técnica UMIPIC. El método en cuestión puede considerarse mínimamente invasivo, ya que normalmente se realiza mediante punción con aguja bajo guía ecográfica o por tomografía computarizada (TC).

El tratamiento se ha aplicado a más de 50.000 pacientes en diversos países y cuenta con patentes en Estados Unidos, China y Australia, además de la autorización IND de la FDA estadounidense para realizar ensayos clínicos. Este enfoque resulta especialmente relevante para pacientes que no pueden someterse a una cirugía mayor o que no toleran los efectos adversos de la quimioterapia sistémica.

El Dr. Yu siempre citaba un estudio publicado por él en 2020 en la revista “Journal of Cancer” como una de las pruebas clínicas más importantes e influyentes para validar su hipótesis. El estudio es significativo porque compara el tratamiento citotóxico intratumoral con y sin el componente de hapteno, y reporta tanto los resultados de supervivencia como los inmunológicos en pacientes con cáncer de páncreas avanzado.

La terapia descrita aquí se denomina inyección intratumoral de fármacos citotóxicos potenciada por hapteno (HECDI, por sus siglas en inglés). Combina varios componentes:

Fármacos citotóxicos (citarabina y doxorrubicina): utilizados para eliminar las células cancerosas dentro del tumor.

Peróxido de hidrógeno (H₂O₂): utilizado en la formulación local para ayudar a retener los fármacos dentro del tumor, creando un “reservorio de liberación lenta”. El Dr. Yu describe esto como un uso novedoso del peróxido de hidrógeno en el tratamiento del cáncer.

Penicilina como hapteno: descrita como un componente inmunomodulador destinado a unirse a las proteínas liberadas por las células tumorales en proceso de muerte —o a alterarlas—, facilitando así que el sistema inmunitario reconozca los antígenos resultantes.

El Dr. Yu habla con frecuencia de Louis Jacques Thénard y su preparación de peróxido de hidrógeno a principios del siglo XIX, así como de Alexander Fleming, descubridor de la penicilina. Estos ejemplos ilustran cómo los descubrimientos realizados en un contexto pueden adquirir aplicaciones médicas totalmente nuevas generaciones más tarde. La evidencia clínica sobre el papel del hapteno provino de un estudio en el que participaron 33 pacientes con cáncer de páncreas avanzado. Un grupo recibió HECDI, que incluía el hapteno, mientras que el grupo de comparación recibió una inyección intratumoral de fármacos citotóxicos (CDI) sin el hapteno.

La tasa de supervivencia al año fue del 52,63 % en el grupo HECDI, frente al 11,11 % en el grupo CDI. El grupo HECDI también mostró niveles más elevados de IFN-γ e IL-4, junto con otras pruebas de activación inmunitaria. Un artículo de la revista “Scientific Reports” ofrece una importante explicación mecanística sobre cómo actúa el hapteno a nivel celular y molecular. En conjunto, ambos artículos respaldan la idea central del Dr. Yu: un tratamiento intratumoral localizado puede convertir el tumor tratado en una fuente de estimulación inmunitaria sistémica y dirigida. El aumento de moléculas inmunitarias y anticuerpos detectado en la sangre demuestra que la metodología de tratamiento local está desencadenando una respuesta inmunitaria sistémica capaz de atacar las células cancerosas más allá del tumor primario.

Tal como dijo el premio Nobel Craig Mello, lo que distingue al Dr. Yu no es sólo que inventó un método de tratamiento, sino que desarrolló una filosofía terapéutica coherente. Ha dedicado décadas al concepto de que los tumores pueden pasar de ser una carga de enfermedad pasiva a sustratos terapéuticos activos. Ya sea considerado como administración intratumoral de fármacos, inmunoterapia basada en hapteno, vacunación personalizada contra el cáncer u oncología intervencionista, su trabajo representa un cuerpo de contribuciones distintivo e inventivo.

El camino de la ciencia es difícil, de mucho trabajo con mucho compromiso que debe ser ejercitado día a día. A medida que las soluciones avanzan, los derechos avanzan, la vida de la gente tiene nuevos significados en el ser de las personas y su acción en el mundo. Las realidades sistémicas de derechos requieren el pleno avance de la ciencia, cada metro ganado por la ciencia a la zona de misterios de la vida, a la realidad desconocida todavía da a la humanidad nuevas capacidades y por lo tanto nuevos derechos.

*Luis Almagro/Instituto CASLA

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