¿Se está realmente revirtiendo el éxodo venezolano o simplemente estamos frente a una pausa engañosa en una migración que aún no ha terminado? ¿Qué tendría que ocurrir para que millones de venezolanos decidan volver? Y, más importante aún, ¿existen hoy esas condiciones?
Las cifras más recientes invitan más a la cautela que al optimismo. Según Consultores 21, 1 de cada 3 venezolanos está pensando en irse del país. No se trata de una cifra marginal ni de un fenómeno aislado, sino de una señal estructural: una parte significativa de la población sigue sin ver perspectivas positivas. ¿Por qué alguien regresaría a un país del que otros aún están intentando salir?
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Pero, además, el mapa migratorio también está cambiando. Si en años anteriores el destino aspiracional era Estados Unidos, hoy la misma encuesta muestra un giro más pragmático: Colombia, Chile y España aparecen como los principales destinos, impulsados no por oportunidades extraordinarias, sino por algo más básico y humano: la reunificación familiar. Ya no se migra hacia el sueño, sino hacia el vínculo. No se persigue el ascenso, sino la compañía.
Se ha instalado, sin embargo, una narrativa de “mejora” o incluso de “estabilización”. Pero ¿en qué se sostiene esa idea? ¿Puede hablarse de recuperación cuando, pese a mayores ingresos petroleros, no hay un cambio sustantivo en la calidad de vida? ¿Qué tipo de estabilidad es esta donde el Estado ha liquidado más de 3.000 millones de dólares a la banca privada y, aun así, el dólar paralelo no cede? ¿Qué clase de mejora es aquella en la que los salarios permanecen prácticamente congelados en niveles de subsistencia? Este párrafo podrías redactarlo sin preguntas
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El caso de los maestros es particularmente elocuente: 2 dólares al mes. ¿Puede un país aspirar a reconstruirse cuando quienes forman a las futuras generaciones viven en condiciones de pobreza extrema? ¿Puede hablarse de retorno cuando ni siquiera están garantizadas las condiciones mínimas para quedarse?
Entonces, la pregunta inicial vuelve con más fuerza: ¿los venezolanos regresan o se siguen yendo? Quizás la respuesta más honesta es que no están regresando en términos estructurales. Algunos vuelven, sí, pero no como parte de un proceso sostenido, sino como decisiones individuales, muchas veces temporales o forzadas. El flujo de salida, en cambio, sigue teniendo raíces profundas: falta de oportunidades, incertidumbre económica y, sobre todo, ausencia de confianza en el futuro.
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Porque, en el fondo, el problema no es solo económico. Es político. ¿Quién toma las decisiones? ¿Con qué legitimidad? ¿Con qué horizonte? Sin un cambio en esas variables, cualquier mejora económica será frágil, reversible y, sobre todo, insuficiente para generar arraigo.
Por eso, la verdadera pregunta no es solo si los venezolanos regresan, sino qué tendría que pasar para que regresen. Y la respuesta apunta en una dirección incómoda pero evidente: un cronograma electoral creíble que permita elegir un nuevo gobierno con legitimidad real. Solo así podrían sentarse las bases para decisiones económicas sostenibles y, más importante aún, para reconstruir la confianza.
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Porque nadie regresa únicamente por un mejor tipo de cambio o por una leve mejora en el consumo. La gente regresa cuando siente que hay futuro, que hay reglas claras, que hay derechos garantizados. Y, sobre todo, cuando no teme ser perseguida por pensar distinto.
¿Puede entonces haber retorno masivo mientras permanezca en el poder el mismo régimen que expulsó a millones de venezolanos? ¿Puede hablarse de reconciliación sin garantías? ¿De estabilidad sin legitimidad?
Hasta que esas preguntas no tengan una respuesta distinta, la conclusión parece inevitable: más que regresar, los venezolanos siguen —y seguirán— yéndose. Hasta que Venezuela no recupere legitimidad, libertad y reglas claras, el retorno seguirá siendo excepcional y la salida seguirá siendo estructural. Porque la gente no vuelve solo cuando mejora un indicador: vuelve cuando siente que su país deja de expulsarla y eso solo ocurrirá cuando Venezuela vuelva a ofrecer futuro y justicia.
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