¿El fin de la OPEP?

El reciente anuncio de abandono no anticipa el colapso de la organización, cuyo rol como coordinador de precios y actor adaptativo refleja una capacidad de resistencia forjada a través de sucesivas crisis en el mercado energético global

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Los Emiratos Árabes Unidos han tenido roces periódicos con la OPEP sobre su cuota de producción. REUTERS/Maxim Shemetov
Los Emiratos Árabes Unidos han tenido roces periódicos con la OPEP sobre su cuota de producción. REUTERS/Maxim Shemetov

El anuncio de los Emiratos Árabes Unidos de abandonar la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ha desatado vaticinios sobre la posible muerte de la organización que ha escrito la historia energética mundial desde las medianías del siglo XX.

Estos pronósticos, sin embargo, no parecen tomar en cuenta elementos clave de la historia de la organización, de la transición energética y de los eventos económicos que le dan vitalidad y relevancia a la institución.

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El primer factor a considerar es la resiliencia de la organización. La OPEP ha sobrevivido a peores shocks. Su muerte ha sido declarada en numerosas ocasiones tras el exceso de petróleo de los años 80, tras la revolución de la extracción de petróleo de las rocas que cubrieron los grandes reservorios en EEUU y luego de repetidas disputas internas. Pero la realidad histórica es que ha habido miembros que se han marchado de la organización como es el caso de Qatar y de Ecuador. Este último ha entrado y salido varias veces sin que nadie se entere. La OPEP se adapta a las variaciones del mercado o la salida de miembros reduciendo la oferta, no colapsando. La resiliencia de la organización proviene de su función principal, que no es otra que coordinar la oferta entre los principales exportadores para influir en los precios globales del petróleo.

En segundo lugar, hay que considerar antes de apresurar un veredicto el peso relativo dentro de la OPEP de los Emiratos Árabes Unidos. Esta nación no es el centro de gravedad de la OPEP. Tiene su peso pero la columna vertebral de la OPEP sigue estando compuesta por Arabia Saudita, Irán, Irak y Kuwait. Y en este grupo, Arabia Saudita es la potencia dominante porque su capacidad de producción y talento geopolítico llevan a este país a jugar un rol de equilibrador del mercado petrolero mundial. La OPEP no va a perder su capacidad de ser quien fije los precios del petróleo en el mercado mundial por el retiro de los Emiratos Árabes Unidos.

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El problema mayor es la tensión interna, no la salida de un miembro. Los Emiratos Árabes Unidos han tenido roces periódicos con la OPEP sobre su cuota de producción. A este respecto argumentan que han invertido mucho en ensanchar su capacidad de producción y por ende su cuota debería ser mayor. Esta posición de los Emiratos Árabes Unidos es reflejo de un profundo problema estructural que aflige a la OPEP: porque algunos miembros quieren precios más altos (restringir la oferta). Otros quieren volúmenes mayores (maximizar los ingresos presentes).

Ese conflicto —no la salida de un miembro— es lo que puede aniquilar a la OPEP en el mediano o largo plazo.

El periodo energético que se nos avecina (2035-2045) promete ser una era pendular. Es decir, con oscilaciones de precios en la medida que las impregnaciones rocosas de Estados Unidos se agoten; el mundo marche hacia la electrificación en zigzag; las fuentes alternativas ganen mayor tracción. El petróleo no ‘eliminó’ el carbón de la noche a la mañana. En ese escenario, la OPEP seguirá siendo un actor importante para la economía global. Pero su protagonismo no será central. Tomará el centro cuando haya escasez de petróleo para equilibrar el mercado. Es decir, tendrá un protagonismo intermitente en donde los precios se fijarán por la interacción de la oferta y la demanda con la OPEP interviniendo como ente calibrador.

Asimismo, los pesos geopolíticos estarán definidos por la fuente energética que asuma el rol central, desplazando al petróleo a un segundo o tercer lugar. Pero todavía faltan unas cuantas décadas para que esto ocurra. Pensemos en el ciclo carbón-petróleo por ejemplo. El petróleo no “eliminó” el carbón de la noche a la mañana. Pasaron unos 60–80 años (aproximadamente las décadas de 1880 a 1960) para que el petróleo superara al carbón como fuente de energía dominante a nivel global —y aun así, el carbón no ha desaparecido. En este siglo posiblemente las transformaciones sean más rápidas. A la internet por ejemplo le tomó solo veinte años desplazar a las telecomunicaciones tradicionales. Pero aun así el petróleo posiblemente continúe siendo fuente de energía para algunos usos industriales y domésticos a lo largo de este siglo. Con menos preeminencia pero sin desaparecer. Y mientras haya petróleo posiblemente habrá OPEP.

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