
Dirijamos nuestra mirada hacia la idea misma de la revolución cubana: ¿Qué representa? ¿Qué es Cuba, fundamentalmente? Es, sin lugar a duda, un sistema fracasado, el régimen cubano parece haber aplicado el decálogo completo de “Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza”. Las instituciones cubanas son el mejor ejemplo de instituciones extractivas que concentran la riqueza y el poder en manos de una pequeña clase política y social, arruinando cualquier condición posible para la innovación, el crecimiento y el desarrollo social.
El sistema ha devenido en algo tan ridículo que consideran un éxito lo que constituye la razón principal de su fracaso, que una casta de incapaces permanezca en el poder indefinidamente. En cualquier sistema de alternancia, como obviamente en una democracia, esta gente no hubiera podido gobernar más de un período, pero tampoco hubieran durado mucho en un sistema meritocrático debido a sus descomunales incapacidades. El marxismo ha pagado un precio muy alto por la incapacidad de esta gente. La revolución cubana constituye el paradigma de la revolución jinetera, en su sentido de prostituirse, no en lo que tiene que ver con una actividad laboral sino en el concepto amplio que aborda la prostitución “como un fenómeno social de desigualdad y violencia estructural”.
Ante su propio fracaso, el régimen responde con violencia y represión contra la población. Ese es el único instrumento “político” que utiliza, el terrorismo de Estado, los crímenes de lesa humanidad, las violaciones sistemáticas de Derechos Humanos. Esa será siempre la respuesta, ese ha sido el principio y el no-final de las crisis cubanas. Apoyar esto, o ser indulgente, o callarse al respecto no es estar del lado equivocado de la historia, es estar del lado equivocado de la ética. Y a estos patéticos posicionamientos los hemos visto demasiadas veces.
Es totalmente legítimo y de suma importancia abordar el significado de la crisis cubana, un concepto al que hemos estado ligados durante mucho tiempo y cuyo análisis parece hoy más urgente y necesario que nunca. Esta necesidad surge no solo del conflicto en torno a la ausencia de democracia y a la conculcación de libertades o incluso al embargo, sino también del hecho de haber visto sin solución de continuidad esta dinámica de una crisis sistémica cuya malas prácticas incluyen todo lo que ha sido malo en la historia regional, desde intervención en los asuntos internos de los Estados, exportación de movimientos guerrilleros para desestabilizar paz y seguridad regionales, el primer narco-estado de la región, crisis migratorias, humanitarias, de Derechos Humanos y se puede seguir indefinidamente esta enumeración. De hecho, la palabra crisis se ha malinterpretado, convirtiéndose en un término banal a los ojos de muchos actores de la región, que ha sido objeto de la controversia y un uso indebido considerable del término, especialmente de aquellos que no priorizan derechos humanos y democracia.
La crisis cubana no es un fenómeno aislado, circunscrito a un determinado momento, es un legado en constante expansión, que incorpora continuamente nuevos elementos. Es un legado de la “revolución” que nos ha brindado durante décadas una antítesis de la naturaleza humana, que no solo no ha permitido construir una economía funcional y formas de vida normales para la gente, sino también un amplio marco ideológico para un permanente fracaso sistémico, ya sea de su sistema político, jurídico y social con los cuales ha aniquilado todas las herramientas que permiten asegurar a los pueblos de esta región puedan llevar, en la medida de lo posible, una existencia plena.
Por lo tanto, no ha sido posible dejar de lado jamás la noción de una permanente crisis cubana; cualquier sociedad depende, ante todo, de la manera en que los seres humanos interactúan y el sistema cubano, con precisas herramientas fascistas, ha destruido las dinámicas sociales de la gente que hacen a la política y a la economía de un país.

La situación no ha cambiado mucho en Cuba que sigue viviendo una catástrofe. Una catástrofe significa que, según los datos, el 89% de la población está prácticamente viviendo en condiciones de pobreza extrema, más de la mitad de la población no puede garantizar las comidas del día, no hay medicinas, no hay transporte, la gente está viviendo con unas horas de electricidad al día en el mejor de los casos, pero muchas veces con días sin electricidad. Antes del bloqueo energético, los cubanos ya no podían prender la luz, era parte de su realidad la falta de agua y la falta de energía. La situación humanitaria era y es catastrófica. Es una realidad evidente, que nos muestra que en los últimos 5 años la población ha disminuido, según el régimen 1.6 millones, pero probablemente esa cifra esté alrededor de los tres millones. El daño al país ha sido sostenido durante años y es inconmensurable desde todo punto de vista, respecto a cada persona, cada familia, cada comunidad. El resultado social de la dictadura es un sistema de prostitución extendido, incluso la pedofilia en niveles que superan largamente cualquier dimensión epsteniana.
En efecto, si, debemos decir que siempre hemos concebido al proletariado como un sujeto racional esencial de la sociedad, reconocemos que ahí reside su esencia, en las múltiples formas en que la condición proletaria se diversifica y expande dentro de la vida contemporánea. Sin embargo, en Cuba, el proyecto político del régimen es estrecho, dogmático, sectario y excluyente, como dictadura del proletariado precisamente eliminó el proletariado mismo y su base de poder no son los trabajadores ni los trabajadores sin trabajo en la isla, sino la represión y la persecución política precisamente a los trabajadores, a los que quieren trabajar.
La crisis cubana es un fenómeno de dimensiones cotidianas, anclado en el mundo real sistémico que anula condiciones para el trabajo de la gente en el seno de su comunidad. En la vida diaria, el sistema fascista cubano constituye un ámbito donde se anula la posibilidad que todos puedan interactuar de manera concreta con los factores de producción y con el propio sistema productivo, ejerciendo su derecho al trabajo sin ver pisoteada su libertad. El sistema cubano no ha podido entender todavía que la libertad constituye el medio fundamental para lograr dinámicas de inteligencia colectiva, la misma no constituye un fenómeno individual, sino que tiene una profunda naturaleza social que nos permite optimizar el ejercicio de nuestros Derechos y, por lo tanto, las formas de entendimiento y funcionamiento de la sociedad.
EL sentido de pertenencia más hondo que invoca el régimen es el ideológico, y es precisamente aquí donde reside la característica definitoria del fracaso del sistema cubano, en la irracionalidad del dogma y lo ínfimo de sus objetivos políticos y económicos fosilizados en la mitad del siglo XX. En una fórmula que fracasó en la URSS, en Europa oriental, en Asia Central. Echarle la culpa al embargo forma parte de esa dimensión ideológica, la realidad es que están cada vez peor, aunque la economía estadounidense ha pasado de ser prácticamente el 40% de la economía mundial al 26%; es decir cuantas más posibilidades hay para diversificar la inserción internacional, peor están. Mientras todos los países han reconvertido sus sistemas, los burócratas cubanos aferrados a su inutilidad han desperdiciado todas las oportunidades. La dictadura ha sido siempre esencialmente parasitaria, en un principio parásito de la URSS, luego parásito del chavismo, en el momento que debieron valerse por sí mismos fue una de las peores crisis humanitarias hemisféricas, conocida como “período especial”.
Todo el régimen se basa, entonces, en la ideología sin ética, una perspectiva que perpetúa la crisis cubana y ofrece una logica irracional en la que los conflictos y las crisis que surgen en las comunidades, en las ciudades, en todo el país, no tienen solución. Esta es una verdad que no se puede soslayar hoy, la “revolución” no se trata de un legado-fracaso, nefasto en un marco rígido, sino de una herencia que debe aceptarse sin beneficio de inventario y que debe estar abierta a toda forma de innovación y cambio político para poder resolverse.

Por supuesto que tanta incompetencia va a producir nostalgia si desaparece, tambien va a producir desazón en muchos, algunos de los cuales son sobrevivientes ya de su desazón cuando colapsó el sistema soviético, sus descomunales inflexibilidades ideológicas claramente hubieran preferido que se embromaran todas las repúblicas soviéticas y toda Europa del este. Parece mentira, pero hay gente que es obtusa en grado extremo como para que su atraso ideológico sea su instrumento para el atraso social, económico y político, y más vale que fracase todo, pero no que los pueblos puedan garantizar sus derechos humanos y su desarrollo.
No parece ser un rasgo extraño y paradójico de nuestros tiempos que, cuanto más inclinadas están las personas a defender esta visión de Cuba, más se las percibe como de mente estrecha o como partidarias de una forma nefasta contraria de la libertad. Pero Cuba es fundamentalmente el país sin oportunidades, un país que ha perdido razón de ser desde el punto de vista social, político y económico, sobre todo para los más jóvenes que son el grupo poblacional más pequeño en Cuba, ya que el único grupo poblacional que crece en Cuba es el de adultos mayores, pero los jóvenes y los muy jóvenes, los adolescentes que permanecen en el país están en las calles gritando libertad y esa es la demanda generalizada.
Básicamente se están dando los elementos que hacían falta para para que el cambio sea posible, el país tiene una alternativa democrática con el Acuerdo de Liberación, que consiste en un mecanismo apto para la transición con comisiones de trabajo funcionando en todas las áreas de gestión, hay una compleja pero real unidad opositora y existe una presión sobre el régimen que eventualmente puede llevar a un proceso de transición. Y en la isla la demanda de cambio es elocuente, evidente y generalizada; y Estados Unidos está dispuesto a ejercer una presión política racional a unos niveles que nunca habían existido y, por lo que se ha señalado, eso seguirá in crescendo hasta lograr objetivos políticos más definitivos. El régimen cubano tiene un mecanismo de “inteligencia” sin inteligencia, aunque muy operativo en Washington, sin dudas lo vamos a oír y ver si la presión se hace insostenible para la dictadura. Esencialmente, el principal elemento es que el régimen no es sostenible, porque además el sufrimiento de la gente es absolutamente inaguantable y la única manera de salir realmente de esta catástrofe es con un cambio político racional. Ojalá dejemos de escuchar el concepto “la crisis cubana” como tema hemisférico recurrente, capacidades hay en el pueblo cubano que, en un marco de libertad y Estado de Derecho, supieron construir en el Estado de la Florida una sociedad emprendedora y desarrollada.
*Luis Almagro es Director del Observatorio de Democracia de CASLA Institute.
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