
Para-dictatoriales son los “gobiernos democráticos que sirven a las dictaduras de crimen organizado, las sostienen, buscan legitimarlas, incumplen obligaciones internacionales, traicionan y perjudican sus intereses nacionales”. Son los presidentes de México, Brasil, Colombia y Honduras que han puesto gobierno, país, política exterior y recursos internos al servicio de las dictaduras que bajo el mando de Cuba someten a los pueblos de Venezuela, Nicaragua y Bolivia. La política exterior de Estados Unidos con Trump señala el fin del doble juego de beneficiarse como democracias mientras sirven al crimen.
Con rótulo de “antiimperialismo”, narrativa populista, terrorismo de Estado con presos políticos y secuestros para intercambiarlos por sus criminales, el socialismo del siglo 21 agrede sostenida e implacablemente a las democracias de las Américas con narcotráfico, migraciones forzadas, crimen común, tráfico de personas, desestabilización política, ataque a los principios y valores de la libertad y otras formas de “guerra híbrida”. Las dictaduras del socialismo del siglo 21 agreden, invaden y amenazan a toda la región, respaldadas por gobiernos democráticos para-dictatoriales, a cuyos mandatarios han llevado al poder para que funcionen como sus satélites.
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Es necesario repetir que la guerra hibrida es “la estrategia en que se utilizan toda clase de medios y procedimientos, fuerza convencional o medios irregulares (insurgencia, terrorismo, migración, crimen común, narcotráfico, cibernética…)”, es “un nuevo tipo de guerra que da por superada la guerra asimétrica (ejército regular contra fuerza insurgente)”, y que tiene la “ventaja de que el agresor puede evitar que le atribuyan el ataque”.
La realidad objetiva actual y la histórica de los últimos años demuestra que la estabilidad de los países democráticos de las Américas ha sido y es agredida con migración forzada, narcotráfico, crimen común organizado y trasnacional, trata de personas, desestabilización interna, asesinato de la reputación de líderes democráticos, asesinatos físicos, terrorismo y un sistema destinado a debilitar los principios y valores fundados en los derechos humanos y las libertades individuales.
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La víctima más importante es los Estados Unidos, pero países como Argentina, Perú, Colombia, Brasil, Ecuador, Chile, Panamá, Paraguay, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana, en verdad todos los países democráticos de las Américas, han sufrido y sufren los efectos de las migraciones forzadas producidas y manipuladas por las dictaduras del socialismo del siglo 21, del narcotráfico operado desde los narcoestados de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, de la penetración de organizaciones criminales que son instrumentos operativos de este sistema de desestabilización permanente que funciona con los para-dictaroriales.
El crimen organizado que controla Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua usa la soberanía, la representación internacional y la política para destrozar las democracias. En esta agresión busca y logra -por medio de elecciones en países democráticos- la formación de gobiernos bajo su control, auspiciando y promoviendo candidatos que una vez en el poder convierten al país en para-dictatorial. Son los casos de López Obrador y ahora su sucesora Claudia Sheinbaum en México, de Luis Inácio Lula da Silva en Brasil, de Gustavo Petro en Colombia y de Xiomara Castro en Honduras. Ahora desmarcado Gabriel Boric de Chile.
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Los gobiernos para-dictatoriales se acogen y benefician de todo el sistema democrático y desde él sostienen a las dictaduras, este es su doble juego. Lo demuestra la posición de México, Brasil, Colombia y Honduras respecto a las elecciones en Venezuela con su respaldo a la ocupación e invasión que -fraude y crímenes de por medio- perpetra Nicolás Maduro como punta de lanza del socialismo del siglo 21 bajo mando de la dictadura de Cuba.
En el ámbito económico y comercial se benefician de todo el sistema democrático de libre mercado mientras sostienen grupos criminales vinculados a las dictaduras como el ELN y las FARC en Colombia; cárteles de droga en México que controlan estados de ese país como narcoestados; disfrazan y auspician operaciones de China, Rusia e Irán; apoyan la invasión Rusa a Ucrania; condenan la defensa de Israel frente al terrorismo; atacan el sistema económico internacional y proponen alianzas mundiales con las dictaduras como lo ha hecho Lula; o rompen tratados de extradición para proteger narcotraficantes como Castro en Honduras.
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Los gobiernos para-dictatoriales tienen como mercado a los Estados Unidos y participan de operaciones de ataque híbrido. Por ejemplo México, que ha condecorado al dictador de Cuba Diaz Canel, ha recibido con honores y no ha ejecutado la orden de detención internacional contra Nicolás Maduro, ha protegido a Evo Morales extrayéndolo de Bolivia para evitar su detención, contrata personal esclavo de la dictadura castrista y encubre los crímenes de Daniel Ortega dándole condición de gobierno legítimo…
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
www.carlossanchezberzain.com
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