
La función de organizar elecciones limpias por un órgano autónomo ha sido una conquista del pueblo de México. Históricamente la lucha ha sido contra el fraude. Aunque fue un gran avance crear un arbitro electoral, formado básicamente por ciudadanos, que cumplieron un papel importante en la alternancia de partidos que tuvo lugar en el año 2000; la imparcialidad y neutralidad que deben corresponder al arbitro de la contienda electoral, después de esa fecha, son valores que no han existido en nuestro sinuoso proceso democrático.
En la elección que se encuentra en curso, de manera altamente preocupante, observamos que la laxitud, el hacerse de la vista gorda, el no sancionar a los partidos y al ejecutivo durante los años del PRIANISMO, de pronto han dado lugar a una creciente actitud, cambiando una de las características de los árbitros, que es no ser los protagonistas del juego, hoy tenemos una participación abierta y cínica, donde el arbitro se convierte en el contendiente principal del ejecutivo federal y del partido que gobierna. Cambiando las reglas a la mitad de juego, censurando el derecho que puede tener un gobernante de opinar e incluso, despojando de candidaturas por hechos que nunca en la historia se habían sancionado. Es decir, en este juego electoral tenemos un árbitro parcial y protagonista en el objetivo de mermar y debilitar artificialmente la fuerza del gobierno y del partido en el gobierno que está tratando de transformar este país en un sentido democrático
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El INE y todos los órganos del Estado están llamados a evitar la concentración de los poderes económico y político, en la élite que se resiste a dejar los ilegales privilegios, construidos sobre la miseria de nuestro pueblo. Esa división es el verdadero equilibrio que necesitamos para enfrentar la adversidad dejada por la corrupción y la exagerada concentración de riqueza.
Es inaceptable que el arbitro electoral pretenda anular la voluntad del pueblo; aún cuando no se ha expresado en las urnas; mediante maniobras fraudulentas con apariencia de legalidad. Pero es posible vencer al fraude si la votación es contundente en favor del proyector transformador.
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La lucha pacífica que logró en el 2018 ganarle al conservadurismo y a la corrupción, con las normas y reglas electorales impuestas por el arbitro, debe continuar ahora en el mismo camino. Se debe lograr que todos vayamos a votar, que el pueblo volcado en las urnas exprese su voluntad por un México de leyes y de justicia en el que haya lugar para todos.
Se debe derrotar las fuerzas que quieren regresarnos a la antidemocrácia y al predominio de los intereses económicos a pesar del árbitro que en lugar de ser garantía de juego limpio, se trata de colocar como el jugador principal de estas fuerzas. No lo va a lograr, ya se derrotó en el pasado reciente esa actitud y seguramente el pueblo de nueva cuenta triunfará.
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*Ricardo Ruiz Suárez es diputado de la Ciudad de México por el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Maestro en Derecho Constitucional y Administrativo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha sido catedrático e investigador del Departamento de Derecho de la UAM-Azcapotzalco.
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