India, el nuevo mejor amigo de los EEUU

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de la India, Narendra Modi, llegan a su conferencia de prensa conjunta en la Casa de Hyderabad en Nueva Delhi, India, el 25 de febrero de 2020. REUTERS/Adnan Abidi
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de la India, Narendra Modi, llegan a su conferencia de prensa conjunta en la Casa de Hyderabad en Nueva Delhi, India, el 25 de febrero de 2020. REUTERS/Adnan Abidi

Un repaso de la historia de las alianzas estratégicas y la política exterior de la India a partir de la segunda mitad del siglo XX mostraría que fue una de las pocas democracias plenas (si no la única) que mantuvo lazos más fluidos con la URSS que con los EEUU. Varios factores influyeron en ello. Por un lado, la fuerte alianza de este último país con Pakistán -rival histórico de los hindúes- y su acercamiento a China (principal aliado de los pakistaníes) a partir de 1972, de la mano de Nixon, Kissinger y Mao. Por el otro, las fuertes tensiones entre Moscú y Beijing a partir de la segunda mitad de los años ’50 llevaron a que el régimen soviético buscara reforzar la cooperación con la India en todos los campos, pero especialmente en lo militar y, dentro de ello, en el desarrollo de una capacidad nuclear de uso bélico que crearía una fuerte disuasión de la India frente a China. En las dos últimas décadas, no obstante, a medida que el poder económico y militar chino crecía, las sucesivas administraciones estadounidenses buscaban incrementar más y más su aproximación estratégica con la India. El último y más significativo paso en este sentido data de febrero de 2020, cuando el presidente Trump -recibido en India con masivas manifestaciones populares de respaldo- demostró estar en plena sintonía con el gobierno nacionalista de Modi, el poderoso e hiperactivo primer mandatario de esta potencia emergente. Resulta notorio que, según las encuestas de opinión pública a nivel global del prestigioso Pew Center, la población de la India muestra el mayor nivel de simpatía a la superpotencia americana y al presidente Trump a escala mundial. Entre los acuerdos firmados por ambas naciones, se destacan tanto la venta de material bélico de los EEUU por un monto de 2.600 millones de dólares como la autorización de Washington para que las empresas americanas ofrezcan aviones de combate F18 con tecnologías solo transferibles a los aliados más cercanos. A ello se suman importantes proyectos en los sectores agropecuario y farmacéutico, vistos por la Casa Blanca como la oportunidad de reducir la dependencia en estas áreas de las empresas chinas. El año pasado, el comercio bilateral entre EEUU e India alcanzó los 150 mil millones de dolares.

En lo que atañe al nivel de capacidades bélicas, sin lugar a dudas la India es una potencia. Por un lado, integra un reducido grupo de países -entre cuyos miembros se encuentran, básicamente, EEUU, Rusia y China- poseedores de la denominada “tríada nuclear”, esto es, la capacidad de lanzar cabezas nucleares desde aviones, desde misiles balísticos tierra-tierra y desde submarinos. A modo de ejemplo en esta materia, durante los últimos años, este país ha desarrollado vectores -como el Agni 5 y el Agni 6- que le permitirán colocar poderosas cabezas nucleares en un rango de distancias que oscila entre los 5.000 y 12.000 km. (cubriendo, en otras palabras, todo el territorio chino), con una elevada precisión. Asimismo, y de manera conjunta con Rusia, ha venido desarrollando y fabricando un impresionante misil aire-mar y tierra-mar antibuques BrahMos con una velocidad de 4.000 km/h y un alcance de más de 300 km. Por otro lado, India tiene 1,4 millones de efectivos militares (cifra sólo superada por China y los Estados Unidos). Su Marina es considerada como la quinta flota más poderosa del mundo: cuenta ya en sus arsenales con un submarino de propulsión nuclear, once destructores, catorce fragatas, quince submarinos y dos portaaviones (uno de ellos, recién construido en un astillero nacional); sus fuerzas blindadas y de tanques -compuestas por los mejores modelos de vehículos de combate de fabricación rusa como los T72 y T90- están ubicadas en una tercera posición a nivel global y, en lo referente a su poder aéreo, se destacan centenas de sofisticados aviones de combate rusos, como el SU 30 y el MIG 29.

Seguramente, las cuatro guerras sostenidas con Pakistán en 1947, 1965, 1971 y 1999 y la confrontación bélica con China, en 1962, son razones más que suficientes para comprender la importancia asignada por la India a la posesión de un poderoso arsenal, tanto nuclear como convencional. Sin embargo, cabe señalar también que una de las mayores preocupaciones geopolíticas de este país es contener las intenciones chinas de hacer pie en zonas claves del Índico, como las Islas Maldivas (según este razonamiento, Beijing viene trazando una línea de expansión vía Hong Kong, Camboya, Bangladesh, Sri Lanka, zonas de África, la Península Arábiga y Pakistán). No casualmente, el informe anual de gastos militares a nivel mundial elaborado por el SIPRI de Estocolmo muestra -por primera vez- que el ranking de los 3 países con mayores presupuestos del mundo está compuesto por dos potencias asiáticas secundando a los Estados Unidos. En efecto, de acuerdo con dicho informe, Washington lidera la lista con un 38% de total mundial, China (14%) e India (3,7%); siguiendo luego Rusia (3.4%), Arabia Saudita (3,2%), Francia (2,6%), Alemania (2,6%), Reino Unido y Japón (2,5%), Corea del Sur (2,3%) y Brasil (1,4%).

En el orden político, el ascenso al poder de Partido Nacionalista de Modi ha sido un fuerte impulso para orientar al país hacia reformas pro mercado, para reforzar al máximo sus capacidades de defensa, para buscar un mayor acercamiento a Washington, un masivo aliento a la inversión extranjera directa (ya superando a China), un firme respaldo al desarrollo de nuevas tecnologías y una mezcla de competencia y diálogo con China, para evitar crisis graves. Todo ello se visto coronado por fuertes tasas de aumento del PBI en la última década.

En lo que se refiere a la demografía, las proyecciones muestran que -en pocos años más- superará a China en cantidad de habitantes, presentando una edad promedio mucho menor (tomando en consideración las décadas que estuvo vigente la política de un solo hijo establecida por Beijing y sólo recientemente anulada).

Finalmente, pero no menos importante, la India no se encuentra entre los países con situaciones más críticas y trágicas ante la pandemia del C19, aún a pesar de la masividad de su población. Los niveles de mortalidad han sido inferiores al 4% y, hasta hace pocas semanas, las cifras de contagio eran relativamente semejantes a las declaradas oficialmente por China. Por otra parte, el Gobierno lanzado medidas fiscales y monetarias tendientes a asistir a la población por un monto que alcanza los 250 mil millones de dólares.

Debe notarse que si bien la diplomacia india ha buscado no escalar en conflictos retóricos con China acerca del origen del virus, cuando la crisis vaya quedando atrás, las consecuencias económicas y humanitarias tendrán, sin duda, un efecto potenciador sobre la percepción de China como amenaza. Cabe también esperar un mayor acercamiento aún a los Estados Unidos, tanto por la segura agudización de las fricciones entre Washington y Beijing como por los fuertes y crecientes niveles de desconfianza americana hacia Pakistán en su rol de aliado confiable en zonas como Afganistán y por la convicción de que el vínculo de Islamabad con sus aliados chinos es de mayor densidad y solidez. Dado que muy difícilmente una segunda administración Trump o una primera presidencia de Biden puedan o quieran encarrilar armónicamente el vínculo con China, caben pocas dudas que el interés en el desarrollo de lazos más fuertes con la India en todos los campos será una gran prioridad. Por esas vueltas y giros de la historia, ocho décadas después que EEUU, contundente ganador de la Segunda Guerra Mundial, presionaran al Reino Unido para que le diese la independencia a sus principales colonias, siendo la India la perla más valiosa, los intereses americanos e hindúes parecen converger nuevamente o aún más.

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