La canciller alemana Angela Merkel
La canciller alemana Angela Merkel

Si bien Angela Merkel se encuentra, como líder, en una fase declinante, ya promediando su cuarto mandato consecutivo como canciller sigue siendo una figura política con alcance global, con mejor imagen después del papa Francisco, según indica una encuesta de Gallup International sobre la percepción de los referentes a nivel mundial.

Frente a la amenaza del coronavirus, es la líder que se ha expresado con mayor mesura y precisión, tal como suele actuar.

Dando dimensión histórica al problema, dijo que era el “mayor desafío” que enfrentaba su país desde la Segunda Guerra Mundial, es decir en las ultimas ocho décadas. Con su prudencia característica, no extendió el juicio a Europa o al mundo, algo que perfectamente podría hacerse.

En las tres últimas, desde la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS, la crisis más relevante fue la que desató le sistema financiero estadounidense a partir de la perdida de confianza en las hipotecas “subprime”. Esto provocó una recesión global, atenuada en sus efectos por la acción mancomunada de las grandes potencias reunidas en el G20.

Hay un dato favorable a Alemania, que su jefa de gobierno no trata de publicitar ni mostrar como éxito: su baja “letalidad”, es decir el reducido porcentaje de personas fallecidas sobre el total de población afectada.

En concreto, al finalizar la tercera semana de marzo, Alemania registraba más de 11.000 contagios y sólo 46 muertes. Al mismo tiempo, EEUU superaba las 10.000 personas infectadas -con una población casi cuatro tres veces mayor-, y contaba con más de 180 fallecimientos.

Esto da para Alemania una “letalidad” de 0,41 muertes por persona infectada. En los EEUU, de 1,71, es decir una letalidad más de cuatro veces mayor.

Pero la comparación con otros países afectados es aún más marcada. Es de 8,3 en Italia, 5 en España, 4 en China y 3 en Francia.

Alemania tiene mucha menor cantidad de muertes sobre personas infectadas que los tres países de la Unión Europea que le siguen por PBI y población.

Una razón que se esgrime para explicar el fenómeno es que Alemania tiene mejor equipamiento médico: 25.000 camas con asistencia respiratoria, con una población de 82 millones de habitantes. Merkel anunció el 18 de marzo la decisión de duplicarla. Es decir, tener más de cuatro veces más camas para atender con eficacia el coronavirus que las personas hoy infectadas. Con una población menor pero próxima, Francia tiene 7.000 para 65 millones e Italia 5.000 con 60 millones habitantes.

Otra es la capacidad de diagnóstico precoz, que permitió detectar casos rápidamente desde enero y tratarlos antes de que el virus se desarrollara.

Al mismo tiempo, se esgrimen otros dos argumentos para subestimar el éxito alemán. Uno es que entre las personas contagiadas es muy alto el porcentaje de menores de 50 años y ello explica la menor “letalidad”, la que afecta más a los adultos mayores. Pero algo similar está sucediendo en EEUU, donde el porcentaje de infectados por debajo de esa edad es alto.

También se sostiene que no hay test a las personas fallecidas estaría haciendo que algunos de los que mueren en sus casas no estén siendo registrados. No parece un argumento demasiado consistente y además no es verificable.

Se acaba de informar que científicos alemanes de la Universidad de Lübeck lograron aislar la principal enzima del coronavirus y crearon un compuesto para inhibirla.

Merkel fue el primero de los líderes políticos en afirmar que podría ser afectado hasta el 70% de la población de su país, aunque reconoció que la mayoría de ellos no iba a ser consciente de que porta el virus.

También dijo que la infección iba a tener un proceso largo y que no era posible estimar una duración.

Ella fue más sincera y concreta que la mayoría de los líderes políticos y, al mismo tiempo, la que hasta ahora ha tenido mejores resultados para lidiar con el mayor “desafío” desde la Segunda Guerra Mundial, como ella ha dicho.

El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría