Los abejorros pueden aterrizar en flores que se desplazan lateralmente al combinar la percepción visual del movimiento con sus propios giros, según un estudio de Chenyao Wang y su equipo de la Universidad de Wageningen y la Universidad Tecnológica de Delft, publicado en Journal of the Royal Society Interface.
El trabajo, difundido por Phys.org, analizó cómo estos polinizadores resuelven una maniobra compleja: acercarse a un objetivo que se mueve mientras ajustan su trayectoria y conservan la referencia visual.
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Una flor móvil puso a prueba el aterrizaje de los animales
El equipo instaló una plataforma circular con forma de flor en el acceso a la colmena. Los abejorros aprendieron a utilizarla como punto de aterrizaje antes de volver a su refugio.

Durante las pruebas, el dispositivo completaba 2 ciclos laterales por segundo y se alejaba 2,5 centímetros a cada lado de su posición central. Las 3 cámaras de alta velocidad registraron 48 secuencias de aproximación y aterrizaje.
A partir de ese material, los investigadores reconstruyeron los vuelos en 3 dimensiones. Ese procedimiento permitió distinguir 2 respuestas que ocurrían a la vez: el desplazamiento lateral para acompañar el movimiento de la plataforma y el giro del cuerpo para ir hacia ella.
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Los registros mostraron que los polinizadores seguían el vaivén de la flor artificial con precisión, aunque no de manera instantánea. Su respuesta presentaba un pequeño retraso; según la explicación, ese patrón les permite actuar ante el movimiento que perciben, sin tener que calcular por adelantado el recorrido completo del objetivo.
Para cambiar de dirección, los insectos inclinaban su cuerpo: el análisis de las 10 grabaciones más extensas indicó que esas inclinaciones se ajustaban a la aceleración necesaria para redirigir la fuerza aerodinámica, es decir, la fuerza que ejerce el aire sobre sus alas y su cuerpo durante el vuelo.
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El flujo óptico ayuda a separar los cambios de perspectiva

Una dificultad del estudio consistía en determinar qué señal usaban los ejemplares para decidir cuándo corregir el vuelo. La imagen de una flor puede desplazarse dentro de su campo visual por 3 motivos: porque la flor cambia de lugar, porque el insecto se mueve o porque gira sobre sí mismo.
Para abordar esa cuestión, el grupo probó modelos matemáticos basados en el flujo óptico, un concepto que describe el movimiento aparente de un objeto dentro del campo de visión.
En este caso, se refiere a la manera en que la flor parece cambiar de posición ante los ojos de la abeja durante el vuelo. Los modelos combinaron esa señal visual con la velocidad de giro del animal.
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De ese modo, pudieron diferenciar una variación de imagen causada por la rotación del abejorro de otra producida por su desplazamiento lateral respecto de la plataforma. Considerar el giro permitió separar ambas fuentes de movimiento.
En el seguimiento lateral, funcionó una regla directa: cuanto mayor era la señal combinada, más intensa resultaba la aceleración aplicada por el insecto. En cambio, para reproducir los giros, se necesitó incorporar la rapidez con la que cambiaba el flujo óptico; ese dato ayudaba al modelo a ajustar la orientación cuando se modificaba la imagen de la flor.
Las señales de movimiento guiaron la orientación

Los autores aclararon que sus modelos describen una posible estrategia de control, pero no identifican de forma definitiva qué sensores la hacen posible. Los insectos podrían calcular su velocidad de giro con sensores mecánicos o mediante información visual.
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El estudio también evaluó si importaba la distancia entre la flor y el centro del campo de visión del insecto. Una investigación de 2025 publicada en Journal of Experimental Biology había observado que los abejorros mantenían flores artificiales de oscilación lenta cerca de la zona central de su visión.
Sin embargo, retirar ese ángulo del modelo de giro apenas alteró el resultado en las pruebas actuales y las señales de movimiento tuvieron mayor peso. Las simulaciones mostraron que, aun si una abeja empezaba a aproximarse sin girar, la respuesta al desplazamiento visual de la flor podía provocar una orientación inicial hacia el objetivo.
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Los investigadores señalaron que el experimento se limitó a trayectorias laterales regulares. Por ello, la información sobre la posición podría cobrar más importancia cuando una ráfaga de viento desplace las flores de manera imprevisible.
El artículo plantea que futuras pruebas con robots voladores podrían aplicar esta estrategia para programar aproximaciones a plataformas móviles.
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