El régimen chino busca controlar la sucesión del Dalai Lama y desafía al exilio tibetano

La disputa por el control espiritual en torno al budismo tibetano abre una nueva fase de tensión entre el gobierno autoritario y la diáspora, marcada por la intervención estatal y la defensa de las tradiciones ancestrales, según destaca la portada de Time

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Portada de la revista TIME con el 14º Dalai Lama vestido con túnica roja y amarilla, con las manos juntas, sobre fondo negro
El Dalai Lama representa el núcleo del conflicto global por la legitimidad y el control de la tradición budista tibetana ante la presión del régimen chino (Revista Time)

El reciente deterioro físico del líder espiritual tibetano ha encendido todas las alertas dentro y fuera del Tíbet. Hoy, la comunidad internacional observa con inquietud cómo se desarrolla una pugna inédita entre el Gobierno chino y la diáspora tibetana por el futuro de la sucesión del Dalai Lama, según revela la portada del último número de Time, “His last stand” (su última batalla).

A los 91 años, Tenzin Gyatso, el decimocuarto Dalai Lama, se recupera en la India de una compleja operación de rodilla, mientras el mundo budista pone la mirada en el incierto destino de su legado. De acuerdo con Time, la salud del líder espiritual y la inminencia de su sucesión han desencadenado un conflicto global por el control simbólico y político sobre el futuro del budismo tibetano, implicando a casi quinientos millones de fieles repartidos en todo el mundo.

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El Partido Comunista Chino (PCCh) ya ha anunciado que la reencarnación del Dalai Lama contará “con la aprobación del gobierno central”. El precedente resulta inquietante para la diáspora tibetana: en 1995, tras anunciar el Dalai Lama la identidad del nuevo Panchen Lama –la segunda figura en jerarquía dentro del budismo tibetano– las autoridades chinas secuestraron al menor y colocaron en su lugar a un candidato afín

El Dalai Lama, figura central del budismo tibetano, continúa transmitiendo su mensaje de paz y compasión mientras el futuro de su sucesión se convierte en una disputa global (REUTERS/Priyanshu Singh/File Photo)
El Dalai Lama, figura central del budismo tibetano, continúa transmitiendo su mensaje de paz y compasión mientras el futuro de su sucesión se convierte en una disputa global (REUTERS/Priyanshu Singh/File Photo)

a Pekín, que permanece como “el Panchen Lama oficial”, mientras el niño escogido legítimamente sigue desaparecido. Según destacó Time, un portavoz del gobierno chino repitió en julio pasado que ese método se aplicará al propio Dalai Lama, desatando el temor de una doble legitimidad y una ruptura profunda en el liderazgo espiritual tibetano.

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“Es totalmente absurdo, porque al tiempo que intentan borrar todo rastro de la práctica budista, quieren ahora adueñarse de la reencarnación”, denuncia Geshe Lhakdor, antiguo traductor personal del Dalai Lama, en conversación con Time. El riesgo de que surjan “dos Dalai Lamas, uno designado por China y otro por el exilio” es, según la administración tibetana en el exilio, una amenaza a la cohesión de un pueblo disperso por la represión en el Himalaya y la diáspora mundial.

El gobierno chino defiende que respeta los derechos religiosos en el Tíbet, pero organizaciones internacionales y relatores de la ONU documentan una vigilancia sistemática, restricciones severas y campañas para “sinizar” la práctica religiosa. Un claro ejemplo es la reciente ley que, bajo el lema de promover “la unidad étnica”, limita la enseñanza de lenguas minoritarias y el ejercicio de tradiciones espirituales tibetanas. “Si olvidas tu idioma, pierdes tu identidad”, advierte Jetsun Pema, hermana del Dalai Lama y referente educativa de la comunidad en el exilio.

Pekín trabaja en paralelo para obtener reconocimiento internacional de su estrategia. Según apunta Time, la presión económica y diplomática ha derivado en situaciones como la exclusión pública del Dalai Lama en Noruega o el endurecimiento de la política migratoria hacia los tibetanos en Nepal y Mongolia, temerosos de represalias comerciales.

El actual Dalai Lama, en su residencia de Dharamsala, India, se ha convertido en símbolo de resistencia pacífica ante la presión internacional por la sucesión (REUTERS/Priyanshu Singh/File Photo)
El actual Dalai Lama, en su residencia de Dharamsala, India, se ha convertido en símbolo de resistencia pacífica ante la presión internacional por la sucesión (REUTERS/Priyanshu Singh/File Photo)

Ante este panorama, el Dalai Lama ha dispuesto que la búsqueda de su reencarnación recaerá sobre el Gaden Phodrang Trust, y que su sucesor podría nacer fuera de China, incluso en Estados Unidos, para proteger la legitimidad del linaje lejos del control del partido. El gobierno tibetano en el exilio refuerza sus lazos con países democráticos, promueve la digitalización de las enseñanzas del líder espiritual y busca garantizar una sucesión que mantenga viva la lucha pacífica por la autonomía y la cultura tibetana. “Cuando Su Santidad ya no esté, enfrentaremos un enorme vacío, pero debemos prepararnos para ese desafío”, afirma Yangten Rinpoche, dirigente monástico, en declaraciones recogidas por Time.

El artículo de Time concluye que, aunque el cuerpo del Dalai Lama ya muestra signos de desgaste, el desenlace sobre su sucesión marcará el pulso geopolítico de la región y puede condicionar tanto la supervivencia de la causa tibetana como la legitimidad internacional del modelo autoritario chino.

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