El encanto de Bréhat, la isla donde los autos están prohibidos

En este rincón francés, solo es posible recorrer caminos empedrados y senderos floridos a pie o en bicicleta, lo que permite disfrutar de una atmósfera apacible y una biodiversidad preservada

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Bréhat, la isla francesa donde los autos están prohibidos, favorece un modelo de conservación y turismo sostenible único en Europa (Wikimedia Commons)
Bréhat, la isla francesa donde los autos están prohibidos, favorece un modelo de conservación y turismo sostenible único en Europa (Wikimedia Commons)

En el extremo noroeste de Francia, a apenas diez minutos en ferry desde la Pointe de l’Arcouest, frente al puerto de Paimpol, existe una isla que tomó una decisión radical hace más de un siglo: prohibir los vehículos motorizados; Bréhat, conocida como “la isla de las flores”, mide 3,5 kilómetros de largo por 1,5 de ancho y alberga a poco más de 400 habitantes permanentes, y su silencio no es accidental, sino una política.

La prohibición de automóviles no responde únicamente a la escala del territorio, sino a un modelo de conservación sostenido en el tiempo. Según France Voyage, Bréhat fue el primer sitio natural de Francia en recibir protección oficial, clasificación que data de 1907. Desde entonces, la isla forma parte de la red europea de conservación Natura 2000, que protege los hábitats de las especies más vulnerables del continente. Los únicos vehículos permitidos son tractores agrícolas, un tren turístico remolcado por tractor y algunos vehículos de emergencia esenciales.

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El resultado es un destino que se puede recorrer únicamente a pie o en bicicleta, con alquiler disponible desde el puerto por 15 euros por día en 2024, de acuerdo con Wikivoyage. Las calles angostas y empedradas están bordeadas de hortensias, agapanthus, camelias y mimosas que florecen buena parte del año gracias a un microclima templado, producto de la influencia de la Corriente del Golfo.

“Aquí podemos cultivar plantas que no sobrevivirían en ningún otro punto de Bretaña. Es como un pequeño pedazo del Mediterráneo en el norte”, describió una habitante local de la isla a Journée Mondiale.

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Una historia de corsarios, invasiones y arquitectura militar

La historia de Bréhat precede con creces a su fama turística. Evidencia arqueológica hallada en el sitio de Goareva, en el extremo sur de la isla, confirma presencia humana desde el Paleolítico medio, cuando el territorio aún estaba unido al continente. En la Edad Media, la isla fue saqueada e incendiada por fuerzas inglesas en 1408, durante la Guerra de los Cien Años, bajo el mando del almirante Edmund Holland, quien murió durante el ataque.

Su posición estratégica sobre la ruta marítima entre Saint-Malo y Brest convirtió a Bréhat en un nido de corsarios durante los siglos XVII y XVIII. El historiador Jean-François Jacq, en su obra L’Âge d’or des corsaires, 1643–1815, indicó que “el archipiélago de Bréhat siempre jugó un papel considerable en la vida marítima del Canal de la Mancha occidental”.

Su historia abarca periodos de corsarios, invasiones y presencia militar, con vestigios como el puente de Vauban y el faro del Paon (Wikimedia Commons)
Su historia abarca periodos de corsarios, invasiones y presencia militar, con vestigios como el puente de Vauban y el faro del Paon (Wikimedia Commons)

Bajo Luis XIV, la isla contaba con una guarnición permanente de unos 240 soldados, y el ingeniero militar Vauban ordenó la construcción del puente Pont ar Prad, que une las dos partes de la isla y que permanece en pie hasta hoy. Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla fue ocupada por fuerzas alemanas.

El faro del Paon, en el extremo norte, guía embarcaciones desde 1860. La capilla de Saint-Michel, enclavada en el punto más alto de la isla —26 metros sobre el nivel del mar—, ofrece una panorámica completa del archipiélago y sus arrecifes.

Dos islas en una

Bréhat está compuesta por dos sectores conectados por el puente de Vauban. El sector sur concentra la mayor parte de la población, con casas de granito rosa, jardines cuidados y los principales servicios para el visitante. El sector norte es más agreste: landas de brezo, costas batidas por el oleaje y una soledad que contrasta con la animación del sur.

Esta dualidad distingue a Bréhat. El artista Marc Chagall la plasmó en su obra La fenêtre sur l’île de Bréhat, pintada en la década de 1920, en la que tradujo los prados ondulados y las capillas humildes que observaba desde la ventana de su cuarto de vacaciones.

Desde 2023, Bréhat implementó un límite diario de 4.700 visitantes en verano para controlar el turismo y proteger su entorno natural y social (Wikimedia Commons)
Desde 2023, Bréhat implementó un límite diario de 4.700 visitantes en verano para controlar el turismo y proteger su entorno natural y social (Wikimedia Commons)

El límite de visitantes: cuando el silencio se vuelve recurso escaso

La popularidad de Bréhat generó un problema que la propia isla debió gestionar. En 2023, según informó Le Monde, el municipio implementó por primera vez en su historia un cupo máximo de 4.700 visitantes diarios entre semana, durante los meses de julio y agosto, luego de registrar picos de más de 5.000 personas por día. La medida se renovó en 2024 con resultados positivos: el índice de satisfacción de los turistas subió, disminuyeron los conflictos en el muelle continental y se registró un 20% menos de pasajeros en 2024 respecto a 2022 durante el período regulado.

“No más, sino mejor”. Así expresó el objetivo el alcalde Olivier Carré. Los 412 residentes permanentes, propietarios de segundas residencias y personal de servicios esenciales quedan exentos del cupo.

La única forma de llegar sigue siendo el ferry desde la Pointe de l’Arcouest, con un viaje de ida y vuelta que ronda los 10 euros. El desembarco se realiza en Port-Clos, el pequeño puerto sur, desde donde la isla se abre sin señales de tráfico, sin bocinas y sin motores: solo el sonido del viento entre el granito rosa y el mar.

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