
Las masivas protestas contra el régimen iraní han sido respondidas con una brutal represión que ha dejado un saldo devastador en todo el país. Testimonios recogidos por la BBC describen ejecuciones sumarias, disparos a quemarropa contra multitudes desarmadas y morgues desbordadas de cuerpos, en medio de las restricciones informativas que dificultan la verificación independiente de los hechos.
La movilización ciudadana, que desafía abiertamente al poder, se ha convertido en el mayor reto para los ayatollahs en años, mientras la respuesta oficial apunta a silenciar cualquier forma de disidencia a costa de cientos de vidas.
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“Lo vi con mis propios ojos: dispararon directamente contra filas de manifestantes y la gente caía donde estaba”, relató Omid, un hombre de unos 40 años que participó en protestas en una ciudad del sur de Irán. Su nombre fue modificado por razones de seguridad.
Según su testimonio, las fuerzas de seguridad utilizaron rifles de asalto de estilo Kaláshnikov contra civiles.
“Estamos luchando contra un régimen brutal con las manos vacías”, afirmó.
Relatos similares llegaron desde distintos puntos del país tras las manifestaciones masivas de esta semana, una de las mayores oleadas de protestas antigubernamentales en años. Las movilizaciones se intensificaron durante varias noches consecutivas y sumaron nuevos participantes tras los llamados del opositor exiliado Reza Pahlavi. En respuesta, el régimen persa restringió el acceso a internet.
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Un día después de una de las mayores jornadas de protesta, el líder supremo Ali Khamenei amenazó con que “la República Islámica no retrocederá”. Testigos sostienen que la violencia más grave se produjo tras ese mensaje, cuando fuerzas bajo el mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica intensificaron la represión.
Desde Teherán, una joven describió el ambiente como apocalíptico. “Parecía el día del juicio final”, dijo. Aseguró que incluso barrios alejados del centro estaban llenos de manifestantes.
“El viernes solo mataron y mataron. Verlo me dejó sin fuerzas. Fue un día sangriento”, declaró. Tras esa jornada, señaló, muchas personas dejaron de salir a las calles y comenzaron a protestar desde callejones o desde sus casas.
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En Fardis, al oeste de la capital, testigos afirmaron que miembros de la fuerza paramilitar Basij atacaron a los manifestantes tras horas sin presencia policial. Según esos relatos, agentes uniformados en motocicletas dispararon munición real y vehículos sin identificación recorrieron callejones disparando incluso contra residentes que no participaban en las protestas. “Murieron dos o tres personas en cada callejón”, afirmó un testigo.
“En la guerra, ambos bandos tienen armas. Aquí, la gente solo canta y muere. Es una guerra unilateral”, añadió.
Las cifras de víctimas siguen siendo inciertas. La organización Iran Human Rights, con sede en Noruega, informó que al menos 648 manifestantes murieron, incluidos menores de edad. Sin embargo, fuentes locales aseguran que el número real podría ser mucho mayor. La BBC advirtió que no puede verificar de forma independiente estas cifras y que el régimen iraní no ha difundido estadísticas oficiales transparentes.
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Mientras tanto, el sistema sanitario y forense se vio desbordado. Enfermeros y médicos relataron haber visto numerosos cuerpos y heridos con lesiones graves, especialmente en cabeza y ojos. “Los hospitales estaban saturados y no podían atender a los casos más severos”, indicaron. Algunos testigos hablaron de cadáveres apilados y de cuerpos que no fueron entregados a sus familias.
Videos verificados muestran decenas de cuerpos en el centro forense de Kahrizak, en Teherán, así como camiones descargando cadáveres. Un trabajador de una morgue en Mashhad afirmó que entre 180 y 200 cuerpos con heridas severas fueron enterrados antes del amanecer. En Rasht, una fuente aseguró que se exigió a las familias “pagar por las balas” antes de retirar los cuerpos.
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Ante estos informes, el secretario general de la ONU, António Guterres, expresó estar “conmocionado por los reportes de violencia y uso excesivo de la fuerza”. La relatora especial Mai Sato advirtió que “independientemente del número de muertos, el uso de fuerza letal por parte de las fuerzas de seguridad es profundamente preocupante”.
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