Antes de cumplirse un mes del estallido armado en la frontera entre Tailandia y Camboya, que actualmente se sostiene bajo una frágil tregua, ambas naciones alcanzaron un acuerdo para desminar zonas de la línea divisoria y avanzar en la delimitación de territorios cuya soberanía permanece en disputa desde hace más de un siglo.
El portavoz de la oficina del primer ministro de Tailandia, Jirayu Huangsap, informó este sábado que el pacto se selló en una reunión extraordinaria del Comité Regional Fronterizo, integrada por representantes de ambos países. El acuerdo no solo contempla la remoción de minas terrestres, sino también la cooperación contra redes criminales de fraude digital que operan en la región.
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En las últimas semanas, al menos tres incidentes con minas terrestres se han registrado en la frontera. El más reciente ocurrió el 12 de agosto, cuando un soldado tailandés resultó herido.
Los otros, reportados el 16 y el 23 de julio, antecedieron al estallido de los combates que comenzaron el 24 de julio y se prolongaron durante cinco días, dejando un saldo de al menos 44 muertos, incluidos varios civiles.
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Las autoridades tailandesas acusan a Camboya de haber colocado nuevos artefactos explosivos, algo que Nom Pen niega categóricamente al afirmar que no ha plantado minas nuevas y que las existentes corresponden a las colocadas durante la guerra civil camboyana (1975-1998). Se estima que en ese periodo se instalaron hasta seis millones de minas, de las cuales cientos de miles permanecen activas, lo que convierte a Camboya en una de las naciones más afectadas del mundo.
El pacto alcanzado también incluye medidas para combatir el fraude digital transfronterizo, un negocio ilícito que ha convertido al Sudeste Asiático en epicentro de operaciones de estafa a gran escala.
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La primera ministra suspendida de Tailandia, Paetongtarn Shinawatra, aseguró recientemente que estos centros fraudulentos fueron uno de los detonantes del conflicto de julio, ya que su gobierno había comenzado a tomar medidas contra ellos, lo que afectaba intereses instalados en Camboya.
Según la mandataria, la disputa fronteriza estuvo atravesada por el choque entre las iniciativas de seguridad transnacional y la protección de estas redes ilícitas, que tienen un fuerte peso en la economía camboyana.
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El 28 de julio, ambos países firmaron un alto el fuego tras los combates, aunque desde entonces se han acusado mutuamente de violar los términos de la tregua. La línea divisoria, de casi 820 kilómetros, sigue siendo una fuente permanente de tensiones, en gran parte porque su trazado original fue cartografiado por Francia en 1907, cuando Camboya estaba bajo dominio colonial, lo que ha alimentado reclamos territoriales recurrentes durante décadas.
La reciente decisión de cooperar en el desminado y la delimitación de las zonas en disputa busca reducir el riesgo inmediato de un nuevo enfrentamiento, pero la magnitud del problema y la persistencia de intereses vinculados al crimen organizado mantienen la incertidumbre.
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(Con información de EFE)
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