
El presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió el domingo que Europa debe presentarse con una voz clara y cohesionada frente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la cita que varios líderes continentales mantendrán en Washington junto al mandatario ucraniano Volodimir Zelensky.
“Nuestra voluntad es presentar un frente unido entre europeos y ucranianos”, declaró Macron desde su residencia de verano, tras una reunión telefónica con sus pares europeos para preparar la estrategia común. El objetivo inmediato es obtener de Trump una respuesta precisa sobre el alcance de las garantías de seguridad que Washington estaría dispuesto a ofrecer en un eventual acuerdo de paz para Ucrania.
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Macron dejó claro que la desconfianza hacia Moscú sigue siendo absoluta. “Solo hay un Estado que propone una paz que sería una capitulación: Rusia”, dijo con tono severo.
Sus palabras reflejan la percepción extendida en Europa de que el Kremlin no busca un compromiso auténtico, sino imponer condiciones que socaven la soberanía ucraniana y modifiquen por la fuerza el mapa político del continente. La idea de que Moscú pueda dictar los términos de un alto el fuego preocupa a Bruselas, Berlín y París, porque significaría aceptar un precedente peligroso para la seguridad europea.
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El mandatario francés insistió en que ningún acuerdo puede discutirse a espaldas de los directamente implicados: “Así como no puede haber discusión sobre el territorio de Ucrania sin Ucrania, tampoco puede haber debates sobre la seguridad de los europeos sin ellos”.
Con ello buscó reforzar la premisa de que Europa debe dejar de ser un espectador y convertirse en actor central de las negociaciones. El mensaje es también una advertencia a Trump, quien en sus primeros contactos con Vladímir Putin ha insinuado fórmulas de paz que podrían incluir concesiones territoriales de Kiev.
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La reunión prevista en Washington se produce apenas días después del encuentro en Alaska entre Trump y Putin, que generó alarma en las capitales europeas. Según reportes de Politico y Financial Times, el líder estadounidense exploró la posibilidad de un acuerdo que garantice a Ucrania un estatus de seguridad similar al de la OTAN, pero sin concederle la membresía plena. Esa fórmula, si bien apunta a brindar protección militar, deja en entredicho el compromiso real de Washington y abre la puerta a concesiones en las regiones de Donetsk y Luhansk, parcialmente ocupadas por Rusia.
Los gobiernos europeos temen que esa lógica de “paz pragmática” termine debilitando la posición ucraniana. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ya ha advertido que la integridad territorial no es negociable, mientras que el primer ministro británico, Keir Starmer, recordó en la última cumbre de Londres que “ceder ante la agresión solo engendra más agresión”. Macron se alineó con esa visión al señalar que aceptar una paz dictada por Moscú significaría claudicar frente a un patrón de violencia que también amenaza al resto de Europa.
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El trasfondo de esta estrategia se remonta a marzo de 2025, cuando en Londres se lanzó la denominada “coalición de los dispuestos”, liderada por Reino Unido y Francia. Este grupo busca garantizar la seguridad ucraniana con compromisos multilaterales, asistencia militar sostenida y una eventual fuerza de paz internacional. Starmer presentó en aquella ocasión un plan de cuatro puntos que incluye apoyo militar prolongado, un dispositivo de supervisión internacional y el refuerzo de sistemas antiaéreos para Kiev. Ursula von der Leyen, por su parte, anunció un programa de inversión en defensa de 800.000 millones de euros destinado a fortalecer la autonomía estratégica de Europa.
La firmeza de estas iniciativas contrasta con las señales ambiguas de Trump. Si bien el presidente estadounidense se muestra dispuesto a explorar garantías, su discurso se ha caracterizado por priorizar el costo económico para Estados Unidos y recalcar que Europa debe “asumir más”. Esa línea, aunque no sorprende, inquieta a Polonia y los países bálticos, que ven en cualquier debilitamiento de la alianza transatlántica una amenaza directa a su seguridad nacional.
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La posición de Macron intenta anticiparse a esas dudas. Francia, al igual que Alemania y Reino Unido, sabe que un eventual acuerdo que reduzca el respaldo occidental pondría a Ucrania en una situación de fragilidad extrema y consolidaría la narrativa de Putin de que Occidente carece de determinación. “La paz no se negocia sobre la base de la rendición”, repitió el presidente francés, en alusión directa al riesgo de que Ucrania se vea obligada a ceder.
Los países europeos, además, perciben que este conflicto es ya un asunto de seguridad interna. La posibilidad de una frontera oriental inestable, con Rusia en control de territorios ucranianos estratégicos, comprometería rutas energéticas, cadenas de suministro y, sobre todo, la credibilidad de la arquitectura de seguridad europea. Para Macron, no se trata únicamente de solidaridad con Kiev, sino de preservar la estabilidad de un continente que durante décadas confió en la OTAN como garante último.
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De cara a los próximos meses, la incógnita sigue siendo hasta dónde está dispuesto a llegar Trump en su relación con Putin. Su disposición a hablar de un acuerdo rápido despierta sospechas entre aliados europeos, que temen que una búsqueda de protagonismo personal lo lleve a sacrificar principios esenciales. En ese contexto, la exigencia de Macron de que Europa esté en la mesa de negociación adquiere un significado mayor: no se trata de acompañar a Washington, sino de demostrar que, frente a la presión rusa, Europa no cederá su destino a decisiones tomadas en otro continente.
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