
En Miyakejima, una isla japonesa situada a 180 kilómetros de Tokio, la vida cotidiana transcurre bajo la sombra constante del Monte Oyama, uno de los volcanes más activos del mundo. Aquí, el uso de máscaras de gas no es una medida excepcional, sino una obligación permanente para residentes y visitantes.
Portar máscaras de gas mientras pasean por las calles o disfrutan de las playas, se ha convertido en el símbolo de una comunidad que ha aprendido a convivir con la amenaza volcánica.
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Según informó Traveler, la singularidad de Miyakejima no solo radica en su paisaje natural, sino en la adaptación de sus habitantes a este entorno hostil y en el auge de un turismo volcánico que atrae a quienes buscan experiencias extremas en Japón.

Monte Oyama: historia de erupciones y resiliencia
Entre junio y julio de 2000, la isla experimentó más de 17.500 sismos, lo que desencadenó una nueva erupción del volcán. Ríos de lava, gases tóxicos y la caída de rocas pusieron en peligro a los aproximadamente 3.600 habitantes de la isla.
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En septiembre de ese año, los niveles de sulfuro alcanzaron cifras alarmantes, lo que llevó a las autoridades japonesas a ordenar la evacuación total de la población.
De acuerdo con Traveler, la evacuación transformó Miyakejima en una isla desierta, mientras sus habitantes eran reubicados en Tokio. La actividad volcánica persistió durante cinco años, y no fue hasta 2005 cuando se permitió el regreso de los residentes. La reanudación de los vuelos comerciales se retrasó tres años más, debido a la persistencia de gases nocivos en la atmósfera.
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Vida cotidiana bajo la amenaza volcánica
En la actualidad, la vida en Miyakejima se ha normalizado en muchos aspectos, aunque la presencia del volcán sigue condicionando la rutina diaria. El uso de máscaras de gas es obligatorio durante todo el año, tanto para residentes como para turistas.
La alarma puede sonar en cualquier momento, advirtiendo que los niveles de gases han alcanzado valores peligrosos y que es imprescindible colocarse la máscara. Traveler describe cómo la inquietud que genera ver máscaras de gas por todas partes y el sistema de sirenas puede interrumpir la tranquilidad en cualquier instante.
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A pesar de estas medidas, la percepción de normalidad ha ido ganando terreno. No es raro ver a los habitantes paseando con las máscaras en la mano, preparados para utilizarlas si la situación lo requiere. Según Traveler, esta imagen se ha vuelto menos frecuente en los últimos años, ya que la situación ha mejorado y los episodios críticos son menos habituales. Sin embargo, la amenaza persiste: una tercera parte de la isla permanece deshabitada debido a la continua emisión de gases por parte del Monte Oyama.

Turismo volcánico: atractivo y advertencias
El turismo se ha convertido en una de las principales fuentes de ingresos de Miyakejima, junto con la pesca y la agricultura. El fenómeno del turismo volcánico ha ganado popularidad, impulsado en parte por la difusión de imágenes impactantes en redes sociales y la curiosidad por experimentar la vida en un entorno extremo. La Royal Geographical Society, una institución británica de prestigio, ha emitido advertencias sobre los riesgos asociados a este tipo de turismo.
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En un comunicado recogido por Traveler, la entidad alerta sobre la posibilidad de ser alcanzado por fragmentos de roca y el peligro de inhalar gases tóxicos. Además, señala que la geografía de la isla dificultaría el rescate y la evacuación en caso de emergencia, tanto para turistas como para la población local.
La experiencia de Miyakejima no es única. En la memoria reciente permanece el trágico incidente del volcán Whakaari/White Island en Nueva Zelanda, que en 2019 entró en erupción mientras 47 turistas se encontraban en la zona. El balance fue de 22 fallecidos y numerosos heridos con quemaduras graves e intoxicaciones.
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Naturaleza y actividades: entre el riesgo y el paraíso
Más allá del volcán, Miyakejima ofrece una naturaleza exuberante y una amplia variedad de actividades al aire libre. Según la Japan National Tourism Organization (JNTO), la isla cuenta con rutas de senderismo que recorren paisajes moldeados por antiguas erupciones, como el Sendero de Lava de Ako en la costa oeste.
El entorno volcánico ha dado lugar a playas de arena negra y aguas termales, como el balneario Furusato no Yu, donde los visitantes pueden relajarse tras una jornada de exploración.
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El mar que rodea Miyakejima es un paraíso para los aficionados al buceo y el snorkel. Las aguas, ricas en peces tropicales y colonias de coral, forman parte del Parque Nacional de Fuji-Hakone-Izu, reconocido por su biodiversidad y su estado de conservación. La pesca y la agricultura completan el panorama económico de la isla, que supo aprovechar sus recursos naturales a pesar de las adversidades.

Desde logística hasta medidas de seguridad, qué tener en cuenta
Llegar a Miyakejima implica una logística particular. Solo existen dos formas de acceso: en helicóptero o en barco.
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Desde Tokio, los visitantes pueden tomar un ferry nocturno desde el muelle de Takeshiba, con un trayecto de unas seis horas, o volar desde el aeropuerto de Chofu hasta el aeropuerto de Miyake, en un viaje de aproximadamente 50 minutos. También hay servicios de helicóptero que conectan la isla con otros destinos del archipiélago.
La seguridad es una prioridad constante. Todo turista debe disponer de una máscara de gas, que puede adquirirse fácilmente en las tiendas turísticas al llegar a la isla. No es necesario comprarla con antelación.

Tanto el puerto como el aeropuerto están equipados con planes de evacuación listos para activarse en caso de emergencia, y su ubicación permite un acceso rápido desde cualquier punto de la ciudad.
El auge del turismo volcánico en Miyakejima ha puesto en primer plano la necesidad de conciliar la atracción por la naturaleza extrema con la seguridad de visitantes y residentes.
La Royal Geographical Society insiste en la importancia de la prudencia, recordando que la actividad del Monte Oyama garantiza la presencia de riesgos. Traveler, por su parte, subraya que, aunque la situación ha mejorado y la vida en la isla se ha estabilizado, la amenaza volcánica sigue siendo una realidad con la que convivir.
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