El 7 de mayo de 1945, a las 2:41 de la madrugada, representantes del alto mando alemán firmaron en Reims la rendición incondicional que pondría fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa. En esa pequeña escuela de ladrillo rojo que servía como cuartel general del general Dwight D. Eisenhower, se encontraba Edward Kennedy, jefe de la oficina en París de la Associated Press (AP).
Fue él quien, desafiando una orden militar de silencio, dictó al mundo la noticia más esperada: “Soy Ed Kennedy en París. La guerra ha terminado, y procederé a dictar: Alemania se ha rendido incondicionalmente”. Alcanzó a pasar unas 200 palabras. Pero su historia recorrió el mundo y despertó el júbilo tan ansiado.
La decisión de Kennedy de romper el embargo impuesto sobre la rendición tuvo consecuencias inmediatas y devastadoras para su carrera, aunque ofreció al mundo un día más de paz. “Eso es oficial. Envíenlo”, dijo a sus colegas al concluir su boletín de 400 palabras, enviado desde una línea telefónica no supervisada al despacho de AP en Londres.
La firma secreta en Reims
La rendición alemana se produjo en Reims, al norte de Francia, y fue firmada por el coronel general Gustav Jodl, en representación del alto mando nazi. La ceremonia se llevó a cabo ante la presencia de 17 periodistas aliados seleccionados, entre ellos Kennedy. Aunque el documento tenía efecto a partir de las 23:01 del 8 de mayo, las autoridades aliadas impusieron un embargo informativo con el objetivo de coordinar un segundo acto de rendición en Berlín, esta vez liderado por los soviéticos.
Un tema estrictamente político, no de seguridad, de acuerdo al criterio del periodista.
Según la justificación oficial, la extensión del embargo de 36 horas buscaba garantizar la seguridad de las tropas y la uniformidad en el cese de hostilidades en todo el continente. Pero cuando Kennedy escuchó en París un anuncio de la rendición emitido por radio desde Flensburgo, en zona bajo control aliado, interpretó que el embargo era de carácter político más que militar.
El periodista se dirigió Oficina de Censura y advirtió lo que estaba a punto de hacer. “Durante cinco años han justificado que la única razón de la censura era salvar vidas. La guerra ha terminado. Yo mismo he asistido a la rendición ¿Por qué no debe saberse?”, clamó ante las autoridades.
“La absurda idea de intentar embotellar una noticia de tal magnitud era demasiado evidente”, escribió más tarde.
La decisión que marcó su destino
Tras advertir sin éxito a los censores militares de que no podía seguir reteniendo la noticia, Kennedy esperó 15 minutos y luego actuó. Con una llamada directa a Londres, redactó su crónica: “Alemania se ha rendido incondicionalmente a los Aliados Occidentales y a Rusia a las 2:41 de la madrugada, hora francesa del lunes... La rendición tuvo lugar en una pequeña escuela roja que es el cuartel general del General Eisenhower...”.
El mundo se enteró de la rendición alemana un día antes del Día de la Victoria en Europa (VE Day), celebrado oficialmente el 8 de mayo en Occidente y el 9 de mayo en Rusia y otros países del antiguo bloque soviético, en alusión al segundo acto de rendición realizado en Berlín.
Castigo y ostracismo
El acto de Kennedy fue visto como una traición. En menos de una hora, perdió sus credenciales de prensa y fue expulsado de Francia. La AP suspendió temporalmente el trabajo de sus corresponsales y, presionada por las autoridades militares y por competidores en la prensa, reprendió públicamente a su periodista. Poco después, lo despidió de forma definitiva.
Más de 50 colegas firmaron una carta en su contra, calificando su acción como “la más vergonzosa traición en la historia del periodismo”. Kennedy nunca volvió a trabajar en un medio nacional. Pasó sus últimos años editando periódicos regionales en California, donde murió en un accidente de tránsito en 1963. Tenía 58 años.
Reivindicación póstuma
Casi siete décadas después del despido, en mayo de 2012, la AP revirtió su postura. Su entonces presidente y director ejecutivo, Tom Curley, pidió disculpas formales y calificó el trato a Kennedy como “un día terrible para la AP”. “Una vez terminada la guerra, no se puede seguir reteniendo una información así”, declaró Curley. La agencia también apoyó la publicación de las memorias del periodista, Ed Kennedy’s War, que durante años no encontraron editor.
En la actualidad, un monumento en Laguna Grande Park, California, recuerda su legado con la inscripción: “Le dio al mundo un día más de felicidad”.
La decisión de Kennedy cambió su vida, pero también cambió la historia. Mientras el mundo conmemora el 80º aniversario del final de la guerra en Europa, su nombre regresa como símbolo del deber de informar, incluso cuando decir la verdad exige un precio personal.
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