
Italia está evaluando la posibilidad de retirarse del gran proyecto de infraestructura Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China, un movimiento que podría tener repercusiones significativas en las relaciones globales y abrir el camino para la salida de otros adherentes.
Se trata del único país industrializado del Grupo de los Siete (G7) signatario de la BRI, se encuentra en medio de un proceso de revisión de su relación con China. Esto se produce en un momento en que los cambios en los alineamientos geopolíticos están transformando la economía mundial y a pocos meses de que de que Italia asuma la presidencia rotatoria del G7 en 2024.
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Según expertos, la decisión de Italia podría establecer un precedente para futuras salidas de la iniciativa china de comercio mundial e infraestructuras.
Giulio Pugliese, profesor de la Escuela de Estudios Globales y de Área de la Universidad de Oxford, expresó al canal estadounidense CNBC que “la idea en Washington es que si Italia se retira y lo hace con un grado de colaboración real y sonrisas con Beijing, lo que esto implicará es que otros países de Europa occidental, tal vez incluso los países de Europa oriental que hacen la mayor parte de los participantes en el BRI, podrían ser capaces de retirarse”.
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“No olvidemos que muchos Estados bálticos y otros muchos países de Europa Central y Oriental, aparte de Hungría, son bastante escépticos respecto al papel de China en la actualidad”, agregó Pugliese.
Decisión antes de diciembre
Bajo el gobierno de Giuseppe Conte, Italia firmó con China un memorando de entendimiento de cinco años que está punto de renovarse en marzo de 2024. Italia tiene hasta diciembre para tomar una decisión formal de retirada, o su membresía se prorrogará por otros cinco años.
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El gobierno de la primera ministra Giorgia Meloni parece dispuesto a retirarse de la BRI, un reflejo de la frustración por las promesas incumplidas de la iniciativa y la reevaluación estratégica de China por parte del país.
Las dudas italianas aumentaron después que el proyecto chino se ha visto ensombrecido por acusaciones de corrupción, proyectos detenidos y preocupaciones sobre la “trampa de deuda” en los países receptores.
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Durante el último año, Meloni indicó que adherirse a la BRI fue un “gran error” que pretendía corregir retirándose de la iniciativa. Meloni citó la falta de beneficios que obtuvo Italia tras unirse a la BRI, señalando que “Italia es el único miembro del G7 que firmó el memorando de adhesión a la Ruta de la Seda, pero no es el país europeo u occidental con las relaciones económicas y los flujos comerciales más fuertes con China”. Más recientemente, el ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, calificó de “acto improvisado y atroz” la decisión de Italia de adherirse a la BRI.
Aún así, Meloni busca retirarse sin desatar la ira de Beijing, un país con el que Italia mantiene un importante vínculo comercial. Durante la cumbre del G20 en Delhi, la primera ministra se reunió con su par chino, Li Qiang. En el encuentro se destacó la intención común de profundizar el diálogo entre Roma y Beijing sobre asuntos bilaterales e internacionales.
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Meloni destacó que “hay naciones europeas que en los últimos años no han formado parte de la Franja y la Ruta, pero que han sido capaces de forjar relaciones más favorables [con China] de las que nosotros hemos logrado a veces”, subrayando la importancia de garantizar una asociación beneficiosa para ambas partes, independientemente de la decisión final sobre la BRI.
Según expertos como David Sacks, del Council on Foreign Relations, la retirada italiana de la BRI reflejaría la creciente convergencia transatlántica sobre el desafío que plantea China.
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Los países europeos ven a China cada vez más como un rival que como un socio o competidor, mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, argumentó recientemente que “el claro objetivo del Partido Comunista Chino es un cambio sistémico del orden internacional con China en su centro”, señalando a la BRI como prueba. El apoyo de Beijing a Rusia en su guerra contra Ucrania ha llevado a muchos gobiernos europeos, entre ellos el italiano, a deshacerse de sus ilusiones sobre China. Los países de Europa Central y Oriental, que tradicionalmente habían buscado estrechar lazos con China a través del mecanismo de cooperación “17+1″, también han dado este giro.
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