
El número de espías rusos en Suiza registró un fuerte aumento desde el comienzo de la invasión a Ucrania, ya que el pequeño Estado neutral, con sus numerosas organizaciones internacionales, es considerado uno de los terrenos de operación más importantes para los servicios de inteligencia del Kremlin en Europa.
A diferencia de la mayoría de los países europeos, hasta el momento Berna no ha expulsado a ningún oficial ruso sospechoso de espionaje, pese a que ya en 2020 el Servicio Federal de Inteligencia suizo (NDB) declaró en su informe de seguridad que la “la principal amenaza proviene de los servicios de inteligencia rusos”. La razón que aducen las autoridades helvéticas para evitar las expulsiones es la necesidad de mantener abiertos los canales de comunicación con Rusia.
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Esto, sin embargo, tuvo como efecto que los diplomáticos rusos expulsados de otros países por servir en los servicios secretos de Moscú —unos 500, desde el estallido de la guerra— se reubicaron en Suiza en lugar de regresar a Moscú, según reveló una investigación de NZZ (Neue Zürcher Zeitung), el periódico más influyente del país.
“La importancia de Suiza como refugio seguro para el trabajo de los servicios secretos rusos aumenta porque las estructuras aquí siguen intactas”, explicó al diario el historiador y experto en inteligencia Adrian Hänni.
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Cómo funciona el espionaje ruso en Suiza
Las representaciones diplomáticas rusas en Suiza —incluidas la embajada en Berna, varios consulados y las representaciones rusas ante la ONU en Ginebra— permiten a sus empleados de los servicios secretos utilizar el camuflaje diplomático y también proporcionan la infraestructura para sus actividades con sus locales. Según el Servicio Federal de Inteligencia suizo (NDB), operan en en el país los tres servicios secretos rusos: el servicio de inteligencia exterior SWR, el servicio de inteligencia militar GRU y el servicio de inteligencia interno FSB.

Según datos del Departamento Federal de Asuntos Exteriores (EDA), actualmente hay 221 personas enviadas por Rusia acreditadas en Suiza. Según estimaciones del NDB, un tercio del personal acreditado en las misiones diplomáticas rusas trabaja en el servicio secreto. Eso sugiere que unas 70 personas están haciendo trabajo de servicio secreto bajo camuflaje diplomático. Sin embargo, a estas hay que sumar los informadores, fuentes, funcionarios bajo camuflaje no oficial y quienes sólo viajan a Suiza para una breve misión
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“Con un visado Schengen, los diplomáticos pueden viajar libremente sin necesidad de estar acreditados por el gobierno federal. Por tanto, es probable que el número real de espías sea mucho mayor”, escribe NZZ.
El epicentro de las actividades de espionaje ruso en Suiza es Ginebra, sede de la misión rusa en la ONU y de varias organizaciones internacionales. Allí también se suelen celebrar reuniones diplomáticas de alto nivel. Un ejemplo fue el encuentro en junio de 2021 entre el presidente estadounidense Joe Biden y Vladimir Putin.
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Además de las actividades que se realizan en Ginebra, objetivo de los espías rusos son las cumbres o conferencias internacionales realizadas en otras ciudades, como el Foro Económico Mundial de Davos, que cada año reúne a la élite económica y mundial en esa localidad, según ZNN.
Otro foco de interés es el espionaje científico y tecnológico, un ámbito en el que los servicios de inteligencia rusos recurren a agentes e informadores que transmiten información sensible de empresas, entidades financieras, centros gubernamentales e instituciones de investigación.
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Los opositores a Putin en el exilio y las comunidades de la diáspora rusa también son objetivos potenciales. En el informe de 2020, el NDB escribió que los servicios de inteligencia extranjeros en la diáspora a veces reclutan fuentes e informantes: “Vigilan a los miembros de la comunidad de la diáspora, a la que a menudo pertenecen. Actúan por convicción, miedo o interés propio”.
Ginebra, base de operaciones
La importancia de Ginebra hace que los agentes rusos tengan como su base de operaciones enorme y bien protegido campus de esa ciudad. Con media docena de edificios, contiene oficinas y alojamientos, una tienda de comestibles rusa y proporciona a los diplomáticos atención médica básica. Esto se debe, entre otras cosas, a que los salarios rusos no permiten un estilo de vida extravagante en la cara Suiza, explica NZZ.
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Al contrario, la pequeña embajada en Berna es relegada a complemento estratégico y de personal.

Según explicó Hänni a ZNN, las instalaciones para los representantes rusos sirven como bases logísticas para operaciones especiales en Suiza y Europa, así como para las llamadas reuniones de terceros países, en las que los jefes de los agentes rusos se reúnen con agentes de otros países”.
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En el caso de operaciones especiales, en las que Moscú no recurre a empleados locales para acciones complicadas y costosas, sino que envía al país objetivo a agentes de los servicios secretos especialmente formados para este tipo de operaciones, Suiza incluso fue múltiples veces la “última estación antes de la cumbre”, según Hänni.
Así lo confirman varios casos ocurridos en los últimos años. Los más resonantes fueron el pirateo de documentos confidenciales por parte de los agentes del servicio de inteligencia militar GRU Yevgeny Serebryakov y Alexei Morenez durante una conferencia de la Agencia Mundial Antidopaje Wada en Lausana en 2016 y el intento de envenenamiento de Sergei Skripal en 2018. Aquella vez, los presuntos asesinos Alexander Mischkin y Anatoly Tschepiga, también miembros del GRU, habían estado en Ginebra varias veces en los meses previos al ataque ocurrido en el Reino Unido.
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Más recientemente, en enero de 2020 un hombre detenido por conducir con matrículas falsas y con varios teléfonos móviles, una cámara, un dron y documentos con diferentes nombres en su posesión fue condenado a seis meses de prisión por actuar como agente de inteligencia política: fue la primera sentencia contra un espía ruso en Suiza.
La postura de las autoridades suizas

Aunque oficialmente Suiza no ha expulsado a ningún diplomático ruso desde el estallido de la guerra en Ucrania, se cree que ha habido expulsiones entre bastidores, como informó recientemente el periódico Blick, citando “fuentes bien informadas”. En cualquier caso, el ministerio de Exteriores suizo no comunica las expulsiones públicamente.
Por otro lado, la inmunidad de la que gozan los representantes diplomáticos acreditados, el margen de actuación del gobierno suizo es limitado. Esto explicaría por qué en todos estos años hubo apenas una sentencia —de leve entidad— contra un espía ruso.
Aún así, “en los últimos cuatro o cinco años, el BND se ha centrado mucho en Rusia y ha podido detener algunas acciones”, dijo Hänni.
Según los integrantes de círculos diplomáticos que hablaron con el NZZ, el gobierno suizo está relativamente bien informado sobre las actividades de inteligencia de los rusos. Sin embargo, fiel a su centenaria tradición de prudencia y neutralidad en las relaciones internacionales, se contiene de manera deliberada mientras no se crucen ciertas líneas rojas.
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