
El papa Francisco visita esta semana Chipre y Grecia en un momento en que ambos países atraviesan una nueva fase de tensiones con su díscolo vecino Turquía y se sienten decepcionados por la falta de respuestas contundentes por parte de la Unión Europea (UE) y la Alianza Atlántica (OTAN).
Aunque el papa es conocido por sus mensajes pacificadores allí donde vaya, poco puede aportar a desatascar una crisis que lleva décadas sin que ninguna instancia internacional haya podido convencer a las partes enfrentadas a sentarse a negociar una solución sostenible.
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”El papa tiene otro papel. No puedo imaginarme que pueda servir de mediador en esta cuestión”, señaló Panayiotis Ioakimidis, experto en relaciones grecoturcas de la Fundación Helena para la Política Europea y Exterior (ELIAMEP).
Francisco podrá al menos escuchar de primera mano los problemas que afrontan ambos países en este conflicto del Mediterráneo oriental, pues durante su visita se entrevistará no sólo con las cúpulas religiosas sino con el liderazgo político de Chipre y Grecia.
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La situación lleva décadas enrocada y las partes no logran ni siquiera ponerse de acuerdo sobre los temas que deben resolver.

Grecia solo acepta un tema a negociar con Turquía: la delimitación de sus plataformas continentales y sus Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) en el mar Egeo y en el Mediterráneo oriental.
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Turquía, por su parte, insiste que hay que hablar también de la militarización griega de las islas de Egeo frente a la costa turca; la delimitación del espacio aéreo heleno y del espacio marítimo en el mar Egeo, así como de los derechos de la minoría turca en Grecia.
Además, Chipre y Grecia tienen posturas irreconciliables con las de Turquía respecto a la solución de la cuestión chipriota, el punto de partida hace casi siete décadas de la crisis en sus relaciones.
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La invasión turca del norte de Chipre, tras un golpe fallido organizado por la dictadura de los coroneles en Grecia contra el presidente chipriota, el arzobispo Makarios, y la ocupación militar del 40 % de la isla, en 1974, llevó a ambos países al borde de guerra.
”La responsabilidad principal de la solución cabe a los dos países que deben sentarse a la mesa de negociaciones. No deben esperar una solución de terceras partes”, puntualiza Ioakimidis.
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Según el experto, la razón principal que paraliza los esfuerzos de negociación es que ambos países “desconfían el uno del otro” y cada uno ve en las propuestas del otro tretas para sacar beneficios unilaterales.
Eso hace prácticamente imposible que las diferencias greco-turcas se puedan solucionar ante el Tribunal Internacional de La Haya, como propone siempre Grecia, pues para ello sería necesario que primero haya un acuerdo sobre los puntos que deberían merecer un arbitraje.
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En este eterno impasse, Turquía no desaprovecha ocasión para lanzar algún tipo de provocación en el Mediterráneo oriental, ya sea enviando buques exploradores de gas y petróleo a aguas cercanas a Chipre, violando el espacio aéreo y las aguas territoriales de Grecia o simplemente lanzando mensajes de amenaza.
El presidente Recep Tayyip Erdogan se siente fuerte, sabe que tiene ases en su manga, como la amenaza de abrir las fronteras para permitir el paso de millones de migrantes, a la que recurre cada vez que aumenta la presión desde Occidente.
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Así las cosas, las firmas de acuerdos de defensa entre Grecia y Francia, y Turquía y España o Alemania poco contribuyen a tranquilizar la situación.

”La Unión Europea y los Estados miembros están en general del lado de Grecia en la crisis con Turquía”, explica Ioakimidis, pero a su juicio, para que esta solidaridad se traduzca en algo más concreto, sería necesario reforzar la defensa común europea.
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El experto considera que la UE podría contribuir a la solución de la crisis grecoturca si por una parte tuviera en el Mediterráneo oriental una presencia común con objetivos claros y, por otra parte, ofreciera a Turquía una perspectiva de acercamiento, a condición de que cumpla unos requisitos claros. “Como falta una política común exterior coherente, esto no es posible”, comenta.
En cuanto a la OTAN, institución de la que la opinión pública helena está decepcionada desde la crisis en Chipre de 1974, Ioakimidis sostiene que el objetivo de la alianza es la prevención de amenazas exteriores. “En una crisis entre dos Estados miembros lo único que puede hacer es ofrecer su mediación para reducir la tensión”, afirma.
(con información de EFE)
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