
Mientras el gobierno de Ghana y la empresa china de energía Shenzen Energy Group celebraban un acuerdo para construir una planta de energía de 7.000 megavatios en el país africano, había otros actores importantes que no veían con tan buenos ojos la implementación del proyecto.
Chizebe Ezekiel, coordinador nacional de 350 Ghana Reducing Our Carbon (350 G-ROC), una afiliada de la ONG ambiental 350.org, estaba preocupado porque sabía que las aguas residuales, el pozo de cenizas y las emisiones de mercurio de la planta representaban graves riesgos para la salud y el medio ambiente para las comunidades pesqueras y agrícolas locales, al mismo tiempo que el acceso al agua potable se encontraba amenazado por las emisiones de dióxido de azufre y su lluvia ácida asociada.
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Como parte de su lucha para detener el proyecto, Ezekiel, nacido en la capital ghanesa de Accra, inició un movimiento juvenil para impedir que el gobierno local y Shenzhen Energy Group continuaran con su implementación, que requería 1,5 mil millones de dólares para la construcción de una planta de energía de carbón de 700 MW y un nuevo puerto contiguo en Aboano, una comunidad pesquera costera en el distrito de Ekumfi. La financiación iba a estar a cargo del fondo de desarrollo China-África de capital privado respaldado por el banco estatal China Development Bank (Banco de Desarrollo de China).
Gracias a una intensa campaña de concientización en las redes sociales, en la que hizo hincapié en las amenazas y posibles consecuencias que el proyecto podría tener para el medio ambiente, logró que se cancelara la construcción en 2016 y que Ghana decidiera alejarse del carbón y virar hacia las energías renovables, lo que significó una victoria en la dura batalla que alberga el continente africano entre activistas, empresas chinas y gobiernos.
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El presidente de Ghana, Nana Akufo-Addo, aseguró que las nuevas políticas de energía se basarán en tecnologías de generación renovable como la eólica y la solar, y que la nación del golfo de Guinea intenta cumplir con sus compromisos de reducción de carbono asumidos en el Acuerdo de París.
Hace pocas semanas, Chizebe Ezekiel fue galardonado con el prestigioso Premio Ambiental Goldman para África, que reconoce los logros y el liderazgo de activistas ambientales.
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Sin importar los riesgos que supone para su reputación, las empresas chinas han continuado financiando la construcción de plantas de carbón, lo provocó el descontento de los activistas medioambientales.
El doble discurso de China
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En julio pasado, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, instó a los países a que dejaran de financiar la industria del carbón.
El presidente del régimen chino, Xi Jinping, prometió que su país, el más contaminante del mundo, abandonaría las emisiones de gases y alcanzaría la neutralidad de carbono para 2060, lo que significó la primera vez que China establecía objetivos concretos para reducir su cuota de polución.
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Anteriormente, ya había impulsado una “revolución verde” en África a través del proyecto Belt and Road Initiative (Nueva Ruta de la Seda), suscrito por 90 países de la región subsahariana, con el objetivo de mejorar la infraestructura y el desarrollo energético.
Pese a las promesas de eliminar las emisiones y alcanzar la neutralidad de carbono, bancos y empresas del régimen continúan financiando siete plantas de carbón en África y planean hacerlo con otras 13, la mayoría al sur del Sáhara.
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Desde 2000, el Banco de Desarrollo de China y el Export-Import Bank of China (Banco de Exportación e Importación de China) han financiado proyectos de carbono en África por 6,5 mil millones de dólares, según el Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Universidad de Boston. China tiene una economía en rápido desarrollo con muchos sectores que dependen de los combustibles fósiles y actualmente contribuye con el 26% de las emisiones globales de carbono, según el Green Belt and Road Initiative Center (Green-BRI).
En octubre pasado, luego de que Xi Jinping prometiera neutralidad de carbono para 2060, una de las mayores empresas de construcción de energía de China, la estatal PowerChina, envió 223 empleados chinos a Zimbabue para “acelerar” la expansión de la central eléctrica de carbón Hwange en el oeste del país. Dos semanas después, el embajador chino en Zimbaue, Guo Shaochun, afirmó en su cuenta de Twitter que la pandemia de coronavirus “no puede detener el ritmo de cooperación entre China y Zimbabue” y que una vez finalizado el proyecto, la “capacidad de autosuficiencia energética del país se mejorará enormemente”.
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El potencial de una infraestructura energética competente alimentada por carbón barato es atractivo para un país como Zimbabue, dado que los déficits energéticos desaceleran el crecimiento económico. El país tiene una demanda eléctrica nacional que oscila entre los 2.200 y 2.400 megavatios, pero solo proporciona unos 1.300, según el Centro para la Gobernanza de los Recursos Naturales (CNRG, por sus siglas en inglés).
La escasez de energía y los cortes son comunes en Ghana, exacerbados por las condiciones de sequía debido a la dependencia del país de la energía hidroeléctrica, lo que predispuso al país a la intervención de empresas energéticas y a la inversión extranjera.
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Con sus inversiones en África, China promete empleos aprovechando las políticas laxas y los costos de construcción baratos. Muchos gobiernos africanos optan por satisfacer la demanda de energía a costa de un medio ambiente impoluto, sin importar que la mayoría de ellos, con excepción de Angola, Libia, Sudán del Sur y Eritrea, firmaron el Acuerdo de París.
“La política sobre proyectos renovables es débil o inexistente en África”, dijo Han Chen, gerente de política energética internacional del Consejo de Defensa de Recursos Naturales, un grupo internacional de defensa ambiental sin fines de lucro con sede en los Estados Unidos, según consigna CNN Business. “En China, los estándares ambientales son bastante altos, mientras que Sudáfrica o Kenia, por ejemplo, tienen políticas energéticas que facilitan la participación de los inversores”, añadió.
Si los planes actuales siguen adelante, la producción de energía de carbón respaldada financiada por China en África podría triplicarse para cuando el país logre su objetivo de neutralidad de carbono en 2060, según la ONG Global Energy Monitor.
Los proyectos que financia el régimen son extremadamente perjudiciales para la salud
La Asociación de Derecho Ambiental de Zimbabue (ZELA) envió cartas a la empresa minera y metalúrgica RioZim sobre sus planes para la construcción de una planta de 2.800 megavatios en la región norte de Gokwe, al oeste de Harare, la capital del país.
El proyecto recibirá asistencia financiera de la empresa constructora china Gezhouba Group Corporation (CGGC), y se cree que los costos de seguro serán cubiertos por China Export & Credit Insurance Corporation (Sinosure) y el Industrial and Commercial Bank of China (ICBC), de acuerdo a Global Energy Monitor.
ZELA sostiene que el proyecto es secreto y RioZim no ha proporcionado información sobre los impactos ambientales o socioeconómicos de la planta, afirma CNN Business. Además, la asociación señala que es probable que la tierra destinada a la planta sea de asentamientos comunales, lo que significa que habría reubicaciones y apropiación de tierras. Según la iniciativa Thermal Watch, vivir cerca de plantas de carbón puede causar problemas respiratorios, afectar la calidad del agua y aumentar la alcalinidad del suelo.
Asimismo, empresas chinas, tanto estatales como privadas, financiarán la construcción de la central eléctrica sudafricana Musina-Makhado de 3.000 megavatios. PowerChina contribuirá con 4.500 millones de dólares.
Un estudio de la consultora británica de ingeniería Mott MacDonald, citado por CNN Business, aseguró que los impactos directos del sitio donde se ubicará la planta de carbón incluyen “efectos perjudiciales sobre los activos de biodiversidad de la región”, “alteración del funcionamiento ecológico y contaminación de los recursos hídricos” y “transformación de tierras a gran escala”. Además, afirma que ocasionará una liberación “definitiva” de emisiones de efecto invernadero “significativas”.

Por otro lado, al este de Pretoria, se encuentra en construcción la central eléctrica de Kusile, con 2,5 mil millones del Banco de Desarrollo de China y el patrocinio de la empresa de servicios públicos de electricidad Eskom, el mayor contaminador de Sudáfrica.
El departamento de medio ambiente de Sudáfrica inició una investigación contra la compañía en mayo de 2019 por preocupaciones sobre la calidad del aire en su central eléctrica de Kendal.
Un informe de 2017 de Mike Holland, miembro de la Asociación Europea de Economistas Ambientales y de Recursos, estimó que más de 2.200 muertes al año producidas por cáncer de pulmón, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares e infecciones respiratorias se atribuyen a los efectos adversos de las plantas de carbón en Sudáfrica.
Frente a las consecuencias adversas para la salud producidas por las plantas de carbón, cada vez más las empresas y gobiernos del mundo deciden abandonar sus planes de financiación a la industria en África. Si China quiere cumplir con su promesa de neutralidad de carbono para 2060, debe hacer lo mismo.
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