Mientras continúa el avance de las tropas de Azerbaiyán tras el acuerdo de alto el fuego que puso fin a seis semanas de combates en Nagorno Karabaj, y a pesar de la presencia de fuerzas de paz rusas, los armenios temen por el destino del cientos de iglesias, monumentos y cementerios cristianos, que ahora estarán bajo el control de los azeríes, en su mayoría musulmanes.
Azerbaiyán ha dado garantías de que se conservarán los sitios culturales y religiosos armenios, pero los armenios y los académicos dicen que los azeríes han arrasado iglesias y han tratado de borrar los rastros de la herencia armenia en el pasado. Durante los recientes combates, las fuerzas de Azerbaiyán atacaron una catedral del siglo XIX en Shushi, causando graves daños, y bombardearon sitios arqueológicos.
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Este jueves, el video de soldados azerbaiyanos vandalizando tumbas en un cementerio armenio parece justificar esos temores. La filmación, compartida por un portal militar armenio en Telegram, muestra a un grupo de azerbaiyanos mientras patean una tumba en el camposanto, cuya ubicación no se detalla. Los militares, entre risas, vandalizan el lugar hasta que la lápida cae.
Ingreso en el distrito de Kalbajar
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El episodio ocurre después que soldados azerbaiyanos y camiones militares entraran en el distrito de Kalbajar, que limita con el enclave armenio, la segunda de las tres zonas que Armenia debe devolver a Azerbaiyán.
Al firmar el acuerdo, Ereván aceptó devolver tres distritos que rodean Nagorno Karabaj que las fuerzas armenias controlan desde hace casi tres décadas, tras una primera guerra en los años 1990 en el enclave que causó 30.000 muertos y cientos de miles de desplazados.
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El acuerdo que puso fin a los combates, firmado cuando la situación militar de Armenia era catastrófica, revalida las conquistas territoriales de Azerbaiyán, tras seis semanas de enfrentamientos, que dejaron miles de víctimas.

El pacto, no obstante, permite que Nagorno Karabaj subsista, y prevé el despliegue de 2.000 soldados rusos de mantenimiento de la paz.
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El distrito de Kalbajar, así como Aghdam, devuelto el 20 de noviembre, y el de Lachín, que debe ser cedido el 1 de diciembre, constituían una zona de distensión que rodea el enclave. Otros cuatro distritos con la misma función pasaron a manos de Bakú durante los combates.
“Nuestros antepasados y nuestros amigos están enterrados aquí”
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Por eso, desde hace días, los armenios se despiden con lágrimas no sólo desde sus casas, sino también de sus iglesias y cementerios.

“Tenemos muchas iglesias aquí”, dijo Armen Shakhnazarian , un soldado de 20 años a la AFP. “Nuestros antepasados, nuestros mayores y nuestros amigos están enterrados aquí”.
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Entre los monumentos que el miércoles debían pasar bajo control azería está el antiguo monasterio de Dadivank. Construido entre los siglos IX y XIII, el monasterio alberga la tumba de San Dadi, un discípulo del apóstol Tadeo, quien difundió el evangelio cristiano en Armenia, comúnmente considerado el primer estado en la historia en adoptar el cristianismo.
En los días previos a la llegada de las fuerzas de paz rusas, armenios devotos encendieron velas en la iglesia principal y cuatro capillas contiguas, y rezaron ante frescos medievales y escritura armenia grabada en las paredes. Muchos de los armenios dijeron que planeaban huir de la región, abandonando sus hogares y uniéndose a miles de otros. El 10 de noviembre, el abad del monasterio ordenó la evacuación a Armenia de importantes obras de arte cristiano, campanas y khachkars o cruces de piedras.
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Julfa, un peligroso antecedente
Los armenios buscan evitar que en Nagorno Karabaj ocurra lo mismo que pasó en Najicheván, un territorio dentro de los límites de Azerbaiyán que limita con Armenia e Irán, donde entre 1997 y 2006 tuvo lugar el que se considera el punto máximo de una campaña para aniquilar los rastros de un pueblo: la transformación del cementerio medieval de la ciudad de Julfa en tierra arrasada.
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Los armenios vivieron en Jugha —como llamaban a la ciudad— hasta que a finales del siglo XIV el sha Abás el Grande los obligó a trasladarse a Io que sería la nueva capital de la Persia safávida. En Julfa quedaron sus muertos, a los que solían rendir homenaje con enormes esculturas funerarias, los jachkares. Pasaron los siglos y el perenne viento implacable; pasó también la Unión Soviética. Unos 22.000 jachkares quedaron en pie; según otras cuentas, unos 10.000. También 89 iglesias medievales armenias y 5.840 monumentos, según varias investigaciones.
En 2005, según testigos visuales expertos, todo había desaparecido.

Fue un episodio de destrucción cultural que desató comparaciones con el que, años más tarde, el Estado Islámico llevó adelante en la ciudad siria de Palmira.
La comunidad académica se moviliza
Ante el peligro, decenas de académicos de Estados Unidos y países europeos publicaron a principios de mes una carta abierta advirtiendo sobre el riesgo que corre el patrimonio cultural armenio en Nagorno-Karabaj, señalando el antecedente de Najicheván.
“¿Está el monasterio de Gandzasar, una joya de la corona de la arquitectura armenia del siglo XIII, destinado a un olvido similar? ¿Qué pasa con el Monasterio de Amaras del siglo IV, la ubicación de la primera escuela en usar la escritura armenia y el lugar de enterramiento de San Grigoris, nieto del santo patrón y evangelizador de Armenia, Gregorio el Iluminador? La tumba de Grigoris del siglo V es una de las primeras estructuras funerarias cristianas armenias que sobreviven“, advirtieron.
Agregaron: “Estos son solo algunos ejemplos de los miles de sitios en Artsaj (como los armenios llaman a Nagorno) que ahora son vulnerables a la destrucción. Una vez que hayan desaparecido, será demasiado tarde”.
El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York se ha sumado al llamamiento internacional para que se conserven los monumentos e iglesias armenios de Nagorno-Karabaj. El museo ha suscitado especial preocupación por un importante sitio arqueológico en Tigranakert, una ciudad armenia en ruinas que data del período helenístico y que lleva el nombre del rey armenio Tigranes el Grande.
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