
“Mi padre todavía estaría vivo si Beijing no hubiese mentido”. Así de contundente y furibunda es la conclusión de Jane Buckland, una ciudadana británica que perdió a su padre por el coronavirus, una enfermedad que ella misma le habría contagiado, pero varios días antes de que China advierta al mundo sobre el brote.
Peter Attwood, de 84 años, no había viajado fuera de la región de Kent. De hecho, nunca en su vida viajó al extranjero, por lo que se descarta que sea uno de los primeros casos importados de Covid-19. Pero poco después de la última Navidad cayó enfermo con varios síntomas respiratorios, tal vez no tan llamativos en pleno invierno. El mundo recién escucharía del coronavirus a fin de año, cuando el régimen chino finalmente se lo comunicó a la Organización Mundial de la Salud el 31 de diciembre.
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“El Covid-19 obviamente ha estado por aquí mucho más tiempo del que sabemos. La gente ha estado hablando de un encubrimiento pero no sabemos la magnitud del mismo”, lamenta su hija, en declaraciones al tabloide The Sun.
Las autoridades británicas informaron en febrero que el virus había llegado al territorio británico, pero Peter, quien estuvo internado durante semanas, murió a fines de enero. Durante su hospitalización los médicos, desconcertados, llegaron a considerar que se trataba de una asbestosis y no lograban dar un tratamiento adecuado que alivie el cuadro. La posterior autopsia determinó: “Infección Covid-19 y bronconeumonía”. Un mes antes de la primera muerte oficialmente confirmada por el virus en Reino Unido, a inicios de marzo, lo que habla de una circulación de la epidemia mayor a la pensada por entonces.
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“Si China no hubiera mentido al resto del mundo y mantenido esto oculto durante tanto tiempo, podría haber salvado innumerables vidas”, asegura Jane.
El caso se une a la revelación de que un hombre francés tratado en París por una neumonía el 27 de diciembre también tenía el virus (y tampoco había viajado al extranjero), según confirmaron análisis realizados en mayo, lo que aumenta las sospechas de que el virus ya circulaba en China en octubre y alimenta las especulaciones sobre esfuerzos oficiales por encubrir la situación.
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Iain Duncan Smith, ex líder de los Conservadores, opinó a The Sun que el caso de Buckland es otra prueba de las mentiras del régimen chino. “Esto ha demostrado absolutamente que lo que estaba sucediendo en octubre en China, donde los médicos estaban hablando y luego fueron silenciados, era que China sabía todo acerca de la transferencia de humano a humano sobre este virus y no hizo nada al respecto”, apuntó.
En enero, cuando algunos pacientes europeos batallaban contra la enfermedad, dirigentes chinos silenciaron a los médicos que alertaban a la ciudadanía y se mostraban reticentes al despliegue de investigadores extranjeros. El coronavirus recién sería identificado oficialmente por la OMS el 8 de enero y solo se admitió que había transmisión humana el 20 de enero.
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