La historia de Dalú, el periodista que habló de Tiananmén en su programa de radio y fue perseguido por el régimen chino

En 1995 desafió al régimen chino al recordar el aniversario de la masacre de estudiantes ocurrida en 1989 y fue marginado por la sociedad. En el 2010 se convirtió al catolicismo. Para huir de la persecución, viajó a Italia donde se le otorgó el estatus de refugiado político

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El periodista chino Dalú, en una imagen cedida por su abogado, en la casa de la región de las Marcas, Italia, donde vive refugiado tras recordar el aniversario de Tiananmen en la radio. (EFE)
El periodista chino Dalú, en una imagen cedida por su abogado, en la casa de la región de las Marcas, Italia, donde vive refugiado tras recordar el aniversario de Tiananmen en la radio. (EFE)

El día del sexto aniversario de la masacre la Plaza de Tiananmén, Dalú, por entonces un joven periodista y locutor en la Radio de Shanghái, sintió la necesidad de desafiar la censura del régimen y recordó en directo la masacre en la que murieron varios cientos de estudiantes que reclamaban libertad al Gobierno chino. Fue un gesto sin precedentes, que le costó su carrera y una larga persecución.

“Le recordé a la gente que no debía olvidar ese día especial”, cuenta en una entrevista con Infobae desde Italia, el país en el que desde 2019 se encuentra refugiado por motivos políticos y religiosos. “El recuerdo de la masacre siempre estuvo en mi mente y no pudo desaparecer nunca”, dice a través de Skype con la ayuda de un traductor automático, en una entrevista en la que también participa su abogado Luca Antonietti.

Treinta y un años después de la matanza, Dalú recuerda que en 1995 concluyó su programa con una canción llamada “Memorial day” (Día de la memoria). Acto seguido, oyó sonar el teléfono. "¿Qué estás haciendo? ¿Por qué has dicho estas palabras? ¿Por qué has puesto esta canción?”, le dijo el funcionario del Partido Comunista Chino responsable de la radio. Todos los años, en vísperas del aniversario, el régimen advertía a los periodistas de no mencionar el episodio.

“En esos seis años de carrera me había cansado del oficio porque no podíamos expresar nuestras opiniones y observar la sociedad con nuestros ojos”, dice Dalú al explicar los motivos de su gesto. “No quería renunciar a mis pensamientos, personalidad e ideales para mantener un trabajo”.

Las consecuencias no se hicieron esperar: el programa fue inmediatamente suspendido y Dalú despedido y obligado a disculparse, al igual que la compañera que, seis años antes, le había mostrado las fotos que desmentían la versión del régimen sobre las protestas. Su caso trascendió las fronteras y llegó a la prensa internacional. Pero en su país, para Dalú la vida cambió por completo: comenzó a ser perseguido y marginado. Algo que empeoró en 2010, tras su conversión al catolicismo.

“El hombre del tanque", la imagen símbolo de la represión
“El hombre del tanque", la imagen símbolo de la represión

“Muchos colegas dijeron que estaba loco, otros afirmaron que era un espía enviado de los Estados Unidos y que me habían pagado 200 mil dólares. Mis colegas y amigos se alejaron de mí como si fuera una plaga. Desde entonces comencé una vida solitaria y difícil, marginado por la sociedad”, dice a Infobae. Su caso se convirtió en el ejemplo más utilizado por el régimen para intimidar a la prensa.

En los 25 años siguientes Dalú buscó de todas las formas la manera de rehacer su vida. Intentó abrir una tienda de discos, teniendo en cuenta la popularidad que había tenido como conductor radial. Pero las autoridades le pidieron sobornos a cambio de protección. Él se negó y justo antes de las fiestas de fin de año, le secuestraron toda la mercadería. Fueron, recuerda, “momentos difíciles, que pasé entre humillaciones y lágrimas”.

Católico perseguido

En 2010, el descubrimiento de la fe católica marcó un nuevo cambio en la vida de Dalú. Respondió a un anuncio de una iglesia de Shanghái que estaba buscando nuevos miembros para el coro. “Unirme a ese coro fue un punto de inflexión ”, dice. Comenzó a cantar y a llorar. Después de 6 meses, el 10 de diciembre de 2010, fue bautizado.

No obstante, la conversión religiosa empeoró su situación. “Después de ser bautizado, pensé que mi vida entraría en un periodo de tranquilidad. Más bien ocurrió todo lo contrario”, dice.

Comenzó entonces una doble persecución: política y religiosa. Esta última fue agravada por su cercanía con el obispo Ma Daqin, considerado una de las figuras religiosas más perseguidas del mundo. El 7 de julio de 2012 este religioso causó revuelo al renunciar a la Asociación Patriótica Católica China, la iglesia formalmente autónoma creada por el Partido Comunista Chino en 1957 para controlar las actividades de los católicos en el país. Tras ese gesto sin precedentes, ocurrido durante la misa en la que asumió como obispo, Ma fue detenido y obligado a retractarse.

El obispo chino Ma Daqin
El obispo chino Ma Daqin

“Hasta ese momento la fecha que recordaba siempre en mi vida era el 4 de junio. Ahora se sumó otro día, el 7 de julio”, dice Dalú. “Muchas veces expresé en las redes sociales chinas mi cercanía al obispo y muchas otras veces bloquearon los mensajes y me amenazaron”.

Una nueva vida

Finalmente, en septiembre de 2019 decidió refugiarse en Italia, tras recibir nuevas amenazas y preocupado por las protestas de junio de 2019 en Hong Kong, en las que vio la misma represión de Tiananmén, aunque ejercida con modalidades diferentes.

“Italia es la cuna del Renacimiento europeo y amo su arte y su música. Y lo más importante: nuestra fe católica en China llega desde el primer misionero italiano, Matteo Ricci”, cuenta sobre por qué eligió el país europeo. “Yo me siento en Italia como si estuviera en mi casa porque hay una amistad humana y una práctica de fe que nunca había vivido”.

Dalú sigue utilizando el seudónimo que usaba como conductor radial y no su nombre completo para proteger a su familia en China. Está todavía aprendiendo italiano —”scusa”, se disculpa— y apenas habla inglés.

El encuentro entre Dalú y su abogado es una historia que merece unas líneas aparte: Antonietti se formó en la Universidad Internacional de Shanghái, pero conoció a Dalú por casualidad en un pequeño pueblo de la región de las Marcas y lo acogió en su familia. El abogado realizó una minuciosa investigación para reconstruir los antecedentes y las persecuciones sufridas por el periodista y se encargó del trámite para que le fuera reconocido el estatus de refugiado bajo la Convención de Ginebra.

“Es como si fuera un hermano en casa, es muy lindo”, dice Antonietti. “Por primera vez en su vida vive en un país libre, cuando escucha las campanas sonar llora, es increíble el renacimiento humano que tuvo al encontrar su libertad como hombre. Es un milagro, de coraje, de fe y de esperanza”, dice Antonietti.

Dalú y el abogado Luca Antonietti, quien lo ayudó a obtener el estatus de refugiado y además lo acogió en su familia
Dalú y el abogado Luca Antonietti, quien lo ayudó a obtener el estatus de refugiado y además lo acogió en su familia

Consultado sobre sus proyectos futuros, Dalú dice que quiere "disfrutar de este lugar lleno de amor y paz. Estoy escribiendo mis memorias, volviendo a mirar mi vida difícil en China”. Espera, después de los 5 años de residencia previstos por su condición de refugiado, convertirse en ciudadano italiano.

En el imaginario colectivo, “el hombre del tanque" de Tiananmén sigue siendo símbolo de la masacre. Pero la historia de Dalú muestra cómo esa tragedia siguió arruinando vidas aún muchos años después de aquel 4 de junio de 1989.

“No vamos a ganar esta batalla con tanques de guerra, no nos vamos a rebajar a eso, la ganaremos con la cultura", asegura Dalú, quien hace una distinción entre la milenaria cultura del pueblo chino y el régimen que lo gobierna. "Como todos los fenómenos humanos malos y devastadores, el totalitarismo va a terminar. Pero tenemos que estar listos para tener una conciencia democrática, como la que tiene Hong Kong ahora”, concluye.

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