Después de vetar a 7.000 candidatos, los ayatollahs de Irán se encaminan a endurecer su régimen con las elecciones legislativas

Los sectores más conservadores de la teocracia persa esperan que los resultados de los manipulados comicios de este viernes sirvan para acallar las protestas y cancelar cualquier acuerdo nuclear con Occidente. Con el desgaste de los sectores más moderados y progresistas, se pueden quedar con el control del Congreso

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Una campaña sin actos ni grandes publicidades televisivas, apenas carteles en las calles de Teherán. Nazanin Tabatabaee/WANA (West Asia News Agency) via REUTERS.
Una campaña sin actos ni grandes publicidades televisivas, apenas carteles en las calles de Teherán. Nazanin Tabatabaee/WANA (West Asia News Agency) via REUTERS.

La política iraní se mueve al ritmo del enfrentamiento con “el Gran Satán”. Así denominan a Estados Unidos los duros del régimen de los ayatollahs. Y dependiendo del momento de la relación entre Washington y Teherán –siempre de confrontación, pero con matices- la situación se inclina hacia un lado u otro del espectro político. Si se consiguen acuerdos como el que firmó la Administración de Barack Obama para el desarrollo de la energía nuclear sólo con fines pacíficos, los moderados y progresistas obtienen ventaja. Si se imponen sanciones más duras o se desconocen los acuerdos, como lo hizo Donald Trump, la balanza se inclina a favor de los más conservadores y radicalizados. Esta vez, para las elecciones legislativas de este viernes, el péndulo está del lado de estos últimos, los más acérrimos defensores del régimen teocrático corren con ventaja.

Por supuesto, el Consejo Islámico de los Guardianes que tiene el poder de decretar quién puede o no presentarse como candidato al Machlés, el congreso iraní, ya se encargó de vetar y purgar a unos 7.000 candidatos. De todos modos, no quedaron pocos: hay 7.148 candidatos para ocupar las 290 bancas en juego. El detalle es que la mayoría de los vetados son reformistas y progresistas. Es la mayor purga desde los comicios de 1980. Por ejemplo, no podrá presentarse a la reelección la diputada feminista Tayebeh Siavoshi, una de las voces más firmes a favor de los derechos de las iraníes. Fue descalificada por “falta de compromiso práctico con el Islám”. Junto a ella, prohibieron a otros 89 legisladores que ocuparon asientos en la última legislatura. Al reformista Ali Motahari le ofrecieron revocar su veto si bajaba el tono de las críticas. Se negó y quedó afuera. “Nosotros no estamos para quitar el derecho a nadie”, aseguró a la agencia AFP Abbas Ali Kadkhodaee, el portavoz del Consejo de los Guardianes. “Esta es una entidad que sólo supervisa la correcta implementación de la Constitución y está atenta a cualquier desviación de la misma”. Las excusas que se buscaron para la censura fueron desde corrupción, malversación, y tráfico de drogas hasta “falta de compromiso práctico con la doctrina del alfaquí”, que es la base en la que se sustenta el shiísmo iraní. Lo que sí respetaron son las cinco bancas que corresponden a las minorías religiosas como los zoroastrianos, los judíos y los católicos que cuentan con un asiento en el Parlamento, y los cristianos armenios con dos.

Ciudadanos iraníes haciendo campaña por el ultraconservador ex alcalde de Teherán, Mohammad Baqer Qalibaf. Nazanin Tabatabaee/WANA (West Asia News Agency) via REUTERS.
Ciudadanos iraníes haciendo campaña por el ultraconservador ex alcalde de Teherán, Mohammad Baqer Qalibaf. Nazanin Tabatabaee/WANA (West Asia News Agency) via REUTERS.

El presidente moderado y centrista Hasan Rohani se mostró furioso con las decisiones del Consejo en una entrevista que dio a la televisión estatal. “No vengan a decirnos que hay 17, 170 o 17.000 candidatos para cada escaño. Hay que ver cuántas facciones están representadas entre esos 17 candidatos...no es una elección si todos esos 17 candidatos pertenecen a la misma facción”, lanzó Rohani. “La gente quiere diversidad. Dejen que todos los partidos políticos y grupos participen y, definitivamente, no irá en detrimento de nadie”. La censura a los progresistas lleva el sello del ala más radical iraní que quiere acabar definitivamente con cualquier acuerdo nuclear y tener las manos libres para seguir produciendo uranio enriquecido con objetivos militares.

En las elecciones de 2016 fueron electos un 41% de reformistas y moderados, mientras que el resto de la cámara está formada por un 29% de extremistas y un 28% de independientes. Ahora, esa ecuación puede darse a la inversa. La grave situación económica que vive el país, a causa del endurecimiento de las sanciones por parte de Estados Unidos, favorece a los bloques más conservadores como el que lidera el ex alcalde de Teherán Mohammad Bagher Qalibaf, que se podría quedar con la mayoría de las 30 bancas que están en juego en la capital iraní. Esto también podría ser favorecido por una alta abstención de los sectores progresistas decepcionados del actual gobierno centrista. En los últimos comicios, en Teherán votó el 50% del electorado. Ahora, esa cifra puede bajar hasta el 21%, según la Agencia Encuestadora Estudiantil. “Se espera una participación baja en Teherán, que es donde se concentra la gente más liberal, pero eso no significa necesariamente que esto vaya a replicarse a nivel nacional”, explicó el analista Mohammad Hashemi, al corresponsal del diario El Mundo. “El voto de las grandes ciudades tiene motivaciones distintas que el rural, que es donde se concentra el núcleo conservador. Y hay mucha gente que culpa tanto a la mala gestión del gobierno como a las sanciones por la grave situación económica”.

Las primeras protestas contra el aumento de los precios de los combustibles en noviembre pasado. Nazanin Tabatabaee/WANA (West Asia News Agency) via REUTERS.
Las primeras protestas contra el aumento de los precios de los combustibles en noviembre pasado. Nazanin Tabatabaee/WANA (West Asia News Agency) via REUTERS.

Claro que el contexto más importante de estas elecciones son las protestas que comenzaron el 15 de noviembre de 2019 por el sorpresivo aumento de un 200% en el precio de los combustibles. Esas manifestaciones derivaron rápidamente en el repudio al régimen teocrático y al Líder Supremo, Ali Khamenei y se extendieron a 21 ciudades. Los videos mostrando los enfrentamientos con la policía se hicieron virales y fueron replicados en todo el mundo. El gobierno respondió cortando todas las conexiones a Internet y luego pasó directamente a la represión violenta con francotiradores disparando desde las terrazas de edificios y helicópteros. Hubo más de 500 muertos. Los manifestantes respondieron destruyendo 731 sucursales de bancos gubernamentales, incluido el Banco Central, nueve centros religiosos islámicos, derribaron carteles antiamericanos y propaganda de Khamenei, incluidas estatuas. También atacaron 50 bases de los Guardianes de la Revolución y otros centros militares. Fue la protesta más violenta y severa desde la revolución islamista de 1979 que encabezór el ayatollah Ruhollah Khomeini.

Todo se diluyó tras el asesinato, en enero, del militar más importante iraní. El general Qassem Soleimani, fue alcanzado por un misil lanzado desde un dron de Estados Unidos cuando salía del aeropuerto de Bagdad. El ataque inició una escalada de tensión, con la guerra sobrevolando en el horizonte, y que condujo al derribo accidental de un avión de pasajeros ucraniano que había despegado de Teherán. Murieron las 176 personas que estaban a bordo. Los intentos de los funcionarios por ocultar inicialmente la causa del accidente, desencadenaron nuevamente la ira pública y más protestas, que se acallaron al comenzar la campaña electoral hace dos semanas.

El Líder Supremo, ayatollah Ali Khamenei, dando un sermón en la universidad de Teherán. Sigue siendo el hombre más poderoso de Irán y el principal apoyo de los grupos más conservadores. Official Khamenei website/Handout via REUTERS.
El Líder Supremo, ayatollah Ali Khamenei, dando un sermón en la universidad de Teherán. Sigue siendo el hombre más poderoso de Irán y el principal apoyo de los grupos más conservadores. Official Khamenei website/Handout via REUTERS.

En tanto, las facciones militaristas del régimen –que son las que tienen el mayor poder- quieren salir rápido del proceso eleccionario para continuar con su política expansionista. Están mucho más preocupados por terminar de expulsar de Irak a las tropas estadounidenses y consolidar su posición dominante en ese país o de que el aliado régimen sirio de Bashar al Assad termine por reconquistar el territorio nacional, que de conseguir una banca más en el Parlamento. Saben que el verdadero poder iraní sigue estando en las armas y no en los debates.