Azali Assoumani fue democráticamente electo presidente de Comoras en 2016, pero el año pasado hizo una reforma constitucional que tumbó la frágil institucionalidad del país
Azali Assoumani fue democráticamente electo presidente de Comoras en 2016, pero el año pasado hizo una reforma constitucional que tumbó la frágil institucionalidad del país

Desde su independencia en 1975, los golpes de Estado se repitieron una y otra vez en este archipiélago de 813.000 habitantes, ubicado en la franja africana del Océano Índico, entre Mozambique y Madagascar. Fueron más de veinte, si se cuentan tanto los exitosos como los intentos fallidos.

Uno de los últimos levantamientos militares lo lideró el coronel Azali Assoumani en abril de 1999. Derrocó al presidente interino Tadjidine Ben Said Massounde, argumentando su debilidad para lidiar con un momento crítico de la nación.

Su tumultuoso gobierno marcó un quiebre en la historia comorense. Luego de tres décadas de inestabilidad y autoritarismo, las elites dirigentes acordaron un esquema de poder rotativo entre las tres islas que componen la Unión de las Comoras: Gran Comora —la más grande y poblada, donde está Moroni, la capital—, Anjouan —segunda en población, pero primera en importancia económica— y Mohéli.

La Constitución estableció términos presidenciales de cinco años, sin reelección consecutiva. A un presidente surgido de una isla debía sucederlo uno de otra, asegurando un equilibrio entre las distintas facciones del establishment político y económico del archipiélago.

El sistema funcionó mejor de lo esperado. Ahmed Abdallah Mohamed Sambi ganó las elecciones de 2006 imponiéndose a sus competidores —todos de Anjouan— en una primaria y en los comicios generales, y completó su mandato en 2011. Lo sucedió Ikililou Dhoinine, que resultó elegido entre los candidatos de Mohéli, y también pudo completar su período en 2016.

Entonces le tocaba a Gran Comora poner al presidente y el ganador fue Azali Assoumani, que esta vez accedía a la jefatura de Estado por las urnas. Más allá de los temblores, el país empezaba a consolidar una democracia incipiente por primer vez en su historia.

Polity IV es un índice que trata de estimar el grado de democratización de los países de más de 500 mil habitantes, siempre que se puedan conseguir datos confiables. Los ubica en una escala que va de -10 (monarquías hereditarias) a 10 (democracias plenamente consolidadas). Lo realizan investigadores del Center for Systemic Peace y es uno de los estudios de su tipo más consultados por los politólogos.

Comoras pasó a ser considerada una democracia por Polity IV en 2006, cuando escaló a 9 puntos, y así se mantuvo hasta 2017. Sin embargo, en la edición 2018 del índice, que se conoció este mes, se convirtió en el único país que dejó de ser democrático en el último año, al caer de 9 a -3.

Imagen aérea de la isla gran Comora con una de sus principales mezquitas (Shutterstock)
Imagen aérea de la isla gran Comora con una de sus principales mezquitas (Shutterstock)

El cambio es la consecuencia de las maniobras que realizó Assoumani para romper el sistema político y quedarse con todo. A través de una reforma constitucional que trató de legitimar con un referéndum plagado de acusaciones de fraude el 30 de julio de 2018, autorizó la reelección presidencial. Su mandato terminaba originalmente en 2021, pero anticipó las elecciones para el 24 de marzo pasado. El proceso fue igualmente escandaloso y estuvo rodeado de escenas de violencia.

"Assoumani es el político más experimentado y eficaz del país. La tradicional propensión del archipiélago a la desunión, tanto entre las islas como dentro de la clase política en general, combinada con el uso represivo de los servicios de seguridad y del Poder Judicial, está sofocando ahora una respuesta coherente al autoritarismo de Assoumani", explicó Simon Massey, profesor de relaciones internacionales y especialista en política africana de la Universidad de Coventry, consultado por Infobae.

El entonces presidente comorano Ahmed Abdallah Mohamed Sambi pronuncia un discurso con motivo del 34º aniversario de la independencia del país, en Moroni, el 6 de julio de 2009 (REUTERS/Thomas Mukoya)
El entonces presidente comorano Ahmed Abdallah Mohamed Sambi pronuncia un discurso con motivo del 34º aniversario de la independencia del país, en Moroni, el 6 de julio de 2009 (REUTERS/Thomas Mukoya)

De la independencia a los golpes de Estado

Comoras está entre los países más pobres del mundo. Tiene un PIB per cápita de apenas 832 dólares y un Índice de Desarrollo Humano de sólo 0,503. La gran mayoría de la población es de origen árabe y profesa el islam suní.

Los conquistadores franceses invadieron en 1841. Establecieron un sistema de plantaciones para producir azúcar, cacao, café y vainilla, entre otros cultivos. En 1973 acordaron con las autoridades locales el camino hacia la independencia, que se concretaría en 1978.

En ese momento, el archipiélago tenía una cuarta isla, Mayotte. Se realizaron plebiscitos en las cuatro para que los ciudadanos optaran por seguir o no bajo dominio francés, y en todas, menos en Mayotte, ganó claramente la ruptura. El Parlamento comorense se adelantó a la fecha estipulada y declaró unilateralmente la independencia en julio de 1975 y consagró a Ahmed Abdallah Abderamane como su primer presidente.

Ikililou Dhoinine, presidente de Comoras entre 2011 y 2016
Ikililou Dhoinine, presidente de Comoras entre 2011 y 2016

Increíblemente, el gobierno duró menos de un mes, porque en agosto se produjo un golpe de Estado, el primero de una larga serie. Abderamane fue depuesto por Said Mohamed Jaffar, que seis meses más tarde fue derrocado por su ministro de Defensa, Ali Soilih. Una serie de políticas de corte socialista e islamista elevaron la tensión con Francia, que decidió volver a intervenir en los asuntos comorenses.

"Las Comoras y Somalia figuran claramente como modelos notorios de Estados fallidos tras la independencia, a pesar de los componentes materiales y morales que ambos poseen para tener una sociedad cohesiva. Sin embargo, la característica distintiva del fiasco del Estado nación en las Comoras está representada por el elemento externo, personificado por los mercenarios extranjeros que se han convertido en parte integrante de las instituciones, con sus intereses estrechamente relacionados con los de la elite gobernante. Así, durante muchos años, el Gobierno nacional se apoyó en esos actores para su estabilidad", dijo a Infobae Hamdy A. Hassan, profesor de ciencia política de la Universidad de Zayed, en Dubai.

La ciudad de Mutsamudu en la isla de Anjouan
La ciudad de Mutsamudu en la isla de Anjouan

El actor clave en ese período fue Bob Denard, el más famoso mercenario francés, que tuvo participación en decenas de golpes y de operaciones militares en lo que había sido el África francesa. Con su ayuda, Soilih fue desplazado y asesinado, y Abderamane fue repuesto.

Lejos de actuar como un líder democrático, apostó por la represión y el autoritarismo, y declaró a Comoras República Islámica. En 1989, tras ordenar el desarme del Ejército por temor a un alzamiento, fue asesinado en un ataque perpetrado por un combatiente de las fuerzas de Denard.

Ahmed Abdallah Abderamane, primer presidente de Comoras
Ahmed Abdallah Abderamane, primer presidente de Comoras

El mercenario, que negó cualquier implicación en el magnicidio, escapó del país días después. Regresó en 1995 para intentar un nuevo levantamiento, pero ya no contaba con el apoyo del Estado francés, que lo forzó a rendirse.

Mohamed Taki Abdoulkarim, respaldado por Francia, ganó las elecciones de 1996, pero sólo resistió dos tumultuosos años en el poder, hasta que murió en circunstancias nunca esclarecidas. Comoras atravesaba en ese momento una de sus peores crisis, por un intento de secesión de las islas de Anjouan y Mohéli, que derivó en enfrentamientos armados con el gobierno federal.

Bob Denard, mercenario francés que participó de numerosos golpes de Estado en África, muchos de ellos en Comoras
Bob Denard, mercenario francés que participó de numerosos golpes de Estado en África, muchos de ellos en Comoras

"La esencia de las crisis en las Comoras reside en la lucha por el control de los recursos económicos y financieros de la isla de Anjouan —dijo Hassan—. Está claro que quienes la controlan tienen bajo su mando simultáneamente los centros de poder y riqueza del país. Es la isla más rica en recursos y en capacidades económicas, ya que depende de la exportación de vainilla, flores y aceites esenciales. Además, ha experimentado un auge en la industria del turismo, que constituye una proporción significativa del ingreso nacional. Por otra parte, es el principal puerto de aguas profundas, por lo que administra el comercio internacional, en particular a través del Canal de Mozambique, que sigue siendo vital para las rutas comerciales alrededor de la región sudafricana".

En ese contexto de conflictividad interna e incertidumbre por el futuro de la Unión, Assoumani dio el golpe que le permitió tomar las riendas del país en 1999. Tras largas y complejas negociaciones, se acordó el sistema de presidencias rotativas, que permitió lo que parecía imposible: una convivencia más o menos pacífica entre las tres islas y el establecimiento de una incipiente democracia. No duró mucho.

La costa de la ciudad de Moroni, en la isla de Gran Comora
La costa de la ciudad de Moroni, en la isla de Gran Comora

La destrucción de una democracia frágil

Assoumani volvió a jurar como presidente de Comoras el pasado 26 de mayo. Los 12 candidatos opositores rechazaron ir a la ceremonia y lo acusaron de haber ganado las elecciones del 24 de marzo haciendo fraude. No hay entidades autónomas que consideren legítimos a los comicios.

"La oposición formó un Consejo Nacional de Transición de corta duración para exigir una repetición de los comicios, pero no logró imponerse —dijo Massey—. Algunos de sus miembros se reconciliaron con Assoumani y el grupo finalmente se disolvió. De hecho, si bien tras el referéndum y las elecciones muchos comentaristas nacionales e internacionales advirtieron el retorno a las tensiones entre las islas, que habían caracterizado a la política comorense antes del establecimiento de la presidencia rotatoria, no se materializaron revueltas ni manifestaciones importantes".

Assoumani estaba obligado a irse en 2021, dejando su lugar a un nuevo presidente, que debía provenir de la isla de Anjouan. Si aspiraba a regresar al poder, debía esperar diez años para volver competir, hasta que le tocara nuevamente el turno a la Gran Comora, a la que él representa. Pero le ganó la ansiedad.

La asunción de Azali Assoumani en abril de 2019, tras las escandalosas elecciones presidenciales de marzo

Desde principios de 2018 empezó a ejecutar un plan para convertir a Comoras en una autocracia. En abril suspendió ilegalmente al Tribunal Constitucional. En mayo puso bajo arresto domiciliario a uno de sus principales detractores, el ex presidente Ahmed Abdallah Sambi. Y luego anunció su proyecto de reforma constitucional para habilitar la reelección presidencial.

"El referéndum tuvo lugar en el marco de un creciente cuestionamiento al supuesto autoritarismo de Assoumani. Antes de la votación, prohibió las manifestaciones políticas y encarceló a dirigentes de la oposición. En particular fueron blanco de ataques los principales activistas de Juwa, el segundo partido más grande de la Asamblea Nacional, liderado por Sambi. Su secretario general, Ahmed El-Barwane, fue detenido el día después del referéndum. Fue condenado a siete años de prisión en un juicio masivo contra activistas de Juwa acusados de ordenar un asalto a un oficial de policía", contó Massey.

Un asentamiento en Nioumachoua, en la isla de Mohéli (Shutterstock)
Un asentamiento en Nioumachoua, en la isla de Mohéli (Shutterstock)

La oposición realizó un boicot a la consulta popular del 30 de julio de 2018. Se produjeron protestas y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, pero Assoumani obtuvo lo que quería. Organizaciones de la sociedad civil informaron que sólo fue a votar el 7% del padrón, pero el gobierno informó que fue el 63% y que más del 90% votó a favor de los cambios.

"La reelección de Assoumani también significó revocar el acuerdo de rotación entre las tres islas —dijo Hassan—. Esto condujo a protestas violentas, especialmente en Anjouan, donde la gente está resentida por la centralización del poder en Moroni".

Si el presidente consigue ser reelecto en 2024, podrá completar 13 años consecutivos de gobierno en 2029. Es posible que en ese momento queden apenas los vestigios de la democracia que se había empezado a construir.

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