
Los estadounidenses Jay Austin y Lauren Geoghegan formaban una pareja que decidió un cambio de rumbo en su vida y renunció a sus trabajos de oficina para emprender un viaje en bicicleta por el mundo.
Cansados de las teleconferencias y de llenar planillas, a los 29 años anunciaron su renuncia a los jefes con las requeridas dos semanas de anticipación y mandaron sus bicicletas a África.
"Hay magia allá afuera, en este mundo grandioso, enorme y bello", consideró Jay Austin en una de sus publicaciones en redes sociales, y en la mayoría de las veces, ambos comprobaron que era cierto.
Juntos iniciaron su viaje en la parte más meridional de África en julio de 2017.

Durante sus recorridos, la pareja escribió en Instagram sobre la generosidad y los actos de bondad que recibían de extraños. El día 319 del viaje, un camionero kazajo se detuvo, los saludó y les regaló unos helados. En el día 342, una familia con instrumentos de cuerdas cruzó frente a la tienda de campaña que instalaron en una pradera y los invitaron a un concierto al aire libre. Y en el día 359, se encontraron con dos chicas entre montañas en Kirguistán que les regalaron un ramo de flores.
Hasta que llegó el 29 de julio, el día 369, cuando la pareja iba en una formación de bicicletas con un grupo de turistas por el suroeste de Tayikistán. Fue ahí donde los divisó un auto lleno de hombres que se cree que habían grabado un video donde juraban lealtad al Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés).
La borrosa filmación de un conductor con su teléfono muestra qué sucedió después: el auto con los yihadistas pasó junto a los ciclistas y después dobló en U (un giro de 180 grados). Regreso por el mismo carril y arrolló a los ciclistas. En total, cuatro personas fueron asesinadas: Austin, Geoghegan, un ciclista de Suiza y otro de Holanda.

Dos días después, el Estado Islámico divulgó un video donde aparecen cinco hombres que la agrupación identificó como los atacantes. En la filmación aparecen sentados ante la bandera del ISIS y prometen asesinar a los "incrédulos".
"Cuando alguien se muere, la gente siempre dice: 'Ay, era una persona maravillosa'", señaló Amanda Kerrigan, una de las mejores amigas de Geoghegan, según The New York Times. "Lauren no solo era una buena persona. Era excepcional para conectarse con los demás: excepcional para darse a la gente, de una manera que a mí me habría resultado agotadora".
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