Un venezolano que cobra el sueldo mínimo en su país se mete al bolsillo 5,2 millones de bolívares. O lo que es lo mismo: menos de dos dólares. La nueva subida que implantó Nicolás Maduro no garantiza ni siquiera una hamburguesa o una lata de atún. La hiperinflación en la que está sumergida Venezuela alcanzó en junio el 46.305% interanual y es comparable a la que sufrió Alemania en 1923 bajo la República de Weimar tras perder la Primera Guerra Mundial, tal y como calculó Alejandro Werner, economista jefe del Fondo Monetario Internacional para América Latina. Para ponerlo en contexto, la moneda en aquel entonces perdió tanto valor que los billetes servían a los niños para construir castillos, o incluso para calentarse quemándolos en la chimenea. Las proyecciones apuntan a un estallido inflacionario de hasta 1.000.000%.
El pasado 20 de junio, el presidente de Venezuela informó por cuarta vez en ocho meses un incremento del salario mínimo a tres millones de bolívares. A esa cantidad hay que sumarle el aumento en la cantidad recibida por los bonos de alimentación, unos 2.200 millones de bolívares, tal y como reportó El Espectador. Representa un total de 5.200 millones de bolívares, cerca de 50 dólares según la tasa oficial, pero menos de dos dólares en la tasa paralela.

¿Pero qué se puede comprar realmente con ese dinero en Venezuela?
Los precios cambian constantemente y ni siquiera el papel higiénico es un producto con plena disponibilidad y accesibilidad en el país. El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas reportó que hace dos años una familia necesitaba ganar 63 salarios mínimos para comprar los alimentos básicos. Después de las proyecciones en el incremento de la inflación, y de que el Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros revelara que la canasta alimentaria familiar superara los 200 millones de bolívares, se necesitan cerca de 220 salarios mínimos para alimentar a una familia de cinco personas. La paga mensual no da ni para comer, literalmente.

Una de las principales consecuencias de este nivel de pobreza es la emigración a otros países. De hecho, entre 2015 y 2017 hubo casi 70.000 venezolanos que salieron del país para sobrevivir en la Argentina. El resto de países de Sudamérica también reciben de manera asidua emigrantes venezolanos. Además, las peticiones de asilo en Estados Unidos crecieron exponencialmente, y entre 2016 y 2017 superaron a China y a México, según datos del Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS). El turismo cayó, la tasa de homicidios aumentó, el desempleo va a derrumbarse según las proyecciones del FMI…
La resistencia en semejantes condiciones es insostenible. Encovi, la Encuesta sobre Condiciones de Vida, reveló que 6 de cada 10 venezolanos admitieron haber perdido un promedio de 11 kilos el año pasado por no poder acceder a los alimentos.
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