Una polémica iniciativa del gobierno chino busca monitorear los cambios emocionales en empleados de una línea de producción, elementos de las fuerzas militares y hasta de maquinistas de trenes de alta velocidad, con el objetivo de poder recopilar datos directamente desde el cerebro de sus ciudadanos mediante el uso de una tecnología que permite leer la mente.

Si bien el proyecto parece inspirado en un episodio de la serie de culto "Black Mirror" de Netflix, la estrategia forma parte de una plan mucho más generalizado impulsado por el gobierno comunista para poder mantener el status quo y seguir alimentando el crecimiento sostenido de una nación que se perfila a ser una potencia imparable.

Según consigna el periódico South China Morning Posttrabajadores de firmas como  Hangzhou Zhongheng Electric se encuentran entre los "conejillos de Indias" que ya han comenzado a utilizar las gorras que monitorean sus ondas cerebrales.

Los datos obtenidos le permiten al management, entre otras cosas, ajustar el ritmo de producción y rediseñar los flujos de trabajo. La compañía asegura que ahora tiene la capacidad de mejorar la eficiencia a nivel general, al poder manipular la frecuencia y duración de los recesos y de esta manera lograr reducir el estrés mental que sufre hoy gran parte de la mano de obra responsable del boom económico que atraviesa el gigante oriental.

Uno de los principales centros de investigación y desarrollo de dicha tecnología en China es Neuro Cap, un proyecto de vigilancia cerebral financiado por el gobierno que tiene como sede a la universidad de Ningbo. El programa ya ha sido implementado en más de una docena de fábricas y negocios.

Jin Jia, profesor de ciencia cerebral y psicología cognitiva de la escuela de negocios de la universidad de Ningbo aseguró que un empleado excesivamente emocional en un puesto clave puede afectar a toda una línea de producción, lo que es capaz de poner en riesgo su seguridad y la de otros.

"Cuando el sistema emite un alerta, el manager procede a solicitarle al empleado que se tome un día libre o lo transfieren a una posición menos crítica. Algunos trabajos requieren de alta concentración y no dan lugar a equivocarse" agregó el catedrático.

Hangzhou Zhongheng Electric es sólo uno de los tantos ejemplos de aplicación a gran escala de los dispositivos de vigilancia cerebral que permiten monitorear  las emociones de las personas y otras actividades mentales que tienen lugar dentro de los espacios de trabajo.

Ocultos dentro de cascos de seguridad o los sombreros utilizados por militares, los sensores sin cables y de bajo peso monitorean de forma constante las ondas cerebrales de sus usuarios, a la vez que envían en tiempo real a las computadoras equipadas con tecnología de inteligencia artificial, los datos recopilados para que sus algoritmos detecten picos emocionales como aquellos asociados a la ansiedad, la depresión o la ira.

La tecnología es usada a nivel masivo alrededor del mundo pero China es el primer país en aplicarla a semejante escala dentro de ámbitos fabriles, las redes de transporte público, compañías de propiedad estatal y las fuerzas militares, con el supuesto objetivo de mejorar la competitividad de su industria manufacturera y mantener la estabilidad social.

El South China Morning Post asegura que sistemas similares se encuentran en funcionamiento en la planta eléctrica estatal de Zhejiang Electric Power en Hangzhou, donde oficiales de la compañía aseguran que su "programa de vigilancia emocional" ayudó a aumentar los ingresos en unos USD 315 millones. "No existen dudas acerca de sus efectos" aseguró Cheng Jingzhou, uno de sus representantes, aunque no dio mayores detalles acerca de cómo lograron alcanzar dicho crecimiento.

Por su parte, Zhao Binjian, un manager de Ningbo Shenyang Logistics consultado por el periódico chino, aseguró que la empresa usa la tecnología principalmente con fines de entrenamiento. Los sensores cerebrales son integrados a cascos de realidad virtual para simular distintos escenarios dentro del ámbito de trabajo.

"Ha reducido significativamente el número de errores que cometen nuestros trabajadores" comentó Zhao.

Pero el controvertido avance también ha generado cuestionamientos sobre la necesidad de su regulación para evitar abusos en el lugar de trabajo. Expertos aseguran que, en un principio, muchos empleados desconfiaban de los dispositivos dado que pensaban que podían ser usados para leer su mente.

"Al comienzo generaron cierta resistencia, pero luego de un tiempo se acostumbraron y lo terminaron usando todos los días" explicó Jin. Hasta el momento no existe ningún tipo de legislación en China que regule a los mencionados experimentos.

Preocupaciones acerca de la posible comercialización de "datos mentales" tras el estallido del escándalo de Cambridge Analytica y Facebook seguramente harán que China se convierta en un caso de estudio del cual se podrá aprender de los errores cometidos por estos polémicos precursores.

"La mente humana no debería ser explotada para sacarle una ganancia" concluyó Jin.