
Ocurrió en marzo de 2017 en un suburbio en Reikjavik, capital de Islandia. Un hombre hizo unos cuantos disparos al aire para probar que el arma que había reparado funcionaba correctamente.
Lo que pareció un acto algo intrascendente generó conmoción: la policía llegó al lugar, la comunidad empezó a especular si alguien había resultado herido y los medios de comunicación no tardaron en llegar.
Se habían escuchado disparos pero nadie encontró heridos. Para la sociedad islandesa fue conmocionante lo que había sucedido.
Al día siguiente, el hombre dio la cara en los medios y se disculpó. Las autoridades le quitaron la pistola, junto con otras que tenía, y le sacaron el permiso de portar armas, informó el portal Grapevine.

El poseer armas en Islandia, contrario a lo que se pueda pensar, no es algo extraño. Según las estadísticas oficiales, de una población total de 330.000 personas, unas 90 mil tienen armas.
En Estados Unidos hay muchas más armas que en Islandia -según registros oficiales hay más 300 millones registradas-, pero la proporción de hogares con armas es similar: alrededor de un tercio del total.
Sin embargo, a diferencia de Estados Unidos, Islandia tiene una de las tasas de crímenes -incluidos asesinatos con armas de fuego- más bajas en el mundo.
Según un estudio de las Naciones Unidas, entre el 2005 y el 2012, 0% de las muertes violentas en Islandia fueron cometidas con armas de fuego. En contraste, en el mismo periodo, en Estados Unidos el porcentaje fue entre el 58 y 61%.

Una de las explicaciones del por qué el número de muertes violentas con armas de fuego es mucho mayor en Estados Unidos, tiene que ver con la forma como se dan los permisos de armas.
"No sabemos exactamente por qué el crimen es tan bajo. ¿Puede ser porque es muy difícil obtener una licencia de arma?", especula Jónas Hafsteinsson, quien trabaja en el departamento que otorga las licencias en Islandia.
Para poder obtener un arma y una licencia para cazar, el islandés tiene que cumplir ciertos requisitos y con la documentación requerida por la Policía, la magistratura y el agencia ambiental.
Además, la persona que quiera obtener la licencia no puede tener ningún registro criminal. También necesitan ser evaluados por un médico que dirá si no tiene problemas de salud mental o problemas de vista.
Y, por si fuera poco, necesitan comprar y leer dos libros, asistir a un taller que dura tres días y aprobar el examen con un puntaje mínimo del 75% que trata, entre otros temas, sobre los cuidados de tener un arma. Por último, hay una examen práctico en el que se prueba si la persona sabe utilizar el arma.

Una vez que obtiene la licencia, la persona necesita probar que tiene una caja fuerte donde guardar el arma y otra diferente donde guardar la munición.
"En Islandia las armas son para cuestiones prácticas como cazar y no para protegernos. Para eso tenemos a la Policía", dice Árni Leósson, un hombre aficionado a la caza, a Grapevine.
En Islandia ni siquiera la policía acostumbra a cargar con armas. Y cuando lo hace, como ocurrió durante un maratón en 2017, los ciudadanos se sienten incómodos al verlas en público.
En la cultura de Islandia las armas no están vistas para la defensa personal. Para muchos resultan inimaginable que éstas se utilicen para apuntar a otro ser humano. Su uso, básicamente, es práctico: para cazar animales y para deportes de tiro.
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