Los testimonios de los refugiados muestran que nada cambió, al menos para bien, en Corea del Norte desde que asumió “el gran sucesor” Kim Jong-un. (Ilustración de Rodrigo Acevedo Musto)
Los testimonios de los refugiados muestran que nada cambió, al menos para bien, en Corea del Norte desde que asumió “el gran sucesor” Kim Jong-un. (Ilustración de Rodrigo Acevedo Musto)

El 19 de diciembre de 2011 Kim Jong-un asumió el poder en Corea del Norte. Era joven —un Millennial— y se había educado en el exterior. Algunos ciudadanos soñaron con un cambio. Pero ese mismo día la propaganda oficial lo llamó "el gran sucesor" de la dinastía y eso ha probado ser, según los dramáticos testimonios de distintos refugiados que The Washington Post reunió en una investigación especial de seis meses.

De Corea del Sur a Tailandia, en hoteles paupérrimos y en apartamentos estrechos, de todas las condiciones sociales y las edades, estos 25 refugiados contaron sus historias sobre lo que cambió y lo que persistió en fronteras adentro desde la muerte de Kim Jong-il.

Distintos grupos que ayudan en los escapes —como Corea del Norte Sin Cadenas, Woorion y Libertad en Corea del Norte— presentaron los casos al periódico. La periodista Anna Fifield advirtió que, dada la naturaleza secreta del régimen de Pyongyang, las historias no se pudieron verificar, pero la suma de las experiencias describe un conjunto coherente.

"Pintan un cuadro de un país que alguna vez fue comunista y colapsó, con su economía estatista en punto muerto", escribió. "Hoy los norcoreanos se abren sus propios caminos, obtienen ingresos mediante emprendimientos con frecuencia ilegales". Y Kim es "tan brutal como su padre y su abuelo", ha "sellado el país más que nunca" y "aumentó los castigos" para quienes intentan escapar.

El dinero manda
En teoría el estado socialista lo provee todo. En la práctica, los empleos públicos están muy mal pagos y la economía real es en negro y surgió de la necesidad. El mercado va desde la venta de tofu casero hasta la de metanfetamina, desde sobornos hasta música pop surcoreana.

El estudiante universitario (37 años, escapó en 2013)
Nadie espera que el gobierno le brinde nada. Todo el mundo tiene que encontrar su propio modo de sobrevivir.

El comerciante de frijoles (23 años, escapó en 2014)
Tenía una tía en Pyongyang que vendía los frijoles en el mercado allí. Yo les compraba a distintos campesinos lo que ella necesitaba. Le pagaba a personas que los embolsaban, a los maleteros para que los llevaran a la estación y los subieran al tren. Hay que aceitar el recorrido con dinero. Mi tío es militar, así que su posición protegía el negocio de mi tía. Desde luego, mi tía traía el ingreso principal a la casa. En Corea del Norte las mujeres son las que realmente ganan dinero.

El obrero de la construcción (40 años, escapó en 2015)
Decenas de miles de norcoreanos trabajan en el extranjero; Pyongyang retiene dos terceras partes de sus salarios y les deja el resto.
Quería ganar dinero para mi familia y comprar una casa, así que pagué USD 100 en sobornos para conseguir un trabajo en el extranjero. Me enviaron a San Petersburgo. Vivíamos en la obra y trabajábamos de 8 de la mañana a 8 de la noche, y en el verano a veces hasta la medianoche, y comíamos en los dormitorios. Trabajábamos siete días a la semana, pero los domingos terminábamos antes, a las 7 de la tarde, y eso era agradable. Mi objetivo era ganar muchísimo dinero y volver orgulloso de mi logro. Todavía recuerdo la primera vez que me pagaron. Fueron 100 rublos [USD 1,77]. Cuando terminé de trabajar a las 10 de la noche fui a la tienda y vi que una botella de cerveza salía 27 rublos. Pensé: "Caramba, soy rico".

El traficante de drogas (46 años, escapó en 2014)
Hice tantas cosas que no se podían hacer… Trabajé como broker transfiriendo dinero y conectando por teléfono a gente de Corea del Norte con gente de Corea del Sur. Les arreglé reuniones en China. Saqué antigüedades norcoreanas de contrabando y las vendí en China. Vendí ginseng y faisanes a China. Y trafiqué cristal (metanfetamina). Oficialmente yo era un operario industrial, pero pagué sobornos para liberarme del trabajo. Si uno no opera así en Corea del Norte, no tiene nada.

El traficante de cristal (metanfetamina) solía recibír en su casa a miembros de la seguridad que consumían la droga sin pagar a cambio de protección. (Ilustración de Rodrigo Acevedo Musto)
El traficante de cristal (metanfetamina) solía recibír en su casa a miembros de la seguridad que consumían la droga sin pagar a cambio de protección. (Ilustración de Rodrigo Acevedo Musto)

El médico (42 años, escapó en 2014)
El salario de los médicos era de unos 3.500 won (USD 3,28) por mes. Eso era menos que lo que cuesta comprar un kilo de arroz. Mi trabajo principal era contrabandear de noche. Enviaba hierbas medicinales a China y con el dinero importaba electrodomésticos a Corea del Norte. Arroceras, NoTels [lectores multimedia, mezcla de laptop y televisor], monitores LCD, esas cosas.

El campesino (46 años, escapó en 2014)
Técnicamente no hay que pagar para ir a la escuela, pero los maestros dicen que hay que llevar una cierta cantidad de frijoles o pieles de conejo que se puedan vender. Si uno no lo acepta, lo posponen continuamente. Por eso los estudiantes dejan de ir a clases. Los niños sufren porque los padres no tienen recursos.

La joven madre (29 años, escapó en 2014)
Solía pagarles a los maestros en la escuela de mi hija para que la cuidaran mejor que a los demás. Les daba 120.000 won (USD 120,50) cada vez dos veces por año. Si uno no les paga a los maestros, no harán esfuerzo.

El pescador (45 años, escapó en 2017)
Viví bajo los tres Kim, pero nuestra vida no mejoró. Teníamos que pagar los proyectos de Kim Jong-un, como la calle Ryomyong (un área residencial de Pyongyang). Debimos pagar al gobierno  15.000 won por cada hogar (más de cuatro meses de salario) por esa calle.

El traficante de drogas
Mi negocio principal era vender cristal. Creo que el 70% o el 80% de los adultos en mi ciudad consumían cristal. Mis clientes eran personas comunes. Policías, agentes de seguridad, miembros del partido, maestros, médicos. El cristal era un regalo realmente bueno para fiestas de cumpleaños o para graduaciones del secundario. Mi abuela de 76 años lo usaba porque tenía baja presión y le servía. Muchos policías y agentes de seguridad venían a fumar a mi casa, y por supuesto no les cobraba: ellos eran mi protección. El jefe de la policía secreta de mi zona prácticamente vivía en mi casa.

El obrero de la construcción
Durante largos periodos no nos pagaban. Una vez pasé seis meses sin recibir salario alguno. Vivíamos en un container en la obra. Nos daban arroz y col y un huevo por persona por día. Necesitábamos proteína porque nuestro trabajo era muy duro, así que empezamos a comprar cuero de cerdo en el mercado porque era barato.

El muchacho rico (20 años, escapó en 2014)
Los celulares son algo importante. Para poder comprar un smartphone, uno tiene que venir de una familia rica. Desde luego, en mi escuela había algunos chicos pobres, pero yo no andaba con ellos. Tenía un smartphone Arirang que costó USD 400. Cuando los chicos se acercaban para hablarme, me fijaba en sus teléfonos. Si tenían uno viejo, con botones, no me interesaban.

El técnico telefónico (49 años, escapó en 2013)
Miraba un montón de películas y novelas [de contrabando] en memorias. Las conectaba a mi televisor. Los vendedores de cosas comunes, como baterías o arroz, esconden las memorias bajo el mostrador. Cuando uno va al mercado les dice "¿Tiene algo delicioso hoy?". Ese es el código.

El adolescente detenido (22 años, escapó en 2013)
Tenía ocho años cuando comencé a mirar películas extranjeras. Siempre me gustaban los dramas románticos surcoreanos como Mi bella dama. Me encantaba la manera en que acariciaban a las mujeres. Corea del Norte es una sociedad muy patriarcal, a los hombres no les importa cuidar a las mujeres. Y me gustaba mirar sus autos y sus casas de lujo.

Represión y desilusión

"No se puede exagerar la omnipresencia del culto a la personalidad que rodea a los Kim en Corea del Norte", escribió Fifield. "El fundador Kim Il-sung, su hijo Kim Jong-il y su nieto, el actuar líder Kim Jong-un, forman una especie de santísima trinidad". Criticarlos, advirtió, pone en peligro la vida.

El niño pequeño (7 años, escapó en 2014)
Aprendí canciones sobre el general y sobre la familia Kim y sobre lo grande que fue Kim Il-sung.

La niña de primaria (7 años, escapó en 2017)
El día del cumpleaños de Kim Jong-un recibíamos regalos: dulces y galletas y chicle y arroz inflado. Me sentía muy agradecida porque me diera todos esos dulces. En la clase nos poníamos de pie y decíamos: "Gracias, general Kim Jong-un".

Los salarios en Corea del Norte son prácticamente simbólicos, y además pueden retrasarse durante meses. El estado exporta trabajadores para ganar divisas. (Ilustración de Rodrigo Acevedo Musto)
Los salarios en Corea del Norte son prácticamente simbólicos, y además pueden retrasarse durante meses. El estado exporta trabajadores para ganar divisas. (Ilustración de Rodrigo Acevedo Musto)

El estudiante universitario
Todos los días teníamos clases de educación ideológica durante 90 minutos. Había historia revolucionaria, lecciones sobre Kim Il-sung, Kim Jong-il, Kim Jong-un. Desde luego, nos enseñaban por qué necesitábamos armas nucleares, y nos decían que teníamos que hacer sacrificios en nuestras vidas cotidianas para que pudieran producir esas armas y proteger nuestro país. Me hartaba escuchar toda esta historia revolucionaria, me hartaba llamar a todo el mundo "camarada".

La joven madre
Todo el mundo sabía que Kim Jong-il y Kim Jong-un eran un par de mentirosos, que todo era su culpa, pero era imposible expresar cualquier oposición porque vivíamos en una vigilancia estrecha. Si alguien está borracho y dice que Kim Jong-un es un hijo de puta, no lo volverás a ver.

El médico
Es como una religión. Desde que uno nace aprende sobre la familia Kim: que son dioses, que hay que ser completamente obedientes a ella. A las élites se las trata bien, y por eso se aseguran de que el sistema permanezca estable. Pero para todos los demás es un reino de terror. La familia Kim emplea el terror para que mantener a la gente con miedo, y eso hace imposible la preparación de cualquier reunión social, mucho menos de un levantamiento.

La joven madre
El eje de la vigilancia es el departamento de Seguridad del Estado, llamado Bowibu, cuyos agentes operan con impunidad. También existe un sistema de vigilancia barrial, cuyas unidades se ocupan de 30 o 40 hogares cada una.
La gente de cada asociación de vecinos barrial se controla mutuamente. Si parece que una familia vive mejor que las demás, entonces todos los vecinos tratan de averiguar cómo están ganando dinero. Todo el mundo está sensible. No hay que pedirle a nadie que hunda a esa familia con recursos. Cuando uno ve que una familia pierde la casa, se siente bien. Por eso es tan importante no jactarse de cuánto tiene uno.

El campesino
Desde luego que pensaba en el mundo exterior, pero si uno dice "Quiero ir a China o a Corea del Sur", un informante lo puede denunciar a los servicios de seguridad. Uno lo puede pensar pero no lo puede decir. Nunca se sabe quién puede delatar.

El adolescente detenido
Cuando tenía 16 años vivía en la casa de mi abuela, y tarde una noche hubo golpes fuertes en la puerta. Dos oficiales de la policía secreta me llevaron a la central y me preguntaron dónde estaban mis padres. Les dije que no sabía. Resultó que habían desaparecido. Sospeché que los socios de mi madre, cuando se dieron cuenta, le echaron la culpa de un montón de cosas, dijeron que era el cerebro detrás de esta gran operación de contrabando.

El técnico telefónico
La primera vez que fui a la cárcel me habían atrapado mientras ayudaba a que la gente hiciera llamadas a Corea del Sur. Me condenaron a cuatro meses de trabajos forzados, construyendo un camino en la ladera de una montaña que decían que necesitaríamos en caso de guerra.

El adolescente detenido
Los refugiados que pasaron por las cárceles han relatado innumerables veces un trato brutal, "incluidas torturas medievales", describió The Washington Post. También existe la ejecución, y es un espectáculo público.
La policía secreta me volvió a interrogar. Querían saber sobre los negocios de mi madre. Me golpearon la cara otra vez. Siempre se lanzan a la cara. Esa vez me golpearon gravemente. Me empujaron contra la pared con tanta fuerza que me salió sangre de la cabeza. Me hicieron sentar con las piernas cruzadas y los brazos sobre las rodillas. Si uno se mueve o trata de estirar las piernas, le gritan y lo golpean. Tuve que quedarme así durante horas.

El traficante de drogas 
Si uno es problemático, castigan a toda la familia. Por eso la gente no quiere hacer lío. Si me castigan por algo que hice mal, es una cosa. Pero mi familia entera está en riesgo si hago algo. Los norcoreanos vimos que Kim Jong-un mató a su propio tío, así que comprendemos hasta qué punto es despiadado. Por eso no puede haber un levantamiento en Corea del Norte.

El estudiante universitario 
El secreto de la supervivencia de Corea del Norte es el reino del terror. ¿Por qué piensan que hay ejecuciones públicas? ¿Por qué creen que bloquean todas las comunicaciones? ¿Por qué piensan que los norcoreanos se van, sabiendo que nunca volverán a ver a sus familias? Nos han quitado todos nuestros derechos como personas.

El técnico telefónico 
Si uno habla en contra del sistema, lo arrestan de inmediato. Y si hace algo malo, castigan a tres generaciones de su familia. Hay miedo. Por eso en lugar de tratar de hacer algo para cambiar el sistema, es mejor simplemente irse. Alguna gente se va, pero no mucha. Es increíblemente peligroso y logísticamente difícil pasar la guardia fronteriza y el alambre de púa.

El comerciante de frijoles 
Quería progresar en la vida, quería ir a la universidad, pero como mi madre había desertado a China, parecía que yo no podría llegar más lejos. Que iba a estar atrapado en Corea del Norte en la misma posición. Sentía que no tenía futuro. Por eso decidí marcharme.

El obrero de la construcción 
Trabajé durante tres años y medio y sólo gané USD 2.000. Nos permitían trabajar en el extranjero hasta un máximo de cinco años, y yo esperaba ahorrar USD 10.000. Me di cuenta de que no iba a suceder, así que comencé a buscar la oportunidad de escapar.

El estudiante universitario
Estaba muy enojado con el sistema. No tenía la libertad de decir lo que quisiera, o viajar donde quisiera, ni siquiera usar la ropa que quisiera. Era como vivir en un cárcel. Todo el tiempo nos monitoreaban los vecinos, la policía común, la policía secreta. Si me preguntan qué es lo peor de Corea del Norte, diría: nacer allí.

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