Un video grabado en las calles de Manila desmintió prácticamente todos los datos de un reporte policial que detalla las circunstancias en las que murieron tres personas: no fue un operativo encubierto, los acusados no estaban vendiendo drogas y no estaban armados, pero igual fueron acribillados en medio de la guerra contra las drogas declarada por el presidente Rodrigo Duterte.
Los policías llegaron el 11 de octubre a una calle del Distrito 19 de la capital, donde varios vecinos conversaban y había niños alrededor. Aunque Rolando Campo, de 60 años, aparece en una actitud casual, el informe oficial aseguró que estaba vendiendo drogas a un policía encubierto, quien dio la señal para que lleguen los refuerzos.
Más de una decena de agentes irrumpen en el lugar, ordenando a todos que salgan. No quedó nadie como posible testigo, aunque las cámaras grababan toda la escena.
Según la policía, Campo "sintió la presencia de los oficiales" y llamó a dos "socios", Sherwin Bitas (de 34) y Ronnie Cerbito (de 18) para un enfrentamiento, al que la fuerza respondió fatalmente. La grabación no muestra ninguna resistencia a los agentes.
En un momento, los policías observan los techos para asegurarse de que nadie esté mirando lo que sucede, sin percatarse de las cámaras. Recién después de la muerte de las tres víctimas es que un agente desvía uno de los dispositivos.

Arlene Gibaga, esposa de Bitas, negó que su familia esté vinculada con el narcotráfico. "No tenemos dinero para armas", aseguró. Según relató, la policía le exigió el documento de Bitas para probar su identidad, y una vez corroborada, el oficial dio la orden. "¡Positivo, positivo!", gritó, por lo que sus compañeros acribillaron a los tres civiles.
La policía, además, aseguró que las tres personas fueron llevadas "de urgencia" al hospital, pero la cámara reveló que pasaron 25 minutos hasta que fueron trasladadas. Según los testigos contactados por Reuters, se trata de una forma de modificar la escena del crimen para que ninguna pericia pueda determinar las ejecuciones.
Consultada sobre el operativo, el comandante de la estación a cargo, Santiago Pascual, aseguró que "fue legítimo" y desestimó las versiones que apuntan contra la policía como "falsas e infundadas".

Más de 3.900 sospechosos han sido abatidos de esta forma por la policía desde que Duterte lanzara la campaña al llegar al poder el 30 de junio de 2016, aunque el número total de muertos se calcula que es superior a 7.000, si se suman las muertes atribuidas a particulares y a patrullas vecinales.
Este lunes, el mandatario reconoció que ha habido víctimas mortales, pero las atribuyó al destino. "Es cierto que hay muertes. Algunos realmente murieron. Es el destino", afirmó en su participación en un foro sobre lucha contra la corrupción.
(Con información de Reuters y EFE)
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