
Mélenchon, adepto de los discursos sin pelos en la lengua, no deja a nadie indiferente. Populista de izquierda para sus adversarios, defensor del pueblo contra la oligarquía para sus seguidores, este nieto de españoles nacido en Tánger (Marruecos), se lanzó a la carrera por el Elíseo con el lema "Francia insumisa".
Los sondeos lo ubican actualmente en tercera posición con 20% de intención de voto, empatado con el candidato de la derecha François Fillon, pero detrás de la dirigente de extrema derecha Marine Le Pen (22%) y el independiente socioliberal Emmanuel Macron (23%).
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Filósofo de formación, admirador de Hugo Chávez y del partido español Podemos, Mélenchon fue miembro del Partido Socialista, el gran partido de izquierda francés, durante 30 años, antes de marcharse dando un portazo.
El "Chávez francés", como lo llamó el diario conservador Le Figaro, consideraba al difunto presidente venezolano como "la punta de lanza" de un proceso que abrió en América Latina "un nuevo ciclo para nuestro siglo, el de la victoria de las revoluciones ciudadanas".
Con 65 años, no ha perdido ni un ápice de su radicalidad, pero ha incorporado a su discurso un toque de humor, dejando de lado sus conocidos estallidos de cólera. "Ahora soy más un filósofo, menos impetuoso. La conflictividad tiene sus límites", explica.
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Crítico incansable de la Europa "liberal", Mélenchon aboga por una ruptura con los tratados europeos y se refiere en duros términos a la Alemania conservadora de Angela Merkel, a quien compara con el canciller imperial Bismarck.

Quiere sacar a Francia de la OTAN y romper con los tratados europeos. Propone además la integración de Francia a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), para "instaurar una política de desarrollo con América Latina y Caribe" a través de sus territorios de ultramar.
La elocuencia de este veterano de la política francesa, que vista chaquetas de cuello Mao, lo ha convertido en una estrella de internet, con cerca de 300.000 suscriptores en su canal YouTube y más de un millón de seguidores en Twitter.
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Para él, internet es una manera de propagar sus ideas sin tener que pasar por el filtro de los medios, con los que mantiene relaciones complicadas.
En los mítines públicos, este orador de talento cautiva a su auditorio con largos discursos sin necesidad de leer notas. Causó furor al organizar un doble mitin en directo, uno en Lyon (centro), donde estaba físicamente, y otro en París, donde apareció en forma de holograma.
"Inventó el 'stand-up' político, se ha convertido en un showman. Ese estilo le permite evitar sus ataques de cólera. Intenta ser pedagogo, es como un viejo profesor que da clases sobre el mundo y sus cambios", analiza uno de sus antiguos compañeros del PS.
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Después de pasar por el militantismo estudiantil, Jean-Luc Mélenchon, de tendencia trotskista, se unió al Partido Socialista a los 25 años. Fue senador por Essonne, un suburbio parisino, antes de convertirse en ministro delegado de Enseñanza Superior (2000-2002).
"Mitterrandista" convencido, "jospinista" fiel, Mélenchon denunció con vehemencia la deriva liberal del PS bajo los auspicios de Ségolène Royal y, siguiendo el ejemplo del exministro de Economía alemán Oskar Lafontaine, fundó el Partido de Izquierda.
Abandonó a los socialistas en 2008 y creó su propio movimiento, el Partido de Izquierda. Selló una alianza con los comunistas y obtuvo el 11,1% de votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2012. Pero fracasó en las legislativas, en las que se enfrentó cara a cara en sus tierras del norte de Francia con su enemiga número uno, la líder de la extrema derecha Marine Le Pen, con quien se disputa el electorado popular y obrero.
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Si en 2012 se dirigía esencialmente a la izquierda, cinco años más tarde asegura defender un programa que aglutine a todo el país para acabar con lo que él define como "la monarquía republicana" e instaurar un sistema parlamentario más representativo.
Con información de AFP y EFE
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