
La escuela Nº1231, en pleno centro de Moscú, es un colegio más de los miles de la capital rusa. Pública, gratuita y obligatoria, ofrece las materias habituales a los niños de entre 7 y 17 años.
Álgebra, matemáticas, ruso, inglés, historia y geografía…Pero esta escuela tiene un grupo muy especial, que cursa tres horas más al día. Un grupo que aprende a montar y desmontar un fusil de asalto, que aprende tácticas de combate cuerpo a cuerpo, que ya sabe disparar un arma.
Este grupo de jóvenes cadetes está siguiendo el novedoso programa que para este tipo de grupos han pensado el Ministerio de Defensa y el de Educación, en un afán de llevar la enseñanza militar a centros públicos, alejados de los lugares de reclutamiento.
Hasana Shamoshtan, directora del centro, explica a Infobae que "los niños entran en los grupos de cadetes por petición propia o de los padres, y después de pasar un examen médico que acredite que están sanos".

Sin duda, los niños que acceden a estos grupos han de estar sanos: además de tener 15 horas más de clase a la semana que el resto, su actividad física es frenética.
Aprenden a marchar de forma marcial, combates cuerpo a cuerpo como en judo -muy popular gracias a que el presidente ruso Vladimir Putin es un reconocido judoca- boxeo y pelea con cuchillo. Unos niños tienen más destreza que otros, eso se nota especialmente en el manejo de los fusiles Kalashnikov.
"Unos niños aprenden antes, otros más tarde, muchos de ellos en el futuro no trabajarán en algo relacionado con el ejército", dice Alexey Genadevich, un militar retirado y, desde hace un año, profesor en esta escuela de los grupos de cadetes. Sus materias: tiro, armamento ligero y formación patriótica.
El porcentaje femenino en el grupo de Alexey Genadevich es alto: la mitad del grupo son chicas que no se quedan atrás a la hora de montar o desmontar un fusil de asalto.
Tatiana, 14 años, es una de estas cadetes. Tomó ella, y no sus padres, la decisión de apuntarse a este grupo. "Quiero trabajar en el ejército, amo a mi patria", dice, antes de empezar una clase de tiro simulado con unos fusiles láser, sobre unas dianas de papel pegadas a la pizarra.

Para Alexander, de 15 años fue la influencia de su tío, militar, la clave para apuntarse en este grupo. "Decidí seguir sus pasos, quiero integrar las filas del FSB (Servicios Secretos de Rusia)".
Pero pese al patriotismo ardiente de alguno de sus estudiantes, Alexey Genadevich no cree que se trate de un tema sólo patriótico-militar: "No necesito que sean todos militares de élite, me conformo con que en el futuro estos chicos sean buenos ciudadanos, que entiendan y respeten el por qué es necesario un ejército".
Estos grupos de cadetes no son el único intento de acercar el mundo militar a las aulas rusas. Desde este pasado año, el Ministerio de Defensa ruso ha iniciado una campaña por las escuelas de todo el país, con unas charlas a los escolares llamadas "Hay una profesión llamada defender la Patria". Durante estos encuentros en las escuelas, los uniformados, veteranos y jóvenes, hablan a los escolares de cómo es la vida militar en los cuarteles rusos, les hablan de los salarios -que van de los 15 dólares al mes los dos primeros años de estudiante a los 1500 de los altos cargos- y tratan de seducir a los niños con las ventajas sociales y la vivienda gratuita.

Está claro que el Kremlin da prioridad a la enseñanza de los cadetes, con la vista puesta en un futuro ejército totalmente profesional en Rusia, que deje atrás el sistema de reclutamiento forzado, herencia de la Unión soviética, que rige todavía en Rusia.
Y es ese marco se encuadra la convención de cadetes, que reúne cada año, dentro del Kremlin, a 5000 niños cadetes, el futuro del ejército ruso, en un evento de desatado patriotismo, donde se mezclan los uniformes llenos de medallas de militares soviéticos con las risas nerviosas de niños de entre 8 y 18 años.
Para el año próximo, la escuela Nº1231 planea multiplicar por cuatro este tipo de grupos de cadetes. "El nivel de enseñanza es muy alto, estos estudiantes tendrán más posibilidades de tener un buen futuro" sentencia la directora del centro.

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